La industria que demanda un producto más homogéneo y que rinda mayores calibres en cortes de alto valor, no ha jugado el papel aglutinador que facilitaría la concreción de alianzas sustentables entre la cría y la invernada ovina.
Gianni Bianchi Olascoaga | Montevideo | Todo El Campo.
PROPUESTAS Y LÍNEAS DE ACCIÓN POSIBLES PARA LEVANTAR LAS RESTRICCIONES PARA UNA PRODUCCIÓN DE CARNE EFICIENTE.
Sólo a los efectos de cuantificar en qué medida podría cambiar la producción de carne nacional utilizando la tecnología disponible en los momentos definidos como estratégicos y midiendo en el animal o en la pastura (para hacer más eficiente la inversión sea de horas hombre y/o dinero), se dejan dos ejemplos de los cambios que se podrían lograr en el porcentaje de señalada y en el peso de canal. La elección de estos dos indicadores no resulta aleatoria, sino que se parte de la base de que, en el corto y mediano plazo, son esos los caminos a recorrer para incrementar los niveles de producción de carne ovina del país.
Para el caso del porcentaje de señalada que, como se sabe, representa los corderos señalados al mes del parto en relación a las ovejas encarneradas 6 meses antes, es producto de tres indicadores: fertilidad (oveja parida/oveja encarnerada) x prolificidad (cordero nacido/oveja parida) x supervivencia (cordero señalado/cordero nacido). En el país este indicador nunca ha superado el 70%, en general no por problemas en la fertilidad de los vientres, estas suelen preñarse sin mayores inconvenientes (salvo las categorías más jóvenes), las dificultades están en el segundo y tercer indicador: prácticamente no hay mellizos (se asume como mucho un valor de prolificidad de105%) y se mueren muchos corderos entre el parto y la señalada, variable sí de acuerdo al año, pero en eje del 25%. De esta forma el porcentaje actual y desde hace por lo menos 50 años es producto de una fertilidad del 90%, una prolificidad del 105% y una supervivencia del 75%, todo lo cual arroja el valor conocido del 70% de señalada. Ahora bien, siendo conservadores y de nuevo aplicando el paquete tecnológico conocido, de nuevo mayoritariamente de tecnologías de proceso de bajo costo, el porcentaje de señalada podría incrementarse, sin siquiera cambiar de raza, en al menos 20 puntos porcentuales. Ajustando algunas cosas, la fertilidad incluso también podría crecer en 5 puntos porcentuales, aunque siempre habrá vientres que fallen por una u otra razón. De ahí la importancia de trabajar sobre el segundo indicador, la prolificidad, en tanto y en cuanto, sólo éste es mayor que 100%: no pueden parir más ovejas que las que se sirven, ni pueden sobrevivir más corderos de los que nacen, pero sí pueden nacer muchos más corderos de las ovejas que paren. De vuelta, siendo sumamente conservador y apelando exclusivamente a prácticas de muy bajo costo (ejemplos: revisación de carneros en tiempo y forma, revisación de ovejas pre servicio, manejo del estado corporal al servicio y elección correcta de época y duración de servicios), se podría incrementar la prolificidad en 10 puntos porcentuales, pasando de 105 a 115%. Por último, sabiendo qué animales están gestando más de un cordero y cuándo van a parir, sumado al estado corporal en gestación avanzada (necesariamente obliga a medir en el animal, tamaño de camada, fecha probable de parto y estado nutricional del vientre), y adicionalmente interviniendo con alguna tecnología de insumo (por ejemplo; suplementación en el sentido amplio de la palabra del vientre mellizo y aquellos con estado corporal inferior o igual a 2,5 en preñez avanzada, independientemente de su carga fetal) se puede incrementar en 10 puntos porcentuales la supervivencia, pasando de 75 a 85%. De esta forma, la señalada pasaría a 92%, producto de una fertilidad del 95% x una prolificidad del 115% x una supervivencia del 85%.
Por supuesto que el impacto a nivel país dependerá del número de ovejas (y de productores) que se logren abarcar en el proceso de cambio. Nótese que las tecnologías propuestas son básicas y sin cambio de raza materna. De hacerlo y absorbiendo por alguna de las dos razas maternales y carniceras disponibles ya sugeridas, perfectamente la prolificidad (que de nuevo es la variable que “más mueve la aguja” en la señalada) podría pasar, una vez absorbida la raza y aun sin comida de calidad al servicio, a valores de 150% y hasta 180% en sistemas intensivos. De hecho, en el país hay pocos, pero hay, productores que explotan Highlander y/o Border Leciester y presentan señaladas entre 140-160%, aun considerando el servicio de las corderas diente de leche. Por supuesto que ello exige cuidados adicionales en torno al parto, pero lo que está claro es que prolificidades muy altas, no implican que todos los corderos se mueran, ni mucho menos. Si bien los corderos mellizos mueren más que sus contemporáneos nacidos únicos, siempre compensan esa mayor mortandad con una mayor señalada. Es más, para que los mellizos no sirvan, su supervivencia debería ser igual o menor que la mitad de la de los únicos, situación, que difícilmente ocurra en la práctica.
Respecto al peso de canal, el cambio sólo ocurriría por cambiar de raza y obviamente mejorar la alimentación, particularmente mientras el cordero esta al pie de su madre. Esta medida quizás sea más rápida en lograr incrementos en la producción de carne ovina nacional, siempre y cuando existan señales claras en la comercialización y no “techos” en pesos que no se pueden sobrepasar como ocurre actualmente. De hecho, fue uno de los caminos recorridos, sobre todo por Australia. Este país también tuvo – a otra escala por supuesto – una disminución en su stock, pero paralelamente entre otros cambios (por ejemplo: disminución en la cantidad de lana total, pero aumento significativo en los ingresos por fibra producto de afinar más su Merino), incrementó el peso de canal de sus corderos en 30% en 30 años y ello significó para el periodo 1990-2018, casi 120 mil toneladas más de carne ovina. El peso de canal de corderos promedio de Australia es de 27 kg y además de abastecer casi todo el mundo, es el principal cliente del mercado americano. Se señala esto, porque no se comprende por qué razón los corderos de compartimento en Uruguay hayan tenido, primero un techo en 18 kg y actualmente en 22 kg de peso de canal. Si la idea es volver a abastecer ese mercado, lo más adecuado sería hacerlo con un cordero similar al australiano, esto es con razas carniceras y sin señales comerciales absurdas que lo único que logran es resignar kg de carne en al menos un 30-40% de los corderos de cruzamientos que, a los 6 meses y con buena alimentación, superan la barrera de 18-22 kg de canal establecida por la industria local. Nueva Zelandia también incrementó el peso de canal en los últimos 15-18 años, además de una mejora significativa en los procreos. Mientras que el Uruguay después del cambio que significó en peso de canal el hecho de pasar de un cordero liviano al actual cordero pesado, hace más de 18 años, éste se ha mantenido incambiado en valores que no superan los 17 kg.
De nuevo y sólo a los efectos de hacer una proyección probable con el número de carneros de razas especializadas en la producción de carne disponibles en el país y sin recurrir a la IA, es decir, usando monta a campo controlada al 1%, porque los machos de estas razas poseen más libido y trabajan mejor que las razas laneras o doble propósito, se podrían servir en torno a 150.000 ovejas/año. Partiendo de ese número y aun asumiendo los magros procreos actuales de 70%, agregando una mortalidad del destete a la venta del 5% y destinando toda la progenie a faena, se lograrían números redondos 100000 corderos producto de cruzamientos con razas carniceras y maternales carniceras. Considerando un peso de canal al menos 3 kg superior frente a un escenario donde esos corderos fueran de razas laneras, se obtendría una producción extra anual cercana a las 300 toneladas, que además serían mejor valoradas en su totalidad (2000 toneladas/año) en los mercados más exigentes. Por supuesto que recurriendo a la IA y considerando la mejora manejada en este trabajo como fácilmente posible en la señalada, de al menos 20 puntos porcentuales, los resultados serían mucho más atractivos.
Antes de pasar al siguiente punto no quería dejar de plantear el potencial que existiría repoblando con ovinos los sistemas criadores del país en la medida que, a las ventajas ya señaladas del pastoreo conjunto con bovinos, se podrían instrumentar emprendimientos asociativos de tipo ganar-ganar entre criadores e invernadores. En el país, salvo el emprendimiento de Villa del Rosario en el Depto. de Lavalleja (1), no se conocen antecedentes de sistemas asociativos entre la cría y la invernada, con la participación de la industria de modo tal de maximizar las fortalezas de los diferentes segmentos del complejo cárnico ovino. Dentro del rubro, es la cría el segmento que está más en jaque. A los muy malos desempeños reproductivos, se agrega la ineficiencia para engordar y vender el cordero. Situación que se atribuye mayormente a que la alimentación y el manejo son deficitarios. Por el contrario, el segmento que integran quienes compran corderos para invernar, poseen todas las características para engordar eficientemente el cordero, pero no cuentan con el producto necesario para la entrada de sus mejoramientos, numerosos y diversos, particularmente en el este del país (cultivos en cobertura, semilleros, laboreo de verano en chacras de arroz, praderas, etc.). Tampoco se descartan otras zonas del país, particularmente la agrícola con la presencia de puentes verdes. Adicionalmente han existido limitantes financieras y logísticas que hagan posible el desarrollo de sistemas asociativos entre ambos segmentos del complejo cárnico. En este sentido la industria que demanda un producto más homogéneo y que rinda mayores calibres en cortes de alto valor, no ha jugado el papel aglutinador que facilitaría la concreción de alianzas sustentables entre la cría y la invernada ovina. El autor de esta propuesta, concursó y ganó un proyecto FPTA liderando un equipo integrado –además- por técnicos de la Sociedad Agropecuaria de Lavalleja con experiencia en el tema central del Proyecto y del Frigorífico San Jacinto, que justamente previa el desafío de trabajar en forma conjunta con aquellos criadores que estaban capacitados para criar un cordero, pero no para terminarlo (ya sea por problemas de escala o limitantes de suelo que imposibilitaban brindar una mejora en la comida). El Proyecto preveía la ejecución de jornadas técnicas tanto en los predios criadores como invernadores en momentos críticos del ciclo productivo a los efectos de implementar las intervenciones y mediciones previstas que se explicitaron en los Cuadros 2 y3.
Por causas que no vienen al caso plantear, el proyecto no se ejecutó, pero entiendo que las hipótesis siguen en pie. Su ejecución permitiría el establecimiento de emprendimiento asociativos entre los diferentes agentes del complejo cárnico, donde todos resultaran beneficiados. El criador podría especializarse en obtener muchos y mejores corderos con la seguridad de recibir un precio razonable por su trabajo al destete (adelanto mediante), desprendiéndose de una categoría “problema” a inicios del verano, pero manteniendo una cuota parte de ganancia en el proceso de engorde (re-liquidación del adelanto de la industria considerando los kg “flacos” a precio de kg “gordo” al momento del embarque y liquidación del 30% de los kg ganados en la invernada). El invernador contaría con la seguridad de recibir la cantidad de corderos que requieren sus mejoramientos, sanitariamente sanos y de un peso al destete y biotipo carnicero que le aseguraría una buena invernada, “poblando” sin necesidad de desembolsar dinero (adelanto del frigorífico mediante) y recibiendo por el 70% de los kg ganados en la invernada un precio diferencial por el tipo de animal producido. Adicionalmente y en el caso específico de cultivos en cobertura, los agricultores se asegurarían por la especie y dotación utilizada la ausencia daños en el perfil del suelo, sin los consabidos incrementos de costos por laboreos posteriores, pérdidas de humedad y mayores riesgos de erosión. La industria podría asegurarse también un volumen a escala comercial de un producto prácticamente inexistente en el país, financiando – a modo de adelanto – el cordero y la genética de carneros a utilizar por parte del criador para obtener canales súper-pesadas que permitan la obtención de cortes de alto valor de mayor calibre, magros y con un grado de homogeneidad importante.
En términos macro, el país podría demostrar que está en condiciones de exportar a mercados exigentes (por ejemplo: EEUU) que en la actualidad están siendo abastecidos por Oceanía en general y Australia en particular mediante un cordero cruza y mucho más pesado, magro y homogéneo que el cordero pesado tradicional que se exporta y seguramente a mejor precio.
6. Respecto a los programas de investigación en ovinos la necesidad de fortalecerlos (INIA y Facultad de Veterinaria) y/o restablecerlos en las instituciones donde fueron desmantelados (SUL y Facultad de Agronomía) es por demás obvia. Si bien entiendo que no es una tarea que le corresponda al MGAP, si quería dejar sentada mi preocupación al respecto, en tanto formé parte durante mucho tiempo de la academia. No es posible plantear nada con sustento, sin una base científica sólida de apoyo detrás. De hecho, la elaboración de este material se basa mucho en ello, además de la experiencia generada con los años de trabajo en la producción.
7. La docencia agronómica en ovinos la considero central y complementaria a la veterinaria. Resalto la importancia de que se imparta la disciplina de ovinos formalmente en Facultad de Agronomía, porque no alcanza con tener 30, 40 o 50 animales en algunas estaciones experimentales de las que posee la Institución, sin una estructura de docentes agrónomos ingresados por concurso y formados en la disciplina y con programas de investigación sólidos que apunten al desarrollo de la carne ovina. De no revertirse esta situación, la decisión mal tomada en su momento, tendrá consecuencias graves en el mediano plazo, si es que el algún momento se desea desarrollar la actividad y aplicar conocimiento agronómico.
EL AUTOR.

Gianni Bianchi Olascoaga:
Ing. Agr. Facultad de Agronomía. Udelar.
Maestría y Doctorado Calidad de Carme. Facultad de Veterinaria. Universidad de Zaragoza. España.
Profesor Agregado de Ovinos y Lanas (último cargo). EEMAC. Facultad de Agronomía. Udelar. 1987-2015.
Cursos internacionales de su disciplina en: IICA, Universidad de la Empresa y Consultora Plus Agro.
Integró: Colegio de Posgrado de la Facultad de Veterinaria y Agronomía de la Udelar y de la Universidad Nacional Autónoma de México. Sistema Nacional de Investigadores (ANII).
Publicaciones: más de 300, incluyendo libros y capítulos de libros, artículos científicos, notas técnicas y periodísticas.
Consultorías, conferencias y capacitaciones en: Argentina, Brasil, Chile, México y Paraguay.
(1) Pereira, D., Oyenard, R. y Chapuis, A. 2005. Estratificación de la producción ovina en la zona Este del Uruguay. En: XXXIII Jornadas Uruguayas de Buiatría. Paysandú. 9 al 11 de junio de 2005. pp: 68-71.
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