Decir que el Procría “empezó a caminar” no es una frase vacía. Significa que una parte importante de la ganadería uruguaya comienza a ordenarse, a discutirse, a mirarse con más claridad.

Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro | Minas, Lavalleja | Todo El Campo | El programa Procría ya está en marcha y, más allá de la noticia formal, lo que realmente importa es lo que empieza a pasar en el campo. Porque los programas no cambian la realidad por decreto: cambian cuando el técnico llega al predio, cuando se empieza a mirar el rodeo con otros ojos, cuando los datos dejan de ser promesas y pasan a ser información de verdad. Es ahí donde se enciende algo distinto.

Lo primero que surge es orden. La cría puede ser lenta en resultados, pero es muy rápida en mostrar cuándo se trabaja bien. Cuando los tactos se hacen a tiempo, cuando la entorada se planifica, cuando las vacas se clasifican como corresponde y el campo natural se maneja con criterio, el sistema empieza a respirar. No hay milagros ni secretos, hay proceso. Y cuando el proceso se sostiene, la productividad aparece como una consecuencia natural.

El contexto acompaña. Los precios de la reposición vienen fuertes, la faena tiene estabilidad, y eso le da margen al productor para animarse a ajustar cosas que quizá llevaba tiempo postergando. Pero lo realmente transformador no es el precio, sino el funcionamiento en grupos. Ahí es donde pasa la magia.

En un grupo, los productores comparan estrategias, se muestran datos, comparten decisiones y, casi sin darse cuenta, se empujan unos a otros a trabajar mejor. Lo que antes era una duda se convierte en una convicción porque otro ya lo probó. Las excusas empiezan a desarmarse cuando alguien del grupo demuestra que se puede. El técnico aporta método; el grupo aporta motor. Esa combinación es la que hace que la cría, que siempre fue de tiempos largos, pueda moverse más rápido.

A medida que el programa avance, no se esperan fuegos artificiales, pero sí un cambio sostenido. Rodeos más ordenados, registros más claros, decisiones más oportunas, más terneros logrados por vaca entorada, menos vacas “a ver qué pasa”. El impacto económico llega después, como resultado de un sistema que se vuelve previsible. Y para la ganadería familiar, la previsibilidad es casi tan valiosa como un buen precio.

Lo más profundo, sin embargo, no está en los porcentajes, sino en la cultura de gestión que empieza a instalarse: dejar de trabajar por intuición y empezar a trabajar por indicadores; dejar de reaccionar y empezar a anticipar; dejar de hacerlo solo y empezar a hacerlo acompañado. Ese cambio cultural es la verdadera capacidad instalada que puede quedar en los predios cuando el programa termine.

Por eso, decir que el Procría “empezó a caminar” no es una frase vacía. Significa que una parte importante de la ganadería uruguaya comienza a ordenarse, a discutirse, a mirarse con más claridad. Significa que la cría, ese rubro que sostiene al productor familiar desde siempre, está entrando en un proceso de mejora continua que puede marcar una diferencia real en los próximos años.

La cría no cambia de un día para otro. Cambia cuando se empieza a trabajar distinto. Y hoy, en muchos predios, eso va a empezar a pasar.

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