“El uso inadecuado de antimicrobianos puede favorecer la aparición de bacterias resistentes, con impacto en la salud animal, humana y ambiental. Un desafío para la producción ganadera con efectos sanitarios que también alcanzan la producción y el comercio”.
Montevideo | Todo El Campo | ¿Qué pasa cuando un antibiótico deja de funcionar?, se pregunta el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en un posteo en su cuenta de Instagram, abordando uno de los desafíos sanitarios más graves de estos tiempos.
“El uso inadecuado de antimicrobianos puede favorecer la aparición de bacterias resistentes, con impacto en la salud animal, humana y ambiental. Un desafío para la producción ganadera con efectos sanitarios que también alcanzan la producción y el comercio”, agrega.
Además, INIA divulgó el siguiente artículo respecto al tema.
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RESISTENCIA ANTIMICROBIANA EN URUGUAY: “ES UN TEMA PRIORITARIO EN EL QUE MEJORAR, AUNQUE NO ESTEMOS ENTRE LOS PEORES ESCENARIOS”
El uso inadecuado de antimicrobianos en la ganadería puede generar bacterias resistentes que se transmiten a las personas a través de los alimentos, el ambiente o el contacto directo, comprometiendo la eficacia de tratamientos médicos en animales y en humanos. Además, la diseminación de estas resistencias afecta los ecosistemas y puede generar pérdidas económicas, sanitarias y comerciales a nivel país. En este escenario, INIA organizó una Jornada de Actualización en Salud Animal en lechería, donde convocó a expertos para hablar sobre esta problemática, definida por la Organización Mundial de la Salud como una de las mayores amenazas de salud pública del siglo XXI.
Entre los referentes, la investigadora de la Plataforma de Salud Animal (PSA) de INIA, DCV. (PhD.) María Laura Casaux, estuvo a cargo de la charla “Resistencia antimicrobiana (RAM) en Uruguay”, donde dimensionó la problemática en el sector agropecuario uruguayo y se enfocó en las estrategias nacionales para anticipar, mitigar y revertir sus efectos.
La investigadora explicó que “la RAM es la capacidad de las bacterias para sobrevivir a antibióticos que antes eran eficaces para eliminarlas o inhibir su crecimiento” y es un fenómeno impulsado en gran medida por el uso excesivo o incorrecto de estos fármacos.
A nivel nacional, señaló que “tenemos que mejorar, pero no estamos entre los peores escenarios”. El país cuenta con sistemas de vigilancia relativamente sólidos y un enfoque activo impulsado desde el ámbito público, pero los datos muestran una tendencia creciente: las infecciones con mecanismos de resistencia fenotípica pasaron de 8,1% en 2020 a 14,5% en 2024, según el Informe Nacional de Vigilancia de Infecciones Asociadas a la Atención en Salud y resistencia antimicrobiana 2020-2024.

En el sector agropecuario, si bien la ganadería extensiva predominante en Uruguay ha contribuido a mantener las cifras relativamente controladas en comparación con países con producción más intensiva, se han detectado casos de bacterias resistentes, especialmente en sectores como la lechería y sistemas más intensivos. “Frente a esto, distintas instituciones han implementado estrategias de monitoreo, investigación y promoción del uso responsable de antimicrobianos para evitar que la situación se agrave”, señaló.
Consultada por las garantías que puede dar el sistema lechero uruguayo en materia de inocuidad de sus productos, dados los últimos casos de infracciones por presencia de residuos en otros rubros, Casaux fue clara. “Uruguay ofrece garantías sanitarias basadas en el cumplimiento de estándares internacionales, estrictos controles en la cadena láctea, una sólida trazabilidad y la aplicación de planes nacionales de vigilancia, posicionándose con un riesgo relativamente bajo tanto en la presencia de residuos, como en la diseminación de resistencia antimicrobiana”.
Aun así, señaló que hay desafíos para atender. El más inmediato es la pérdida de sensibilidad de patógenos claves, como los agentes causantes de la mastitis bovina, frente a tratamientos tradicionales, lo que deriva en herramientas terapéuticas cada vez más limitadas. A este se suman la contaminación cruzada ambiental, derivada de efluentes y estiércol con vectores de dispersión hacia fuentes de agua y suelos; y la presión de realizar transacciones económicas viables hacia modelos libres de antibióticos, lo que exige una inversión masiva en infraestructura de bienestar animal y planes vacunales robustos.
Sobre las prácticas que favorecen la aparición de resistencias, la investigadora señaló aquellas que priorizan el uso de antibióticos como sustituto de la higiene y el manejo ambiental. En este sentido, desde la PSA de INIA impulsan un enfoque que prioriza la reducción de enfermedades mediante buenas prácticas de manejo como una adecuada higiene y administración de calostro, bienestar animal y planes sanitarios de acuerdo con cada situación.
Casaux también fue enfática en la importancia de realizar diagnósticos antes de aplicar tratamientos para evitar el uso “a ciegas” de antibióticos y de utilizarlos únicamente bajo prescripción veterinaria. Destacó la necesidad de respetar dosis y tiempos de retiro, llevar registros de los tratamientos y fortalecer la capacitación del personal. “Estas medidas, junto con el monitoreo y la mejora continua del sistema productivo, permiten disminuir la dependencia de antimicrobianos y mitigar los impactos sanitarios, productivos y económicos asociados a la RAM”, subrayó.
En investigación, apuntó que actualmente la PSA de INIA trabaja en el relevamiento del uso de antibióticos, en la caracterización fenotípica, genómica y genotípica de aislamientos bacterianos para determinar perfiles de susceptibilidad antimicrobiana, y en la elaboración de informes de vigilancia epidemiológica basados en casos de campo. Además, gestiona iniciativas de cooperación para el relevamiento del uso de antibióticos y el monitoreo ambiental en predios lecheros.
Asimismo, el Instituto ha tenido un rol relevante en la construcción de la estrategia país para afrontar este tema. En 2024, contribuyó técnicamente al desarrollo del Plan Estratégico Nacional de Resistencia Antibiótica y del Plan de Acción Nacional contra la Resistencia Antimicrobiana (2024–2028). También participa y asiste técnicamente a representantes de Uruguay en el Global Leaders Group on Antimicrobial Resistance, promoviendo acciones políticas prioritarias para el acceso y uso responsable de los antimicrobianos. Sobre el cierre, la experta apuntó que “la resistencia antimicrobiana debe priorizarse en Uruguay no solo por su impacto productivo, sino porque constituye un problema integral bajo el enfoque de Una salud”. En este sentido, reiteró la importancia de abordarlo con una mirada integral, coordinada y basándose en evidencia científica, y concluyó que “priorizarlo en la agenda nacional implica proteger simultáneamente la salud pública, la producción agropecuaria y el ambiente”.

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