¿Por qué hay menos ovinos en el país líder mundial en lana?

Montevideo | Todo El Campo | Australia, tradicionalmente reconocida como el mayor productor de lana Merino y uno de los principales exportadores de carne ovina, atraviesa un proceso de reducción de su stock de ovejas. Tras alcanzar en 2023 el mayor número de cabezas desde 2007 -más de 78 millones-, el sector enfrenta un ajuste que está modificando la estructura productiva y el futuro de la industria.

La sobreoferta de animales fue el detonante. El crecimiento acelerado de las majadas, favorecido por buenas condiciones climáticas y reproductivas, generó un exceso de corderos en el mercado. El resultado fue una caída abrupta de los precios: el valor del cordero se desplomó hasta un 70% en algunos casos, situándose en torno a 0,87 dólares por kilo, niveles que hicieron inviable la rentabilidad para muchos productores.

Ante este escenario, la respuesta fue inmediata. Miles de ganaderos optaron por reducir sus majadas, regalando o sacrificando animales, y aumentando la faena a niveles históricos. Según proyecciones de Meat and Livestock Australia (MLA), el stock ovino bajará un 2,7% en 2025 y un 3,8% en 2026, estabilizándose en torno a 74 millones de cabezas. El ajuste busca devolver equilibrio al mercado y recuperar precios sostenibles.

La crisis no solo afecta a la carne. La lana, símbolo de la producción australiana, también enfrenta presiones. Con menos animales, la oferta de lana merino se reducirá, lo que podría impactar en los mercados internacionales. Australia concentra más del 80% de las exportaciones globales de lana fina, por lo que cualquier variación en su producción repercute directamente en la industria textil mundial.

Otro factor que incide en la reducción es la política de exportaciones. El gobierno australiano anunció que eliminará las exportaciones de ovinos en pie para 2028, una medida que busca responder a demandas sociales y de bienestar animal. Si bien la carne procesada seguirá siendo un rubro fuerte, la decisión obliga a los productores a replantear estrategias y ajustar el tamaño de sus majadas.

Las consecuencias sociales y regionales son evidentes. En comunidades rurales, donde la producción ovina es fuente principal de ingresos y empleo, la caída de precios y la reducción de stock generan incertidumbre. Muchos productores se ven obligados a diversificar hacia bovinos o cultivos, mientras otros apuestan por la eficiencia tecnológica para sostener la competitividad.

En el plano internacional, el ajuste australiano abre oportunidades para otros países productores. Uruguay y Nueva Zelanda, con tradición ovina y mercados consolidados, podrían ganar espacio en exportaciones de lana y carne. Sin embargo, la escala australiana sigue siendo difícil de igualar.

En síntesis, la disminución de ovinos en Australia no responde a una crisis de escasez, sino a un exceso que obligó a un ajuste drástico. El país busca equilibrar su producción para garantizar precios justos y sostenibilidad a largo plazo. El desafío será mantener su liderazgo mundial en lana y carne ovina, adaptándose a un mercado global cada vez más exigente y cambiante.

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