Para reducir los impactos productivos, económicos y aún emocionales, lo importante es monitoreas y a partir de ahí tomar decisiones a tiempo.

Montevideo | Todo El Campo | Cada vez que llega una crisis como la falta de precipitaciones, parece que no estamos preparados como deberíamos, dijo Marcelo Pereira del Instituto Plan Agropecuario. En declaraciones al programa Diario Rural (radio Rural) señaló que la seca es de los peores golpes que recibe un productor y que sus secuelas no son solo productivas o económicas.

“Cada vez que llega una sequía, que es un fenómeno recurrente, siempre nos agarra mal parados”, pero cualquiera sea el pastoreo que se realice en el establecimiento, “estos fenómenos tiran por tierra a todos los que no tomaron decisiones a tiempo”.

Es por esa razón que el proyecto de gestión de pasto a tiene que “elaborar un manual que salga de lo tradicional que ya se conoce”, apuntó.

“Una de las cosas que quedan en claro es que hay que tener algún sistema de monitoreo que nos permita tomar decisiones a tiempo y evitar que esas cicatrices que siempre quedan luego de un fenómeno de déficit hídrico no sean muy profundas”.

No es lo mismo déficit hídrico que crisis forrajera, son dos conceptos diferentes, porque se puede tener déficit hídrico y no forrajera porque se tomaron medias a tiempo; pero para pasar un déficit hídrico con el menor impacto posible en el forraje, es crucial tener un sistema de monitoreo”, agregó.

Pereira comentó en la entrevista que “no hay ningún sistema que pueda permanecer igual ante un fenómeno de déficit hídrico como el de ahora en Uruguay que tiene zonas con tres primaveras secas acumuladas, en algunos lugares cuatro. Es imposible que quede igual”.

De ahí la importancia de monitoreas: “El monitoreo permite medir el pasto, la comida de los animales y permite tomar decisiones que pueden ser comprar comidas, vender animales, clasificarlos, reservar pasto, etc. Lo que hemos visto es que a partir de que comenzó el déficit hídrico la gente ha tomado una catarata de decisiones, ese es el tema, tomar decisiones, para que las cicatrices que siempre quedan, sean lo menor posible y las secuelas se puedan recuperar”.

Cuando hablamos de secuelas “siempre decimos el pasto, el ganado y la economía, pero hay secuelas que quedan en la cabeza de la gente. No hay un fenómeno que deprima más a un productor, incluso mucho más que una bajada de precios, como el de la sequía. Eso está estudiado a nivel internacional, está muy estudiado en Australia y Estados Unidos. El tema es que nunca se sabe cuándo termina, incluso para algunos establecimientos hoy no ha terminado y se viene el invierno”.

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