18 de Octubre de 2021
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Vinicultura 11 de Mayo de 2021

Un rincón para los amantes del Tannat en Nueva York

Sarah Goler y William Emery son los dueños en Manhattan de Tannat, una tienda que es a la vez vinoteca, restaurant, mercado de vegetales, frutos y carnes, y elaboradora de comestibles hechos por ellos mismos con amor y por amor.

Vinicultura 11 de Mayo de 2021

Un rincón para los amantes del Tannat en Nueva York

Sarah Goler y William Emery son los dueños en Manhattan de Tannat, una tienda que es a la vez vinoteca, restaurant, mercado de vegetales, frutos y carnes, y elaboradora de comestibles hechos por ellos mismos con amor y por amor.

Montevideo – TodoElCampo* – Si algo tiene este mundo globalizado de la comunicación es que está lleno de sorpresas desde los más impensados orígenes. La curiosidad que a veces nos hace tirar de la punta de un ovillo y descubrir un valioso documento perdido por más de 120 años, hoy nos ha llevado a conocer a dos increíbles personas que nos abren la puerta a sus vidas desde Tannat Market & Tavern.

¿Cómo llegamos a Tannat? Nada menos que a través de Wine Enthusiast, donde una de sus cronistas menciona la tienda y consulta a Sarah sobre temas afines. Así, luego de un intercambio de mensajes, finalmente llegamos a entrevistarla, y a conocer su historia, plena de pasión y de ilusiones.

"Tannat apenas empezaba a ser conocido cuando decidimos realizar una pequeña campaña de prensa; y se ve que Emily Saladino, una de las redactoras de Winemag, se enteró así de nuestra existencia. Para las notas, simplemente me llamó por teléfono", dice Sarah. Lo más curioso es que ellas no se conocen. Sarah está segura de que Emily es una de sus clientas anónimas.

UN CAMBIO DE RUMBO.

Pero vayamos más atrás, a cómo se gestó esta verdadera historia de vida, porque Sarah no tiene formación académica en materia de vinos: posee un doctorado en Física [*]. "Yo era pequeña, mi mamá era madre soltera y trabajaba muchísimo para mantenernos a mi hermana y a mí, a pesar de que no tenía buena salud. Unos amigos de la familia, que veían el enorme esfuerzo que ella hacía, nos invitaban a cenar a su casa todos los martes por la noche para que mamá pudiese descansar al menos ese día", relata Sarah. "Ellos nos enseñaron a cocinar a las dos. Luego todos nos sentábamos en el living a charlar y los grandes bebían vino. Eso me dio un enorme sentido de la apreciación de lo que significaba sentarse a la mesa a compartirlo todo, incluso nuestras vidas, con otras personas. De esa familia con la que crecimos y nos criamos viene mi amor por la comida y por el vino".

"Cuando finalicé mis estudios y volví a Nueva York mi destino prácticamente estaba sellado: la única salida laboral posible en esta ciudad era ser profesora de física y me resistí. Eso no me gustaba. Me gustaba el trabajo y la investigación, pero no me interesaba la actividad académica", prosigue. "Hasta que cerca de seis años atrás conocí a William. Lo primero que me dijo es que desde pequeño le encantaba la física. Él estaba tan fascinado con que yo tenía un título en física, que se sorprendió cuando le dije que me gustaba, pero la docencia no me interesaba. Le conté que mi sueño era tener un viñedo, una bodega, hacer mi propio vino y tener un restaurante abierto tres días a la semana donde poder cocinar mis propias recetas, y mimar a mis clientes preguntándoles si precisan seguir alguna dieta especial, adaptar el menú a los ingredientes que tuviese cada día, y ofrecer esa comida con diversos vinos. Y me contestó: ‘No vas a creerlo, pero yo hice todas esas cosas’. Ocho días más tarde me pidió que me casara con él. Y así fue, solo que cerca de nueve meses después".

El sueño era grande y estaba un poco lejos de alcanzar: "Estuvimos averiguando para comprar tierras, arrendar un campo y armar una bodega, pero no nos cerraban los números, así que hace tres años y medio abrimos nuestro Tannat, y juro que no sabía en lo que me estaba metiendo... al principio fue un wine bar donde preparábamos comida con ingredientes del valle del Hudson, y elaborábamos y vendíamos nuestros propios productos como gravlax, pickles, etc., trabajábamos con una línea de vinos naturales de pequeñas bodegas regionales. De a poco sin perder ese espíritu inicial se fue ampliando a más oferta de productos y vinos de todas partes".

¿POR QUÉ TANNAT?

Ya queremos saber de dónde nació el nombre, cuál fue la conexión con nuestra cepa emblema: "Queríamos que fuese el nombre de una cepa", explica Sarah, "y me encantó que Tannat era un palíndromo, esa mágica combinación de letras que forman una palabra de adelante hacia atrás o viceversa. A él le pareció divertido, y entonces empezamos a explorar un poco más sobre la variedad y a beber el vino, y descubrimos que es una uva fabulosa, interesante, que permite elaborar todo tipo de vinos intensos y deliciosos, y que está presente en muchos países, además de Uruguay y los Estados Unidos".

"La reacción del público al nombre es simple: preguntan qué significa y les contamos. La mayoría nunca había escuchado de su existencia ni la había probado. Eso hace que vendamos un montón de vinos Tannat. En cierta forma, somos embajadores de la cepa Tannat en la ciudad de Nueva York". En este momento no tienen vinos uruguayos en stock, sí un Tannat rosado del estado de Oregon, y pronto van a recibir un tinto del mismo origen.

"Tenemos una alta rotación de vinos porque siempre elegimos bodegas pequeñas. Nos gusta cambiar, y eso nos brinda la oportunidad de conocer y probar muchos vinos, y seguir aprendiendo. No será de manera académica, pero nos encanta el conocimiento. El vino no tiene mucho que ver con la física, a excepción de que hay una fase empírica y que debes usar tu cerebro para reconocer y almacenar aromas, sabores y mucha otra información, y sin dudas es mucho más divertido", acota Sarah.

La selección de bodegas tiene en cuenta que sean del tipo boutique, y fundamentalmente que hagan sus vinos siguiendo prácticas agrícolas sustentables y con respeto por la comunidad donde se encuentren ubicadas y los seres humanos involucrados en los procesos de elaboración.

De los Tannat uruguayos que comercializó, Sarah recuerda particularmente los de una bodega: "Desde que abrimos tenemos vinos Tannat, el primero que tuvimos de Uruguay fue el de Viñedo de los Vientos y toda su línea fue un éxito, el licor Alcyone era favorito de varios de mis clientes, simplemente no podían creer lo que bebían. Espero poder volver a conseguir los vinos elaborados por Pablo Fallabrino, ya que vendimos hasta la última botella".

 

UNA PERLA EN EL UPPER MANHATTAN.

Ellos viven en el barrio donde establecieron Tannat, habitado por muchos inmigrantes de América Latina, principalmente dominicanos, pero también hay un grupo importante de irlandeses y judíos. Todos pertenecen a la clase trabajadora. "Nos va bien dentro de lo que significa mantener en alto el valor de una comunidad. Otra hubiese sido la historia si poníamos nuestro local en un mejor barrio de Nueva York, pero en realidad los ricos y poderosos se fueron de esta ciudad, de todos sus barrios exclusivos y también de los menos favorecidos; en el nuestro se sintió, pero menos".

Tannat está ubicado sobre Av. Broadway, frente a Fort Tryon Park y a pocos metros del Museo de Arte Metropolitano, conocido como el Met The Cloisters, y muy próximo a Innwood Hill Park, el único en la isla de Manhattan en que se conservan especies autóctonas y nativas en su entorno natural, sin un trazado paisajístico, donde se practican muchos deportes, y que está atravesado por "hermosos senderos" que son, para Sarah, "mi escondite favorito".

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EN PANDEMIA.

Cuando llegó la pandemia a Nueva York el local estaba abierto vendiendo alimentos y comidas con insumos de la zona de granjas y productores locales, y se hizo difícil conseguir un montón de ingredientes. En los mercados escaseaba la carne, y hasta los huevos. La logística desde puntos distantes estaba interrumpida. En un primer momento, con el impacto de gran escala, Tannat cerró durante un poco más de un mes.

"Reabrimos a mediados de abril. Por un lado, porque teníamos esa relación con productores locales, y vender era una forma de ayudar a los productores a generar sus ingresos. Simultáneamente era una forma de poner una importante cantidad de alimentos al alcance de nuestra comunidad, para que los llevaran a sus casas y pudieran cocinar y alimentarse", Sarah describe.

Tannat estableció un régimen de tiempo de compra de 15 minutos con turnos, cada uno de los clientes tenía su turno semanal, y llegaba puntualmente cuando le tocaba. "En total teníamos 216 turnos semanales, con ello se abastecían y alimentaban las familias de nuestra comunidad. Los granjeros podían vender, nosotros podíamos trabajar, y volvimos a incorporar a todos nuestros empleados. Todavía existimos, que no es poco".

"No es tan posible en el mundo del vino porque debemos tener y ofrecer productos de diferentes cepas, estilos y procedencias, y aun así nos gustaría asegurarnos de que los vinos que adquirimos para vender en nuestra tienda provienen de establecimientos que guardan una ética", finaliza Sarah. Para ambos, tiene una especial relevancia el estar generando negocios dentro de una comunidad, cuidando la cadena de suministros alimenticios y atendiendo a su gente.

Sarah tiene 36 años, y William está por cumplir 41. Ellos no tuvieron la opción de bajar los brazos. "Los dos trabajamos en el restaurant y el mercado ahora, es nuestra única fuente de ingresos. Si nos va bien, quizás en el futuro lleguemos a hacer realidad el sueño del vino propio".

[*] PhD en Condensed Matter Physics, University of Columbia.

Artículo original y fotos de Bodegas del Uruguay.

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