Los árboles transforman lo invisible en vida: extraen carbono del aire, lo convierten en madera y nos devuelven oxígeno puro.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Muchas personas saben cómo se “alimentan” los árboles, otro tanto quizá lo sospeche, pero la mayoría nunca se puso a pensar en eso y solo tienen conciencia de que son buenos para la salud del planeta y de todos los que estamos sobre él, ignorando de dónde toman la materia que les da forma, los mantiene erguidos y esa fortaleza que ni un elefante puede derribar.
Si al alzar, en alguna avenida de cualquier ciudad del mundo, comenzamos a parar a las personas que por allí pasan y les preguntamos de dónde sacan los árboles su fortaleza y en base a qué crecen y se desarrollan, alcanzando algunas especies troncos tan anchos que se necesitan varios brazos para completar su diámetro y camiones de mucha fuerza y potencia para trasladarlos, seguramente muchos, la mayoría, no sabrán qué contestar.
Algunos dirán que el árbol nace y crece a partir de la semilla, y tienen razón, otros podrían decir que de la tierra, y así como las vacas y las ovejas transforman el pasto en carne, los árboles transforman la tierra en madera. Esto último parece más disparatado, pero seguramente muchos así lo creen.
Este planteo nos lleva directamente a Jan Baptista van Helmont (12/enero/1580 – 30/diciembre/1644), un médico, filósofo, místico y químico. Uno de sus experimentos más famosos fue el que desarrolló para entender cómo se forma la masa y el cuerpo de los árboles.
Van Helmont, dispuesto a resolver el misterio, tomó una maceta con un peso y una cantidad concreta de tierra y plantó en ella un árbol. Durante 5 años de su vida, únicamente le añadió agua y, una vez finalizado el experimento, volvió a pesar tanto la tierra restante como el árbol por separado. El árbol había aumentado unos 75 kilogramos. Sin embargo, sólo se habían perdido unos 50 gramos de tierra de la maceta, por lo que dedujo que la estructura del árbol no se generaba por el consumo de tierra.
Lo primero que se le ocurrió a van Helmont -con toda lógica- fue pensar que era el agua la que aportaba esa fortaleza, y eso explicaría la importancia de las raíces. Pero se descubrió que tampoco es el agua la responsable, aunque sí cumple con un rol fundamental.
El agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O). Lo que hace el árbol es separar el hidrógeno del oxígeno: utiliza el primero y libera el segundo a la atmósfera, purificando el aire y asegurando que todos los seres vivos contemos con oxígeno suficiente para poder respirar. De ahí que las zonas arboladas sean denominadas como “pulmones”.
¿Entonces la madera es básicamente hidrógeno? La respuesta es que no, pues la madera no está hecha de hidrógeno, además de que se necesitaría mucha de esa sustancia para formar un árbol. La clave está en el carbono.
Mientras que el nitrógeno, fósforo y potasio que llegan al árbol gracias a las raíces representan apenas el 2% de la masa total de cada ejemplar, el carbono está en un 50% del peso del árbol seco.
A la pregunta que dio origen a este artículo, la respuesta es que el árbol se alimenta del aire, de un gas invisible, sin olor, que flota en la atmósfera y que se llama dióxido de carbono, CO2.
Aquí se dan dos maravillas de la naturaleza que son: primero, la colaboración no consciente pero real (consciente ahora que lo sabemos) entre los seres vivos que respiramos -los humanos entre ellos- y los árboles, porque todo el tiempo exhalamos CO2 que el árbol toma para fortalecerse a través de su madera y nos devuelve oxígeno limpio; y segundo la madera es básicamente aire solidificado.
En definitiva, los árboles toman dióxido de carbono del aire a través de pequeños poros en sus hojas llamados estomas. El CO2 entra en el árbol, éste rompe la molécula, separa el carbono y lo utiliza como materia prima, enlazando átomos de carbono en moléculas largas y complejas. Esas moléculas se convierten en glucosa, celulosa, lignina, las fibras rígidas de la madera. El oxígeno sobrante se libera de nuevo a la atmósfera. El árbol está desmontando moléculas invisibles del aire, quedándose con el carbono y devolviendo el oxígeno.
INVESTIGACIONES POSTERIORES.
Ese carbono se convierte en madera sólida y tangible y para el sol y su luz jugaron un papel clave en lo que conocemos como fotosíntesis, no descubierta hasta más de cien años después del experimento de van Helmont.
Joseph Priestley (24/marzo/1733 – 06/febrero/1804) descubrió en 1771 que las plantas liberan oxígeno al aire, aunque no entendía del todo el papel de la luz.
Jan Ingenhousz (08/diciembre/1730 – 07/setiembre/1799 completó, en 1779, el rompecabezas al descubrir que el oxígeno solo se libera cuando las plantas están expuestas a la luz solar.
Cornelius Bernardus van Niel (04/noviembre/1897 – 10/marzo/1985) descubrió en la década de 1920 el mecanismo exacto por el cual el oxígeno liberado proviene del agua y no del dióxido de carbono.
Con datos de Ciclos del Tiempo (Facebook), National Geographic y Britannica.

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