Para entender el impacto que tendrá el acuerdo EE.UU. – Argentina hay que encontrar el verdadero punto de análisis.
Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro | Lavalleja | Todo El Campo | La decisión de Estados Unidos de otorgarle a Argentina una cuota de importación de carne vacuna, aunque acotada y por ahora limitada en el tiempo, merece algo más que una lectura superficial. Escuché decir que “no mueve la aguja” porque el volumen es chico. Yo no coincido. En mercados regulados, los movimientos marginales importan, y mucho.
Estados Unidos no está buscando volumen. Eso es lo primero que hay que entender. Produce mucha carne y consume todavía más, pero cuando importa lo hace para ajustar su sistema: carne magra, procesos claros, regularidad y previsibilidad. La cuota a Argentina no es una apertura estructural ni un cambio de estrategia. Es una herramienta de ajuste.
Ahora bien, esa carne que Argentina vende a EE.UU. sale de algún lado. Y sale, en buena medida, del circuito chino. Ahí está el verdadero punto de análisis.
China no es un mercado libre en el sentido clásico. Opera con salvaguardas, con límites por origen y con decisiones administrativas que pesan tanto como el precio. Cuando China pierde oferta de un proveedor y no puede compensar libremente aumentando volúmenes desde otros países, el mercado se tensa.
¿Eso genera un shock de precios? No.
¿Genera efectos? Sí, claramente.
Lo que se ve no es una suba explosiva, sino algo más sutil y, para el productor, muy relevante: pisos de precios más firmes. Mayor competencia por la carne habilitada. Más dificultad para que los valores se deslicen hacia abajo. En un mercado limitado por salvaguardas, eso es mucho.
Por eso creo que minimizar este tipo de decisiones es un error. No porque cambien el mapa mundial de la carne, sino porque ajustan el equilibrio fino. Y en ganadería, muchas veces, ese equilibrio es el que define el resultado del negocio.
También se habla de política. Es evidente que el contexto político argentino facilita este tipo de acuerdos. No hay que ser ingenuos. Pero tampoco hay que exagerarlo. Estados Unidos no pone en riesgo su mercado interno por afinidades ideológicas. La política puede abrir la puerta, pero la carne y los sistemas productivos son los que la mantienen abierta.
En definitiva, la cuota de Estados Unidos a Argentina no es un hecho aislado ni inocente. Es un movimiento pequeño que ocurre en un mercado rígido, con límites y salvaguardas. Y por eso tiene impacto.
No cambia el mundo.
Pero endurece el piso. Y en la ganadería real, la que vivimos todos los días, muchas veces no se gana por las grandes subas, sino por los precios que no se caen.

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