El mito sobre el avestruz y el comportamiento humano.

El mito sobre el avestruz y el comportamiento humano.

La Universidad de Chicago realizó un estudio en el que explica por qué las personas -desde nuestra niñez- apelamos a “efecto avestruz” como forma estrategia en la vida.

Montevideo | Todo El Campo | No es verdad que los avestruces escondan la cabeza en la tierra para escapar del peligro. Ese mito muy popularizado coloca a esos animales en un lugar de cobardía o ridiculez que no les hace nada de justicia, pero aun así los seres humanos lo repetimos una y otra vez cuando queremos señalar que alguien prefiere no ver el peligro en lugar de enfrentarlo.

Por el contrario, se sabe y varias publicaciones especializadas en temas de la naturaleza, aseguran que los avestruces son capaces de matar a un león, aunque su primera rección es huir ante el peligro y la amenaza superior, pero si debe hacerle frente por estar acorralado o para proteger a sus huevos o pichones, lo hace, utilizando no su pico sino sus poderosas piernas equipadas con garras muy afiladas.

La falsa historia de que esconden la cabeza se generó porque tanto los machos como las hembras bajan la cabeza para acomodar los huevos, y cuando son amenazados también bajan la cabeza en una actitud defensiva, quizá porque saben que su mayor vulnerabilidad está en el cuello largo que poseen.

Hecha la aclaración y justicia con el honor de los avestruces, quienes sí tienen una actitud de esconderse o no querer ver cuando algo los asusta, son los propios humanos.

INVESTIGACIÓN SOBRE EL “EFECTO AVESTRUZ” EN LAS PERSONAS.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago se preguntó dónde y cuándo se origina el “efecto avestruz” en las personas: el no querer enterarse ni saber determinadas cosas porque son contrarias a sus creencias o le causan algún tipo de angustia o preocupación.

Hay personas que no quieren ver al médico porque no quieren escuchar lo que éste puede decirles; otras evitan a políticos que sostienen y razonas de forma diferente. Esos comportamientos son analizados porque se trata de evitar la información (sobre cualquier asunto) cuando es incómoda, y eso suele ser un comportamiento adulto común, a menudo conocido como el “efecto avestruz”, en referencia al mito de que estos animales no quieren ver la realidad y por eso esconden la cabeza exponiendo todo su cuerpo.

Ese es un comportamiento adulto, no de niños. Por eso la pregunta es cuándo comenzamos a asumirlo y hacerlo nuestro.

Un artículo de la Universidad de Chicago sobre el tema, explica que los niños son conocidos por buscar información, a menudo en forma de preguntas interminables, pero al crecer as personas decidimos que hay informar que más vale no considerar, o ignorar, como la cantidad de calorías en una rebanada de pastel.

¿Cuándo sufrimos esa metamorfosis? Este punto de origen conductual era exactamente lo que los investigadores de la Universidad de Chicago esperaban determinar.

Un estudio publicado en Psychological Science (*), hace referencia a una investigación dirigida por Radhika Santhanagopalan, PhD’25, en la cual se descubrió que a medida que los niños crecen, la tendencia a evitar la información se hizo más fuerte.

Los niños de 5 y 6 años todavía buscan activamente información, lo que cambia en niños de 7 a 10 años, porque son más propensos a evitar estratégicamente aprender algo si provocaba una emoción negativa.

“¿Por qué los niños son estas personas súper curiosas, pero de alguna manera terminamos como adultos que evitan la información?”, se preguntó Santhanagopalan.

Para responder a esta pregunta, Santhanagopalan se asoció con las profesoras Jane Risen de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago y Katherine Kinzler en el Departamento de Psicología.

Desarrollaron un experimento inicial en el que analizaron cinco razones por las que las personas pueden optar libre y deliberadamente a permanecer ignorantes y en desconocimiento de las cosas.

Esas razones estudiadas son: 1) Para evitar emociones negativas como la ansiedad o la decepción; 2) Para evitar información negativa sobre nuestra propia simpatía o competencia; 3) Para evitar desafíos a nuestras creencias; 4) Para proteger nuestras preferencias; y 5) Actuar en nuestro propio interés (tal vez mientras tratamos de parecer que no somos egoístas).

Luego los adaptaron en cinco escenarios para que los niños vieran si podían evitar información. Por ejemplo, se le pidió a cada niño que imaginara su dulce favorito y menos favorito. Luego se les preguntó si querían ver un video sobre por qué comer ese dulce era malo para sus dientes.

“Encontramos que, mientras que los niños más pequeños realmente querían buscar información, los niños mayores comenzaron a exhibir estas tendencias de evitación”, dijo Santhanagopalan. “Por ejemplo, no querían saber por qué sus dulces favoritos eran malos para ellos, pero estaban totalmente bien aprendiendo por qué sus dulces menos favoritos son malos para ellos”.

Este hallazgo se mantuvo para todas las motivaciones excepto para la competencia. Los niños de todas las edades no tenían miedo de saber si les había ido mal en un examen, por ejemplo. Santhanagopalan plantea la hipótesis de que esto podría deberse a la mentalidad de crecimiento fomentada en la escuela.

Esa actitud última “posiblemente se dio debido a que están recibiendo todos estos mensajes sobre cómo puedes cambiar tu aptitud si te esfuerzas. Ttal vez estén más inclinados a buscar información porque saben que potencialmente pueden cambiar el resultado”.

“MARGEN DE MANIOBRA” MORAL / AMBIGÜIEDAD.

El equipo de investigación también tenía curiosidad por saber cuándo los niños comienzan a explotar el “margen de maniobra” moral, o la idea de que las personas tienden a convertir la ambigüedad en un arma para su propio beneficio.

“Queremos actuar en nuestro propio interés, pero también nos preocupamos mucho por parecer justos ante otras personas”, dijo Santhanagopalan. “El margen de maniobra moral nos permite lograr ambos objetivos”.

En un experimento, a los niños se les presentaron dos cubos, cada uno de los cuales contenía pegatinas para ellos y su pareja. Pudieron ver que el cubo A les ofrecía más pegatinas que el cubo B, pero la cantidad de pegatinas que su compañero recibiría de cada cubo estaba oculta. Antes de elegir el cubo, se preguntó a los participantes si querían saber cuántas pegatinas recibiría su pareja.

Aunque no les costó nada aprender la información, los investigadores encontraron que los niños mayores evitaban cada vez más saber cuántas pegatinas recibiría su pareja, lo que les permitía hacer su elección sin culpa.

“Lo que hace el margen de maniobra moral es permitirles elegir la recompensa interesada, al mismo tiempo que mantienen la ilusión de justicia”, dijo Santhanagopalan. “Ese velo de ignorancia les permite actuar en su propio interés”.

CÓMO EVITAR, EVITAR.

Hay algunas buenas razones para evitar la información negativa, admite Santhanagopalan.

La información puede abrumar, amenazar y paralizar. Sin embargo, demasiada evitación también puede tener graves consecuencias negativas, como profundizar la polarización política o la rigidez ideológica.

Para evitar la evitación, sugiere pensar por qué podría estar evitando algo, posiblemente priorizando la comodidad a corto plazo sobre los beneficios a largo plazo. Santhanagopalan postula que podría ayudar a replantear la información incómoda como útil y valiosa.

Además, “los humanos tenemos esta propensión a querer resolver la incertidumbre, pero cuando la resolución es amenazante, las personas pueden recurrir a la evitación. Creo que hay algo que decir sobre poder tolerar e incluso aceptar cierto nivel de incertidumbre”, dijo Santhanagopalan. “Creo que eso podría ayudar a no ser presa de la evasión de información”.

Si todo lo demás falla, aconseja, imite lo que los niños hacen mejor: siga su curiosidad.

(*) Estudio publicado en Psychological Science:  Convertirse en avestruz: el desarrollo de la evitación de información – Radhika Santhanagopalan, Jane L. Risen, Katherine D. Kinzler, 2025

Con datos propio y de Universidad de Chicago

El alcohol no altera la percepción del atractivo, pero influye en la decisión de acercarse.

El alcohol no altera la percepción del atractivo, pero influye en la decisión de acercarse.

Investigadores de Stanford revelan que el consumo de alcohol aumenta las probabilidades de querer interactuar con personas consideradas atractivas.

Montevideo | Vinetur | Todo El Campo | Un reciente estudio realizado por la doctora Molly A. Bowdring del Centro de Investigación Preventiva de Stanford (Estados Unidos) y su director de tesis, el doctor Michael Sayette, revela que el consumo de alcohol aumenta las probabilidades de querer acercarse a personas que ya se consideran atractivas, pero no altera la percepción del atractivo de los demás. Este estudio ha sido publicado en el Journal of Studies on Alcohol and Drugs.

Es un hecho generalizado creer que el consumo de alcohol hace que las personas parezcan más atractivas, sin embargo, este fenómeno no se ha estudiado sistemáticamente hasta ahora. Las investigaciones previas se habían limitado a evaluar el atractivo de otras personas a partir de fotografías, sin tener en cuenta la posibilidad de interacción real.

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores invitaron al laboratorio a 18 parejas de amigos varones veinteañeros para que valoraran el atractivo de las personas que veían en fotos y vídeos. A los participantes se les dijo que podrían tener la oportunidad de interactuar con una de esas personas en un experimento futuro. Después de puntuar su atractivo, se les pidió que seleccionaran a las personas con las que más les gustaría interactuar.

Las parejas de amigos acudieron al laboratorio en dos ocasiones. En una ocasión, ambos hombres recibieron alcohol para beber (hasta aproximadamente una concentración de alcohol en sangre del 0,08%, el límite legal para conducir en Estados Unidos) y en la otra ocasión, ambos recibieron una bebida sin alcohol.

El objetivo de tener parejas de amigos en el laboratorio era imitar las interacciones sociales que tendrían lugar normalmente en una situación real de consumo de alcohol.

Los resultados del estudio mostraron que el consumo de alcohol o no, no influía en lo atractivos que les parecían los demás. «El conocido efecto del alcohol aparece a veces en la bibliografía, pero no de forma tan sistemática como cabría esperar», observa Sayette.

No obstante, el consumo de alcohol sí afectaba a la probabilidad de que los hombres quisieran interactuar con personas que consideraban atractivas. Cuando bebían, eran 1,71 veces más propensos a seleccionar a una de las cuatro candidatas más atractivas para conocerlas en un futuro estudio que cuando estaban sobrios.

Los autores sugieren que es posible que el alcohol no altere la percepción, sino que aumente la confianza en las interacciones, dando a los hombres el valor necesario para querer conocer a las personas que les parecían más atractivas, algo que de otro modo sería mucho menos probable que hicieran. Estos resultados podrían tener implicaciones importantes para terapeutas y pacientes.

«Las personas que beben alcohol pueden beneficiarse si reconocen que las motivaciones e intenciones sociales valoradas cambian al beber de formas que pueden ser atractivas a corto plazo, pero posiblemente perjudiciales a largo plazo», concluye Bowdring.

Este estudio añade una nueva perspectiva sobre los efectos del alcohol en la percepción y la interacción social. Aunque no altere la percepción de la atracción, el alcohol puede influir en la decisión de acercarse a personas consideradas atractivas, lo que podría tener implicaciones tanto positivas como negativas en diferentes contextos sociales.

Fuente: Vinetur – La revista digital del vino, revista especializada en vino.

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