La Navidad y el fin de 2025 llegan con demostraciones de poder como no se veían desde los peores momentos de la Guerra Fría.
Hébert Dell’Onte Larrosa | Montevideo | Todo El Campo | Hace 36 años, el 9 de noviembre de 1989 ocurrió un hecho que cambió el mundo en muchos aspectos: la caída del Muro de Berlín. Pocos meses después la banda británica Ponk Floyd realizó un concierto inolvidable (The Wall Live in Berlin) para celebrar la reunificación de Alemania y el fin de la Guerra Fría. En otro estilo, los alemanes de Scorpions lanzaron el mundialmente conocido Wind of change (Viento de cambio) en referencia directa a los cambios políticos del momento y el fin de la división del país. “Llévame a la magia de la gloria, donde los niños del mañana soñarán los cambios que vendrán (…); ya no hay tiempo que perder, hay que girar hacia la paz”, dice una de sus estrofas dirigidas a su país y a los alemanes, pero también a un mundo que veía reverdecer la esperanza. Fueron tiempos en que la política, la economía y la cultura se unieron en lo que todos creíamos que sería el comienzo de algo nuevo.
Y en parte lo fue, pero con los años nos dimos cuenta que la Guerra Fría y las demostraciones de fuerza bélica de los distintos países continuarían bajo otros argumentos y disfraces. El cambio había sido monumental pero no con la profundidad suficiente como para darle a la humanidad un tiempo mejor que también fuera duradero.
Rápidamente volvieron las amenazas y llegamos a este fin de 2025 con un mundo en permanente conflicto y demostraciones de fuerza entre potencias que tienen todo para que sus pueblos puedan vivir y desarrollarse en paz sin necesidad de pavonear sus capacidades bélicas.
En setiembre pasado, celebrando el 80º aniversario de la victoria de China sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial, el mandatario chino, Xi Jinping, realizó una muestra de poderío militar (foto de portada) junto al presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, un encuentro que la prensa internacional y analistas geopolíticos definieron como “inédito”, que además de celebrar el acontecimiento histórico mencionado constituyó una muestra de poderío militar y asociación política típica de la Guerra Fría que tantas preocupaciones causó a la humanidad.
También asistieron mandatarios o sus representantes de Cuba, Vietnam, Malasia, Pakistán, Bielorrusia, Irán, Serbia y Zimbabue.
En un acto de sinceridad, Han Yongguang, dirigente del Partido Comunista Chino desde hace más de 50 años, dijo que el festejo también fue oportuno para mostrar el poder militar chino, además de que “el mundo se une por la justicia”. Es claro a quienes estuvo dirigido el mensaje si consideramos que en esa “unión por la justicia” faltaron los líderes occidentales, empezando por el estadounidense Donald Trump y los europeos.
Como era de esperar, Washington recogió el guante.
En las primeras horas del martes 23 de diciembre la Armada estadounidense anunció que procederá a construir una nueva clase de buques de guerra enmarcada en la iniciativa conocida como “Flota Dorada” que lanzó Trump.
Según lo anunciado por el presidente de EE.UU. la Armada desarrollará una nueva clase de grandes buques de combate de superficie, o acorazados, de entre 30.000 y 40.000 toneladas, equipados y prontos para atender las necesidades modernas.
“La construcción creará miles de empleos estadounidenses. Vamos a crear empleos”, subrayó el mandatario, y describió los nuevos acorazados a los que se les dotará de armas hipersónicas, cañones de riel electrónicos y armamento láser de alta potencia, toda tecnología de avanzada ajena y lejana para el común de los ciudadanos.
La prensa ha destacado que reactivar la construcción naval estadounidense ha sido una de las principales prioridades de la administración Trump en materia de defensa. El objetivo es competir con China.
“En un mundo en el que la pugna entre las dos grandes potencias ha ido a más, el agujero cada vez más hondo en el que se encuentra la industria naval americana tras décadas de desinversión empieza a causar cierta preocupación. Ya no es solo una cuestión económica, sino de seguridad nacional y mundial”, publicó El Economista de España.
El mismo medio agrega: “La guerra por el Ártico ya es una realidad. Y por eso, en línea con lo anunciado esta noche a nivel de la Armada, EE.UU. prepara una gran flota de rompehielos para hacer frente a Rusia y China. El gigante asiático está aprovechando su amistad con Rusia para conseguir influencia en la zona mientras la Administración entrante de EE.UU. ha entendido que tiene que poner coto a esta dinámica. Este telón de fondo explica las repetidas declaraciones de Donald Trump insistiendo en comprar Groenlandia y en ‘anexionar’ Canadá, así como su anuncio hace unos meses de que, paradójicamente, en pleno avance del deshielo por el cambio climático, EE.UU. construirá una gran flota de 40 buques rompehielos para ‘patrullar’ mejor y en todo momento el área”.
Lo del título, el mundo ya está enfrascado en una carrera armamentista y aquellas estrofas que cantaba Scorpions hace casi 40 años no son más que una expresión de deseo, o tal vez solo fueron una ilusión pasajera.
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Foto de portada, desfile militar en China, setiembre 2025 | Foto de AP en France 24.

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