Ante la puesta en marcha de los aranceles en Brasil, Uruguay debería tener mucha mesura en los movimientos de política internacional y tener un perfil bajo.
Montevideo | Todo El Campo | Agosto, que comienza hoy, es un mes clave para el mercado y el comercio mundial -o sea las economías de los países y cómo éstas repercuten en las personas- debido a la aplicación de aranceles por parte de Estados Unidos.
En los últimos días la información al respecto ha sido abundante, y el jueves 31 de julio la Casa Blanca publicó la “Modificación adicional de los tipos arancelarios recíprocos” donde se determinan los aranceles del presidente Donald Trump (*).
En la región, todas las miradas van para Brasil, país vecino y socio de Uruguay en el Mercosur, además de ser un destino clave de nuestras exportaciones, pero desde ahora Brasil deberá asumir un arancel del 50%.
Las consecuencias para la economía brasileña son importantes, con pérdidas millonarias para amplios sectores de la economía, como el de la carne, el café o el aluminio, entre otros. Desde Brasilia, el ministro de Economía, Fernando Haddad, ha dicho que se tomarán medidas de apoyo para los sectores más afectados, pero todos saben que de esa forma solo se disimula el golpe, no se soluciona ni evita, además de que tampoco será fácil redireccionar los variados productos que perderán competitividad en Estados Unidos.
Lo difícil de aceptar -y no solo pensando en Brasil sin en la comunidad internacional en general- es cómo una serie de disposiciones administrativas unilaterales tomadas por un presidente pueden cambiar en tan poco tiempo el orden establecido del comercio de los países.
Hasta ahora nadie había reparado en la debilidad del mercado global.
Con el nuevo mapa de aranceles del mundo ante sí, el presidente Luis I. Lula seguramente está lamentando el no haber sido determinante en favor de un tratado de libre comercio del Mercosur con China, tal como Uruguay pretendía, pero ese es otro asunto.
Lo que preocupa ahora es cómo afecta a la región y a Uruguay los aranceles impuestos a Brasil, algo que la Ec. Laura Raffo ya había advertido (**).
URUGUAY GANÓ VENTAJAS COMPARATIVAS.
El doctor en Relaciones Internacionales y profesor titular de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), Ignacio Bartesaghi, da algunas pistas sobre cómo de Uruguay tomar la noticia de los aranceles.
En su cuenta de X @i_bartesaghi comentó que “si sigue todo así” sobre los aumentos arancelarios de Estados Unidos, “no estamos mal y ganamos ventajas relativas de acceso a nivel mundial”.
Añadió que Uruguay debe tener “mucha mesura en los movimientos de política internacional”; adoptar un “perfil bajo y trabajando para identificar oportunidades en un nuevo mundo con reglas distintas”.
“Aprovechemos el momento para dar flexibilidad a Brasil y conseguir la nuestra para acceder a nuevos mercados”, escribió.
LULA: SIN SOBERANÍA, BRASIL NO EXISTIRÍA.
A través de sus redes sociales, Lula subrayó la soberanía sin la cual “Brasil no existiría”. Eso “es lo que aparece primero en nuestra Constitución, entre otros principios fundamentales”.
“La soberanía es la autoridad que un pueblo tiene sobre su propio destino. Es la capacidad de un país para decidir su propio rumbo, proteger sus recursos, cuidar su territorio y defender sus intereses ante el mundo”, reflexionó el mandatario, y concluyó: “Para nosotros, la soberanía es el derecho a construir una sociedad libre, justa y solidaria”.
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(*) Documento: Modificando aún más las tasas arancelarias recíprocas – La Casa Blanca
(**) Laura Raffo: Ec. Raffo: El conflicto EE.UU. con Brasil puede afectar a Uruguay de varias formas. – Todo El Campo
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