Ante la crisis alimentaria global y niveles récord de malnutrición, ambas organizaciones llaman a reforzar la resiliencia del agro y la adaptación climática. Uruguay, actor clave en la producción de alimentos, gana protagonismo en un escenario mundial marcado por la inestabilidad.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE) han llamado a las naciones a “fortalecer las inversiones en sistemas agroalimentarios resilientes, la adaptación al cambio climático y las oportunidades económicas rurales” como respuesta a la crisis alimentaria que golpea al mundo, llegando a niveles de inseguridad alimentaria y malnutrición récord.
La producción de alimentos, donde Uruguay se destaca como un actor relevante en el mundo, se convierte en una necesidad a niveles nunca vistos antes, debido a la alta belicosidad que hay en el mundo sin perspectivas de que mejore.
Las Naciones Unidas y la Unión Europea, cuyas posiciones y políticas de los últimos años no han ayudado al mejor desarrollo alimentario del mundo comienzan a darse cuenta que la agropecuaria es imprescindible y que es necesario invertir en avances que fortalezcan los sistemas agroalimentarios. Quizá comiencen a comprender que esta materia la política nunca debe ignorar y pasar por encima de la ciencia.
CRISIS ALIMENTARIAS Y MALNUTRICIÓN A NIVELES DRAMÁTICOS,
La principal causa de inseguridad alimentaria y la malnutrición en el mundo son las guerras, asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), afectando a millones de personas. La guerra en Medio Oriente podría extender el hambre a países que no participan y que no tienen nada que ver con el conflicto.
En 2025 y por séptimo año consecutivo, “las crisis alimentarias y la malnutrición se mantuvieron en niveles dramáticos, concentradas en un pequeño grupo de países. El hambre aguda se ha duplicado en una década, con dos hambrunas declaradas el año pasado, un hecho sin precedentes en la historia del informe publicado por un consorcio que incluye a la ONU, la Unión Europea y ONG”, señaló.
Son diez los países que sufren el hambre aguda: Afganistán, Bangladés, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen.
Particularmente grave es la realidad que enfrentan Afganistán, Sudán del Sur, Sudán y Yemen: “Registran las peores crisis, tanto en términos de proporción como de número total de personas afectadas”, publicó la FAO.
Durante 2025, el total de personas que sufrió inseguridad alimentaria, fue de 266 millones, casi el 23% de la población analizada, lo que representa un incremento leve respecto a 2024 pero casi el doble que en 2016.
“La gravedad del hambre alcanzó su segundo nivel más alto de la historia, con un número de personas en situación de hambre catastrófica (fase 5 del IPC) nueve veces superior al de 2016”, continúa el reporte.
“Casi la mitad de las crisis alimentarias también estuvieron acompañadas de crisis nutricionales, caracterizadas por una alimentación insuficiente, enfermedades y el colapso de servicios esenciales”, apunta la organización internacional.
35.5 MILLONES DE NIÑOS CON MALNUTRICIÓN AGUDA Y GRAVE.
También es muy preocupante es la cantidad de niños afectados en el mundo entero: “La malnutrición aguda sigue siendo un problema crítico y cada vez más preocupante. Solo en 2025, 35,5 millones de niños padecían malnutrición aguda, de los cuales casi 10 millones sufrían malnutrición grave”.
La malnutrición aguda se refiere a un estado de desnutrición que aparece en un período corto de tiempo, generalmente por falta repentina de alimentos o enfermedades que afectan la absorción de nutrientes; es potencialmente reversible si se actúa rápido con alimentación adecuada y tratamiento médico.
La malnutrición grave es la forma más extrema de la malnutrición aguda, el déficit nutricional pone en riesgo inmediato la vida. Requiere tratamiento hospitalario o especializado, porque puede provocar fallas orgánicas, infecciones graves y la muerte si no se atiende. Este nivel es considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) como de atención prioritario en emergencias humanitarias.
Catherine Russell, directora de Unicef afirmó que “no se trata de una escasez de alimentos, sino de una falta de voluntad política para garantizar que los niños, en todo el mundo, tengan acceso a una alimentación básica. En un mundo de abundancia, no hay razón para que un niño sufra o muera por malnutrición”.
El informe advierte que la inseguridad alimentaria aguda seguirá siendo crítica en 2026, agravada por conflictos, la variabilidad climática y la incertidumbre económica global, especialmente los riesgos en los mercados alimentarios.
Si el conflicto en Medio Oriente continúa escalando, la situación empeorará, generando nuevos desplazamientos y perturbando aún más los mercados agroalimentarios mundiales, lo que afectaría a países ya en crisis alimentaria.
El documento advierte sobre impactos inmediatos en la seguridad alimentaria de regiones como Oriente Medio, el Caribe y las islas del Pacífico, donde la fuerte dependencia de las importaciones de alimentos incrementa la exposición de las comunidades al encarecimiento de la energía y de la logística.
Por otra parte, la continuidad de los problemas en el transporte, sumada al rol estratégico de los países del Golfo como proveedores de energía y fertilizantes, podría generar efectos significativos en el funcionamiento de los mercados agroalimentarios internacionales, observa el análisis de la FAO.
FORTALECER LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS.
Por último y con total sentido común, pero en lo que parece una contradicción con algunas de sus políticas, la ONU y la UE hacen un llamado a fortalecer las inversiones en sistemas agroalimentarios resilientes, la adaptación al cambio climático y las oportunidades económicas rurales.

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