La sicología y la sociología debería abordar el impacto de la sequía en campos que trascienden la economía y lo productivo: el aspecto sicológico y social. No vemos que alguien se esté ocupando de esa dimensión profunda del problema.

Hébert Dell’Onte | Todo El Campo | La sequía, la ola de calor y los incendios se han convertido en el centro de atención de todos los medios informativos del país. Es normal que así sea porque todos estamos preocupados y esperamos que pronto comience a llover.

La falta de precipitaciones es una preocupación de la gente de campo, pero también de la ciudad. Hay que ser demasiado necio para no darse cuenta de cuánto mal nos hace, como país, que las lluvias sigan postergándose. Mientras más se demoren las precipitaciones, mayor será el daño que sufrirá el país en general, y eso hay que tenerlo claro, no es el agro ni la pecuaria, somos todos.

Además, los incendios incrementados por la falta de precipitaciones se dan a nivel de campo como ciudad. Cualquier campito en alguna esquina ciudadana enseguida se enciende y los pastos secos son devorados por las llamas en minutos, amenazando las viviendas y a las personas que viven en la zona, al capricho de la dirección y la intensidad del viento.

Es innegable el daño productivo y laboral que la seca causa a miles de personas en todo el país, incluso a quienes no tienen nada que ver con la agropecuaria (o creen no tener algo que ver) en forma directa.

A eso se suma el aspecto sicológico que la falta de lluvia tiene en todos nosotros. En mayor o menor medida todos estamos cansados de no tener, desde hace meses, una lluvia digna de ser considerada como tal, y todos la esperamos ansiosos.

En el almacén cuando uno concurre a hacer su compra cotidiana, las personas expresan cansancio por una lluvia que muchas veces se anuncia pero no llega. Ni siquiera cuando es cielo se pone gris y se escuchan algunos truenos; incluso hay veces que hasta olor a lluvia hay, sin embargo no llueve.

Mientras tanto, la falta de lluvias que comienza siendo un problema económico, que además sabemos perjudica la seguridad alimentaria, acaba afectando la sicología humana en cuanto somos seres vivos, y como tales, la naturaleza impacta en las fibras más profundas de nuestro ser.

Pocos reparan en eso, pero no es difícil entenderlo. Para los que viven en la ciudad, si días agradables, plazas floridas, parques enverdecidos, árboles robustos hacen a la riqueza de la naturaleza y generan la reacción positiva de las aves y demás seres vivos, cosa que nos incluye, ¿por qué una fuerte y dura sequía que nos golpea y va marchitando, matando, todo aquellos que nos agrada y hace bien, no tendría un efecto negativo en la siquis humana?

Y si al citadino lo afecta ver cómo el parque o la plaza de su barrio pierde lo verde, y ya no estará la fuente encendida, ¿qué decir de la familia de campo que ve sus cultivos secarse y sus animales cada vez más flacos sin perspectiva de que eso cambie?

En 2016 la revista Avances de la psicología humana de la Universidad de Colombia publicó un artículo titulado Consecuencias de la sequía en la vida de los residentes del noreste rural de Brasil en el que se analiza el efecto de la sequía*.

En el resumen del artículo publicado como prólogo al mismo se señala que busca salir de la “visión reduccionista” de la sequía, porque hacerlo “facilita la naturalización de sus efectos sociales”.

El objetivo final del artículo era “discutir las implicaciones psicosociales de la sequía en la vida de los habitantes de una comunidad rural” que la sufre frecuentemente (en este caso del nordeste de Brasil).

Lo que quiero subrayar es que la investigación señaló que la sequía “impactó en la falta de agua para el consumo humano y animal, así como en las pérdidas en la producción. La inseguridad respecto al futuro, sentimientos de desánimo y tristeza, fatalismo y desesperanza aprehendida se analizaron como implicaciones psicosociales de la sequía”.

Además, en 2019 un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) llamó la atención sobre el efecto negativo de la sequía en la psicología de los niños y adolescentes. Se señaló entonces que la falta de precipitaciones genera tensión en las familias que están dedicadas a la agricultura y eso forma presión sobre los niños, los cuales, muchos de ellos, comienzan a preocuparse sobre el futuro de una forma no adecuada.

La sequía tiene impactos que conocemos y manejamos diariamente, pero cuidado, que niños y mayores pueden ser afectado en su sicología y ese es un tema del que nadie parece preocuparse ni ocuparse.

(*) Para acceder al artículo: Consecuencias de la sequía en la vida de los residentes del noreste rural de Brasil | Avances en Psicología Latinoamericana (urosario.edu.co)

Ambas fotos publicadas en este artículo son del subsecretario del Ministerio de Ambiente, Gerardo Amarilla, tomadas la semana pasada cuando recorrió las zonas de Melilla y Migues en Canelones |  Gerardo Amarilla @GerardoAmarilla

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