“Se sabe y son hechos publicados por la literatura científica, que a menor tamaño de la vaca aumenta la producción por superficie, con retornos económicos en muy destinos ambientes de pastoreo”.
Montevideo | Todo El Campo | Desde Salto, el Dr. Guillermo De Nava se refirió a la posibilidad de producir vacas con carcasas de mayor tamaño, algo que el mercado pide y que tienta a los productores, sin embargo, hay hechos objetivos que muestran que ir por ese camino puede ser contraproducente. También dedicó algunos segundos para comentar los tactos.
Los primeros resultados de tactos “son muy satisfactorios”, pero “se trata de rodeos muy bien manejados y especializados en la cría, de manera que no sorprende llegar a un porcentaje de más del 90% de preñez”, dijo el Dr. Guillermo De Nava al ser entrevistado este lunes 23 de marzo en el programa Diario Rural (CX4 Rural).
Desde Salto y bajo lluvia con registros que dan optimismo, el profesional comentó que esta zafra “el entore fue complicado” con un 31% de anestro, superando al del año anterior y muy superior al entore magnífico de hace dos períodos, aclaró.
¿MAYOR CARCASA?
Respecto al tema central de la entrevista, la demanda de una mayor carcasa que genera un ganado más grande, De Nava dijo que se escuchan comentarios de personas que viajan a Estados Unidos donde “hay un aumento en la producción de carne con menos animales, y procuran que aquí ocurra lo mismo”. Sin embargo, el profesional planteó que es necesario tener “una mirada un poco más amplia del sistema americano para darnos cuenta qué consecuencias puede tener en Uruguay el aumento del peso de las vacas asociado al tamaño de las carcasas”.
En Estados Unidos, si tomamos un período de 20 o 30 años, “vemos que en la mayoría de esos años los criadores han empatado o han perdido dinero con ejercicios negativos. Eso lleva a que en algunos estados el 80% o 90% de los criadores necesitan tener otro empleo y no viven de su campo porque indudablemente con el tiempo, el costo de alimentar sus vacas ha ido en aumento”.
Hay “datos concretos” sobre esa realidad. “Por ejemplo, un estudio de un genetista llamado Dorian Garrick indica que entre 1980 y 2017, en los encierros el novillo generó 103 dólares más a los propietarios de los encierros, pero en ese mismo período el costo alimenticio en una vaca se incrementó en 57 dólares. Es un ejemplo claro de que se necesita un balance para que el criador no se vea perjudicado”, subrayó.
En Uruguay, según datos del DIEA (Dirección de Estadísticas Agropecuarias), el 76% de todos los Dicose son criadores o ciclo completo, y ocupan más de 11 millones de hectáreas (82% del área ganadera). “Si continuamos aumentando el peso de las vacas eso significa un impacto en la fertilidad, correlaciones genéticas negativas entre el peso de la vaca, la fertilidad, la longevidad, la habilidad de permanencia; incluso en la producción de kilos de destete en la vida productiva de esa vaca”, apunto.
Por todo eso “debemos ser muy cautelosos a la hora de decidir si continuamos aumentando el peso de las vacas”, sin olvidar que “las vacas camperas, las vacas moderadas, profundas, fértiles, longevas, son las que hacen más fácil el negocio de la cría en Uruguay y en otros países”.
LAS PATAS DEL TABURETE: “GENÉTICA, MERCADO Y SISTEMA CRIADOR”.
De Nava señaló que se apela a que “el mercado pide” ese tipo de animales más grandes, y “por supuesto que se debe tener en cuenta”, pero “la tercera pata del taburete tiene que ser el sistema criador, y hay que contemplar un animal versátil, que le sirva a la industria pero al mismo tiempo tiene que ser un animal que nos ayude a que el negocio de la cría sea más fácil, aumentando la productividad y el retorno económico”.
“Se sabe, no es opinión, son hechos publicados por la literatura científica, que a menor tamaño de la vaca aumenta la producción por superficie, con retornos económicos en muy destinos ambientes de pastoreo”, añadió.
Las tres patas de ese taburete son “genética, mercado y sistema criador”, y para contemplarlo trabajamos con una vaca de 480 kilos, peso promedio en frigorífico, “pero sobre todas las cosas se trata de animales con un biotipo intermedio, con buen arco de costilla, buena capacidad abdominal, de fácil engorde y poniendo la fertilidad y la adaptación al ambiente, al campo natural. Aumentar el tamaño significa perder adaptación de esas vacas, y en términos más filosóficos, aumentar el peso y el tamaño también significa empeorar el bienestar animal; aumentar costos para modificar el ambiente para hacerla producir”, advirtió.
Ante la tentación de cumplir con lo que el mercado plantea, no se puede ignorar que en los últimos 100 años, la evolución muestra que “perseguir al mercado ha significado estropear la vaca y aumentar los problemas”.
Hay varios ejemplos de que ignorar el sistema productivo “puede perjudicar la producción y aumentar costos, pero el productor debe trabajar con información y tomar sus propias decisiones”.
ENTREVISTA COMPLETA.
Producción periodística: Horacio Jaume y Estela Apollonio (Diario Rural, CX4 Rural).
Una investigación de la Universidad de Queensland (Australia) trata “entender cómo rasgos como la altura, el peso, la puntuación de condición corporal y edad reproductiva están genéticamente conectados”.
Canberra, Australia | Todo El Campo | Un análisis de la Universidad de Queensland de datos genéticos de ganado del norte de Australia ha identificado regiones clave del genoma que influyen en rasgos como la fertilidad, el crecimiento y la condición corporal, a veces todos al mismo tiempo.
El Dr. Mehrnush Forutan, científico investigador de la Queensland Alliance for Agriculture and Food Innovation, afirmó que el estudio ayuda a explicar por qué algunos ganados crecen más rápido, alcanzan la pubertad antes y mantienen una mejor condición corporal que otros.
“Utilizamos registros de secuencia, expresión génica y rendimiento de 28.000 vacunos de varias razas”, dijo el Dr. Forutan, y agregó: “Nuestro objetivo era entender cómo rasgos como la altura, el peso, la puntuación de condición corporal y edad reproductiva están genéticamente conectados”, según reporta un artículo de la Universidad de Queensland publicado el martes 10 de marzo de este año.
El equipo descubrió que algunas variantes genéticas crean compensaciones claras.
“En algunos casos, la misma variante que aumenta la altura se asocia con la pubertad retrasada y también vemos lo contrario, donde variantes vinculadas a una pubertad más temprana pueden reducir la altura”, aseguró.
También observó que “a fertilidad tiene menor heredabilidad que los rasgos de crecimiento, por lo que el progreso puede ser más lento”.
“Históricamente, una fuerte selección por crecimiento y tamaño también puede dificultar identificar las variantes causales que afectan específicamente a la fertilidad”.
Asimismo, y a pesar de los desafíos, el Dr. Forutan afirmó que la investigación pone de relieve nuevas oportunidades para mejorar la fertilidad sin sacrificar el rendimiento.
“Es importante destacar que varias de las variantes de fertilidad que identificamos ya están representadas en paneles comerciales de genotipado de SNP” (Single Nucleotide Polymorphism, polimorfismo de nucleótido único en el ADN de un organismo); y “los mejoradores pueden empezar a utilizar esta información dentro de los programas de selección genómica existentes para gestionar mejor los intercambios”.
El equipo está investigando ahora si la inteligencia artificial (IA) puede mejorar aún más el descubrimiento de variantes causales y sus impactos en múltiples rasgos.
“El desafío es identificar las variantes que realmente impulsan rasgos económicamente importantes y cuantificar sus compensaciones con mayor precisión”, dijo el Dr. Forutan. “En última instancia, se trata de seleccionar animales capaces de alcancen la pubertad más temprano y puedan parir a una edad más joven, además de rendir bien, en lugar de mejorar un rasgo a costa de otro”.
NOTA DE REDACCIÓN. En síntesis, la investigación y el artículo de la Universidad de Queensland trata de producir y criar animales equilibrados, capaces de reproducirse temprano y mantener buenos niveles de producción, en vez de potenciar un rasgo (como el tamaño) que termine afectando negativamente otro (como la fertilidad).
Queensland es el estado líder en producción de ganado vacuno en Australia, albergando casi el 50% del rodeo nacional, que se centra en la cría extensiva y la exportación. Predominan razas que se adaptan de buena forma al clima tropical como el Brahman (foto) y sus cruzas.
Si los criadores continúan con esta tendencia de aumentar el tamaño de la hacienda, sus costos productivos se continuarán incrementando y sus márgenes económicos reduciendo. Estarán, en la práctica, subsidiando a los corrales y a las plantas frigoríficas a costo de su propio resultado económico.
Dr. Guillermo de Nava | Montevideo | Todo El Campo | Días pasados salió un titular de prensa en que el Dr. Álvaro Ferrés afirma: “Hay que empezar a producir carcasas más pesadas”. Para ser precisos, lo que afirma el Dr. Ferrés es que hay que acentuar una tendencia y aumentar aún más esos pesos de las carcasas, desde que los datos oficiales indican que los pesos de faena en Uruguay ya se vienen incrementando sostenidamente desde hace, al menos, 25 años.
No sorprende que el colega, en su calidad de directivo de una asociación nacional que nuclea a los encierros de engorde en Uruguay, haga esta afirmación. Álvaro, -un profesional respetado y talentoso al que le tengo, por cierto, simpatía-, solo está defendiendo los intereses de la asociación que representa. Lo que en realidad llama sí mucho la atención es la total ausencia de actores principales en nuestro país que hagan lo que hace el Dr. Ferrés para los encierros y defiendan lo que verdaderamente les sirve a los criadores; me refiero a voceros que expliquen el biotipo animal que habría que buscar en los sistemas criadores uruguayos para mejorar sus indicadores productivos y económicos. Casi un 80% de todas las declaraciones juradas de Dicose tienen vacas de cría que ocupan 11,6 millones de hectáreas, el 82% del área dedicada a la ganadería en nuestro país. Estos datos muestran la relevancia para nuestro país que haya más referentes e instituciones analizando y defendiendo conceptos fundamentales que hacen a la transformación eficiente del pasto natural en terneros.
Como aquellos no aparecen, pido permiso para explicar lo que está pasando cuando las carcasas son cada vez más pesadas.
El peso de las carcasas está altamente correlacionado con el peso adulto de las vacas. Las vacas más pesadas tienen mayores requerimientos nutricionales. Se deben manejar a una menor carga animal en los campos. Mantener las vacas más pesadas es más costoso. Las vacas más pesadas son menos eficientes porque tienen que comer más kilos de pasto para producir un kg de ternero al destete. Para los que están preocupados con los gases de efecto invernadero, se debe apuntar que las emisiones son mayores con una menor proporción de alimento usada para producción en relación al mantenimiento. El impacto ambiental de la cría se reduce cuando mejoran los indicadores reproductivos. Las vacas más grandes suelen tener menores tasas de preñez y tienen menor longevidad y habilidad de permanencia en los rodeos, todo lo cual hace que terminen destetando un menor peso total de terneros en su vida productiva.
Si los criadores continúan con esta tendencia de aumentar el tamaño de la hacienda, sus costos productivos se continuarán incrementando y sus márgenes económicos reduciendo. Estarán, en la práctica, subsidiando a los corrales y a las plantas frigoríficas a costo de su propio resultado económico.
En términos generales, la única forma viable de producir carcasas más pesadas es con apareamientos terminales en donde, tanto los machos como las hembras, se destinan para la invernada. Estos cruzamientos terminales, para ser económicamente sustentables, necesitan madres moderadas de tamaño, muy fértiles, funcionales y adaptadas al sistema criador; vacas que, una vez terminada una larga vida productiva, tendrán que sacrificarse yendo a faena sin que las carcasas registren pesos tan altos.
Así que, con mucho respeto, voy a parafrasear al Dr. Álvaro Ferrés, pero parándome dentro del cerno mismo de un sistema criador, o sea desde los intereses de la mayoría de los establecimientos ganaderos de nuestro país, para afirmar sin ambages “hay que empezar a producir vacas más fértiles, más rústicas, más camperas”.