Fondo Internacional para el Desarrollo: Invertir en agricultura y en las zonas rurales en general, genera mayor retorno social, económico y de empleos.
Montevideo | Todo El Campo | En el período 2025 -2030 la demanda de alimentos aumentará un 56%, generando hasta US$ 10 billones de dólares en oportunidades económicas en las próximas décadas, lo que se puede (y debería) aprovechar para impulsar la producción agrícola con la transformación de las zonas rurales de todo el mundo, incluso las que sufren problemas climáticos graves o conflictos de cualquier naturaleza.
La pasada semana, el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo (FIDA) de las Naciones Unidas, Álvaro Lario, hizo un llamado al sector privado del mundo entero a tener un mayor compromiso y brindar mayor apoyo a los sectores rurales, en especial en países pobres.
Destacó que invertir en la transformación rural es esencial para fortalecer la seguridad alimentaria, estimular el crecimiento económico, crear empleo y reforzar la estabilidad en un momento de creciente fragmentación geopolítica, limitada capacidad de gasto público y riesgos sistémicos que afectan a los sistemas alimentarios mundiales.
“Cuando hablamos de transformación rural, se trata de crecimiento económico, de crear empleos y también de construir estabilidad”, afirmó en una rueda de prensa. Agregó que en los países pobres, cuando se invierte en agricultura, y en las zonas rurales en general, es donde “se puede lograr el mayor retorno, tanto social como económico, en términos de empleo”.
EL AGRO IMPULSA EL CRECIMIENTO ECONÓMICO.
La afirmación de Lorio se condice con estudios diversos que señalan que el crecimiento en el sector agrícola es el más eficaz para reducir la pobreza que el crecimiento generado en otros sectores, particularmente en países en desarrollo. Eso se debe a que a nivel mundial la gran mayoría de la población pobre vive en zonas rurales y depende de la agricultura, lo que convierte al sector en un motor directo de ingresos y empleo.
Cuando se invierte en agricultura, aumentan los ingresos de los pequeños productores y se genera empleo rural, reduciendo la pobreza de forma directamente. También mejor ala disponibilidad de alimentos, bajando los precios para los consumidores; y se genera un efecto multiplicador fomentando otras industrias locales, impulsando la economía rural más allá de la producción primaria.
El impacto varía según la etapa de desarrollo del país, siendo la agricultura más potente en las fases iniciales, mientras que su impacto es menor en economías ya industrializadas. La inversión en innovación y tecnología agrícola es fundamental para maximizar esta reducción de la pobreza.
ESFUERZO DEL SECTOR PÚBLICO Y PRIVADO.
El presidente de FIDA aclaró que “únicamente los recursos públicos no serán suficientes”, los gobiernos tienen “un papel muy importante en establecer el ecosistema, pero también debemos asegurarnos de que ese ecosistema, ese entorno, esas regulaciones atraigan al sector privado”.
Cuando Lario habla del sector privado está incluyendo a las pequeñas y medianas empresas, también a los bancos que otorgan préstamos a la población en condiciones que pueden pagar, a las empresas nacionales y multilaterales que pueden adquirir sus productos y desempeñarse como compradores.
Los jóvenes son claves en esa dinámica porque juegan un papel fundamental: “Conocemos la ‘bomba del tiempo’ del crecimiento poblacional, la población joven que tenemos, y las oportunidades que debemos proporcionar colectivamente como comunidad internacional, gobiernos y países, para asegurarnos de que no se vean obligados a migrar y a generar mayores desafíos”, comentó.
También es importante la expansión de las empresas agroindustriales, capaces de crear oportunidades en distribución, procesamiento y servicios, además de diversificar las economías y reducir la dependencia de un conjunto limitado de sectores.
DATOS DE FIDA.
Actualmente, los pequeños productores agrícolas producen la mitad de los alimentos del mundo.
A pesar de cumplir un papel clave en la alimentación mundial, la pobreza se concentra en las zonas rurales, donde vive el 80% de las personas más pobres del mundo.
Se prevé que la demanda de alimentos aumente un 56% para 2030. Satisfacer esa demanda puede generar hasta US$ 10 billones en oportunidades económicas anuales, y las inversiones orientadas a los sistemas agroalimentarios podrían generar 120 millones de empleos adicionales en todas las cadenas de valor.
Cada dólar de FIDA se multiplica y convierte en US$ 6 dólares de inversión sobre el terreno, lo que demuestra que es posible multiplicar los recursos públicos al atraer recursos adicionales, incluidos los del sector privado y la cofinanciación nacional e internacional convirtiendo al Fondo en una de las instituciones de financiación del desarrollo más eficaces a nivel mundial.

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