Científico chileno se refirió a uno de los problemas de la ciencia: que el conocimiento logrado sea transferido a la sociedad para que ésta la valore en su justo término.
Montevideo | Todo El Campo | En los últimos tiempos la ciencia ha ido perdiendo valor en la visión que las sociedades tienen de ella, sustituyendo muchos de sus principios básicos y fundamentales por una visión acorde a lo que cada uno quiere creer de sí mismo, del mundo y de los temas científicos-objetivos que tienen años y siglos de estudios e investigación acumulada, con conocimientos transmitidos, probados y mejorados permanentemente. Esa actitud de asumir como ciertos conocimientos y opinar sobre ellos sin tener idea de nada se llama ultracrepidarianismo, una palabra rara para definir una actitud que vemos todos los días y cada vez más frecuentemente.
Pero todos sabemos que no ha sido la religión, tampoco la superstición y mucho menos la magia la que ha mejorado la calidad de vida de las personas, sino una serie de avances científicos tecnológicos que tienen a la investigación por detrás. Los científicos y la ciencia en la que trabajan son todo lo contrario al ultracrepidarianismo, y detrás de cada avance (una vacuna, por ejemplo) está el conocimiento de quienes se han dedicado a estudiar con seriedad y fundamento.
En la producción agropecuaria ocurre lo mismo.
Uno de los eslabones claves de la cadena productiva en general, en todas sus facetas, es la investigación. En Uruguay, detrás de cada cultivo que vemos cuando recorremos las rutas del país, detrás de cada producto de granja que encontramos en el puesto de la esquina o en cualquier feria barrial, detrás de cada vaca pastando y o corte en alguna carnicería, en todos los casos, siempre hay un científico o un equipo de ellos aportando sus conocimientos y adquiriendo otros para lograr una producción más efectiva y eficiente como amigable con el medio ambiente.
Sin que sea una exageración podemos decir que el corte de carne que tenemos en nuestro plato y la ensalada que lo acompaña son el resultado de conocimiento acumulado y transmitido de generación y generación, y mejorado con nuevas investigaciones y descubrimientos. Eso lo saben quienes producen y trabajan en la elaboración de los productos finales, el problema es que no siempre se traslada a la sociedad.
Todo El Campo ha abordado en varias oportunidades ese desfasaje entre ciencia y sociedad.
En una entrevista publicada por Ciencia en Chile, el docente e investigador Rommy Zúñiga Pardo (foto) dijo que “no basta con investigar: hay que transferir conocimiento a la sociedad”, apuntando a una de las falencias de la investigación en todas partes del mundo, también en Uruguay.
Rommy Zúñiga Pardo es ingeniero de Alimentos, doctor en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Química y Bioprocesos, y actual director del Doctorado en Bioprocesos y Bioproductos de la chilena Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM). También es académico del Departamento de Biotecnología con una vasta trayectoria que combina investigación aplicada y formación doctoral con un estrecho vínculo con el sector productivo.
HACER CIENCIA CON IMPACTO EN LA SOCIEDAD.
En la citada entrevista se refirió a la biotecnología y los bioprocesos, y también mencionó la importancia de hacer ciencia con impacto en la sociedad.
Por definición -explicó- “los bioprocesos tienen una fuerte connotación ambiental, ya que muchos buscan reemplazar procesos químicos tradicionales por alternativas basadas en materias primas de origen natural, uso de microorganismos para generar productos de alto valor agregado, minimizar productos contaminantes o derechamente orientadas a la descontaminación”.
A eso se suma la responsabilidad social: “La investigación debe ser pertinente al entorno, al territorio, y generar impactos positivos en plazos acotados, no solo a largo plazo”, subrayó.
Los programas de biotecnolgía de UTEM trabajan “principalmente en tres grandes áreas” que son: ambiental, energética y la salud. En lo ambiental, lo hace “a través de procesos de remediación y biorremediación”; respecto a la energía, dijo que la dedicación se da “especialmente la generación de biocombustibles a partir de desechos”; y en cuanto a la salud, se “abordada desde el desarrollo de bioprocesos alimentarios y bioproductos que impacten positivamente en la nutrición y el bienestar de las personas”.
“Nuestro foco es la investigación aplicada con impacto real”, resumió el científico.
VÍNCULO INVESTIGACIÓN – INDUSTRIA.
Consultado sobre los campos de acción de los estudiantes, dijo que realizan trabajo de laboratorio, por ejemplo en “biorremediación de aguas” como la “generación de bioproductos y biocombustibles a partir de residuos”.
A nivel de claustro hay “investigaciones en biorremediación, fitorremediación, diseño de nanopartículas proteicas, digestión in vitro, desarrollo de alimentos saludables y optimización de procesos alimentarios, entre otros”.
“Las líneas del programa son bioprocesos sustentables y bioprocesos alimentarios”, anotó Zúñiga Pardo.
Aclaró que aunque el programa de la universidad sea académico, es de “mucho interés el vínculo (que se pueda formar) con la industria. Varios académicos trabajan directamente con empresas de tratamiento de aguas, alimentos y farmacéuticas”.
La “principal motivación” de la ciencia y las investigaciones que lleva a cabo “es mejorar la calidad de vida de las personas, especialmente desde la alimentación y la salud”, enfatizó Zúñiga Pardo.
Concluyó refiriéndose a la ciencia aportando directamente en la sociedad: “Hacer ciencia con impacto social es lo que me mueve”, y es en este punto donde la afirmación del título adquiere una relevancia mayor y necesaria: no es solo mejorar la vida de las personas sino que las personas también sepan a qué se debe.
En el caso de Chile, “el gran desafío es la baja inversión en I+D (investigación y desarrollo) y la excesiva competencia por recursos. Necesitamos cambiar el switch: dejar de competir y empezar a colaborar mucho más”, concluyó.

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