El acuerdo obliga a repensar los incentivos fiscales que otorga Uruguay; reafirma el compromiso de abordar los riesgos de erosión de la base imponible, y abre la puerta a revisar cómo se dan beneficios fiscales sin perder atractivo para la inversión.

Montevideo | Todo El Campo | El reciente acuerdo del G7 sobre el Impuesto Mínimo Global (IMG) vuelve a poner sobre la mesa el debate respecto a los incentivos fiscales y la competitividad de las economías emergentes. Aunque el entendimiento alcanzado por estas potencias no es jurídicamente vinculante, su desenlace impacta en el contexto internacional, incluyendo a Uruguay.

El acuerdo “side-by-side” excluye a los grupos multinacionales con matriz en Estados Unidos de dos reglas clave del IMG: la de inclusión de rentas (IIR) y la de beneficios insuficientemente gravados (UTPR). Esta decisión genera incertidumbre sobre la aplicación uniforme del impuesto, pero también reafirma el compromiso de simplificar su administración y evitar la competencia fiscal nociva.

“Este nuevo acuerdo no implica el fin del IMG, pero sí obliga a repensar los mecanismos de su implementación y los incentivos fiscales que otorga Uruguay. Por otra parte, reafirma el compromiso de abordar los riesgos de erosión de la base imponible, y abre la puerta a revisar cómo se dan beneficios fiscales sin perder atractivo para la inversión”, indicó Diego Tognazzolo, socio de PwC Uruguay de la práctica de Asesoramiento Tributario, Legal y Contable.

URUGUAY Y EL IMPUESTO MÍNIMO CALIFICADO DOMÉSTICO: ¿UN NUEVO COMPONENTE EN LA ECUACIÓN FISCAL?

En Uruguay, el debate se intensifica ante la posible inclusión de un Impuesto Mínimo Calificado Doméstico (QDMTT) en el próximo proyecto de ley de presupuesto quinquenal, que será presentado en agosto. Este impuesto permitiría al país recaudar localmente el impuesto a la renta mínimo del 15% exigido por las reglas de este acuerdo global, evitando que lo hagan otras jurisdicciones donde se encuentren las matrices de ciertos grupos multinacionales.

Sectores como el software y servicios asociados, las zonas francas o las inversiones promovidas por Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), son algunas de las actividades que hoy gozan de importantes exoneraciones fiscales, que podrían ser neutralizadas si no se ajustaran a los nuevos estándares internacionales.

“El desafío es doble: preservar la atracción de inversiones y evitar que la recaudación termine en el extranjero. Pero también debemos reconocer que no todas las inversiones dependen exclusivamente de beneficios fiscales. Hay factores como la estabilidad jurídica, el talento humano y la infraestructura que también pesan en la decisión de invertir”, explicó Eliana Sartori, directora de PwC Uruguay de la práctica de Asesoramiento Tributario, Legal y Contable.

UN CONTEXTO EN EVOLUCIÓN CON MIRAS AL FUTURO

Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo), para fines de 2025, el 90% de los grupos multinacionales que superan los 750 millones de euros de ingresos consolidados estarían alcanzados por el IMG. Más de 50 países ya han adoptado un QDMTT, y muchos otros han incorporado las reglas IIR y UTPR.

Para Uruguay, esto implica la necesidad de revisar su régimen de incentivos tributarios en función del nuevo escenario global. La ausencia de un QDMTT podría significar que otros países recauden el impuesto que Uruguay decida no cobrar, afectando la soberanía fiscal y la competitividad.

El avance del IMG y los recientes acuerdos internacionales marcan un punto de inflexión en la política fiscal global. Para Uruguay, el desafío será encontrar un equilibrio entre mantener su atractivo como destino de inversión y adaptarse a los nuevos estándares de transparencia y equidad tributaria.

La eventual incorporación de un QDMTT en la legislación nacional evitaría que otros países recauden sobre rentas generadas por entidades localizadas en Uruguay. Pero también exigirá una revisión profunda de los regímenes promocionales vigentes, para que sigan siendo eficaces y sostenibles en este nuevo contexto.

En este escenario, el diálogo entre el sector público, el privado, la academia y los organismos internacionales será clave para construir soluciones que permitan a Uruguay seguir siendo competitivo, sin perder de vista los principios que inspiran esta transformación global. (PwC).

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