El productor ovino necesita ser apoyado, todos los productores, pero con el pequeño productor todo es más complejo porque no tienen espalda para soportar un ataque de perros ni cambiar la producción, por lo acaba dejando el medio rural.

Miguel Núñez trabaja en Charcas de Melo, tiene 200 hectáreas arrendadas como único ingreso en las que produce 350 ovinos. El martes 7 de junio sus ovejas fueron atacadas por perros afectando 30 de ellas, con resultado de animales lastimados y varios muertos.

El ovino es parte fundamental de su ingreso, de su familia, de sus tres hijos.

Lo que no se entiende es por qué Uruguay se da el lujo de no cuidar a aquellos que han creído en el rubro ovino.

Tampoco se entiende cómo se descuida a los ovejeros pero a la vez el Ministerio de Desarrollo Social y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca llevan adelante convenios para impulsar pequeños productores la cría de ovina.

Aunque no parezca eso ocurre en el mismo país: Descuido y promoción de los ovinos a la vez. No se duda de las buenas intenciones de las autoridades, pero parece chiste. Además de trabajar para hacer crecer el rubro hay que darles las condiciones de seguridad a los que están y asegurarse que se queden.

El productor ovino necesita ser apoyado, todos los productores, pero con el pequeño productor todo es más complejo porque no tienen espalda para soportar un ataque de perros ni cambiar la producción, por lo que el perjuicio es mucho mayor: se abandona la oveja y se deja el campo, trasladándose toda la familia a buscar suerte a la ciudad. Y sabemos que la suerte no existe, lo que se necesitan son condiciones para trabajar.

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