La pregunta apunta al relevo generacional y el desafío que enfrenta la agropecuaria: cada vez más jóvenes buscan estabilidad y oportunidades fuera del medio rural.

Fernando Sanabia Viscoski | Canelones | Todo El Campo | Después de escribir sobre el envejecimiento de la población rural, surge una pregunta que considero aún más importante: ¿por qué los jóvenes ya no eligen quedarse en la producción agropecuaria?

 No tengo una única respuesta. Tampoco creo que exista una explicación simple. Al contrario, es un tema que merece ser analizado entre productores, familias, instituciones, centros educativos y quienes diseñan las políticas públicas.

A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de trabajar como productor y, posteriormente, como técnico, recorriendo establecimientos frutihortícolas, apícolas, ganaderos, tamberos y avícolas. Hay una pregunta que casi siempre hago cuando llego a un predio: ¿hay relevo generacional?

La respuesta, lamentablemente, se repite una y otra vez.

“Mi hijo no quiere saber nada del campo”.

“Está estudiando otra cosa”.

“Consiguió trabajo en la ciudad”.

“Nunca le gustó este trabajo”.

Son respuestas que ya no sorprenden, pero sí deberían preocuparnos.

Muchas veces se escucha decir que los jóvenes no quieren trabajar. Personalmente, no comparto esa afirmación. Creo que los jóvenes sí quieren trabajar, pero buscan un proyecto de vida que les permita crecer, tener estabilidad, tiempo para su familia y una remuneración acorde al esfuerzo realizado.

Y aquí aparece una realidad que muchos productores conocen muy bien.

Durante años, numerosos hijos vieron a sus padres trabajar de sol a sol, sin horarios, sin fines de semana, sin licencia y con una enorme incertidumbre sobre el resultado económico de cada zafra. Vieron cómo una helada, una sequía, una tormenta o la caída de los precios podían borrar en pocos días el trabajo de todo un año.

Es comprensible que muchos se pregunten si quieren vivir esa misma realidad.

A esto se suma otro aspecto importante. Décadas atrás era común que el hijo continuara la actividad familiar casi por obligación. Hoy, afortunadamente, los jóvenes tienen mayor libertad para elegir su camino. Estudian, conocen otras oportunidades y comparan distintas formas de vida antes de decidir.

Y, cuando comparan, muchas veces encuentran fuera del campo aquello que dentro del establecimiento familiar no pueden obtener: un ingreso fijo, horarios definidos, vacaciones, seguridad laboral y posibilidades de crecimiento profesional.

Esto no significa que el campo no tenga futuro.

Por el contrario, estoy convencido de que ofrece enormes oportunidades. La producción de alimentos seguirá siendo una actividad estratégica para Uruguay y para el mundo. La incorporación de tecnología, la mecanización, el riego, la agricultura de precisión, la automatización y las nuevas formas de comercialización pueden hacer que el trabajo rural sea cada vez más eficiente y atractivo.

Sin embargo, la tecnología por sí sola no resolverá el problema.

Si un joven no puede visualizar un futuro económicamente sostenible, difícilmente decida quedarse, aunque disponga de la mejor maquinaria o de los sistemas más modernos de producción.

Quizás debamos empezar a preguntarnos qué condiciones necesita un joven para elegir quedarse en el campo. ¿Es suficiente con que exista una empresa familiar? ¿Puede esa empresa ofrecer un ingreso digno? ¿Hay acceso a vivienda, conectividad, capacitación y posibilidades reales de desarrollo? ¿Estamos formando jóvenes para ser empleados o también para convertirse en empresarios rurales?

Son preguntas que todavía no tienen una respuesta única.

También creo que este desafío no puede recaer únicamente sobre las familias productoras. Requiere una mirada de largo plazo en la que participen el Estado, las instituciones educativas, las organizaciones de productores y el sector privado. Si realmente queremos asegurar el relevo generacional, será necesario crear condiciones para que emprender en el medio rural vuelva a ser una opción atractiva y no un sacrificio que pocos estén dispuestos a asumir.

El despoblamiento rural no ocurre de un día para otro. Es un proceso lento, silencioso y muchas veces invisible. Pero cada joven que decide irse representa una oportunidad que el campo pierde y que el país difícilmente recupere.

No escribo estas líneas para cuestionar la decisión de quienes eligieron otro camino. Cada joven tiene derecho a construir el futuro que considere mejor para su vida.

Las escribo porque creo que Uruguay debe preguntarse por qué tantos jóvenes ya no ven en la producción agropecuaria un proyecto de vida posible. Y porque estoy convencido de que, si logramos responder esa pregunta con seriedad, todavía estamos a tiempo de construir un campo donde las nuevas generaciones quieran quedarse, innovar y seguir produciendo los alimentos que el país necesita.

EL AUTOR. Fernando Sanabia Viscoski es licenciado en Gestión Agropecuaria, posgrado en Agronegocios, productor agropecuario. Imagen de portada generada por inteligencia artificial.

Pin It on Pinterest

Compartir

Comparte este contenido en tus redes sociales!