Dic 17, 2025 | Opinión
Un toro que trabaja sobre vacas bien paradas no discute, la eficiencia aparece sola.
Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro | Lavalleja | Todo El Campo | En las sierras del este, donde los campos parecen latir junto a cada arroyo que baja del cristalino, la cría vacuna tiene un ritmo propio. No es la ganadería de los grandes potreros ni de las pasturas templadas: es una cría que se hace al ras del suelo, con los recursos que la naturaleza ofrece y el productor administra con la paciencia de un relojero.
El paisaje ayuda a entender todo. Son lomas pedregosas, campos naturales de oferta limitada, pasto que mejora con cada lluvia y se reduce en cada seca. Allí, más que en ningún otro lado, el sistema depende de un equilibrio fino: la vaca, el pasto, el tiempo y las decisiones que se toman. Cuatro actores que no siempre se ponen de acuerdo.
Y en ese escenario aparece el punto de tensión máxima: la época de entore.
No hay otro momento del año que reúna tanto riesgo y tanta esperanza.
El entore, en las sierras, es más que una fecha: es el resultado.
Todo lo que se hizo, o se dejó de hacer durante los once meses anteriores se refleja ahí. No importa cuántos días se recorrió, cuántas aguadas se arreglaron o cuántos alambrados se tensaron, la vaca habla con su condición corporal, y es una voz que no tiene excusas.
Una vaca que llega justa, apretada, sin reservas, marca el rumbo del año siguiente: preñez más baja, menos terneros, menos reposición, menos ventas, menos ingresos. En un sistema serrano, donde cada punto de preñez pesa más que un novillo gordo, esos errores se pagan caros y por largo tiempo.
En cambio, cuando el manejo acompaña, cuando se ordenó el rodeo, se planificó la carga, se hizo un destete a tiempo, se cuidó el estado, se manejaron con descanso los potreros, el entore deja de ser una amenaza para transformarse en un trámite natural. Un toro que trabaja sobre vacas bien paradas no discute, la eficiencia aparece sola.
Por eso decimos que, en las sierras, más que en otros sistemas, “nos jugamos la producción del año” en esos 60–75 días. No por romanticismo, sino por matemática pura. Lo que falte ahí no se recupera después; lo que se gane ahí, rinde todo el ciclo.
Al final, la cría en las sierras tiene esa mezcla tan uruguaya de humildad y resiliencia.
No presume. No promete. No se esconde.
Pero cada noviembre, cuando los toros entran al rodeo y el campo se endurece bajo el sol, vuelve a recordarnos algo muy simple: que en estos suelos duros la ganadería, es un pacto entre la vaca y el productor. Y que el entore, siempre es el momento en que ese pacto queda a la vista.
Jun 27, 2025 | Opinión
No se trata de tener más, sino de hacer mejor.
Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro | Lavalleja | Todo El Campo | En un país ganadero como Uruguay, aumentar la producción de carne vacuna es una meta permanente. Pero a menudo se plantea como un problema de escala: más stock, más producción. Sin embargo, los datos y la experiencia de campo muestran que el verdadero potencial está en producir más con lo que ya tenemos, ajustando la estructura del rodeo, mejorando la eficiencia en todas las etapas y acortando los ciclos productivos.
No se trata de tener más, sino de hacer mejor.
¿QUÉ ESTRUCTURA DE RODEO QUEREMOS?
Hoy, buena parte del stock nacional está inmovilizada en novillos de 6 y 8 dientes, animales que permanecen en el sistema por más de 30 meses, con tasas de conversión decrecientes. Esa permanencia prolongada no solo es costosa, sino que compite con otras categorías estratégicas: vacas de cría, vaquillonas, terneros en recría.
Al bajar la categoría de novillos y acortar la edad de faena, se libera espacio físico y recursos forrajeros, lo que permite redistribuir el stock hacia un rodeo más “criador”: más vacas de cría y vaquillonas en recría, más jóvenes y productivas. Esto no solo aumenta la cantidad de terneros nacidos, sino que mejora la eficiencia general del sistema, al dinamizar la rotación y optimizar el uso del campo.
Reduciendo gradualmente la proporción de novillos pesados y extendidos, podemos liberar recursos para aumentar vacas de cría de buena performance, criar más terneros y recriar con mayor eficiencia. La clave está en rotar más rápido, no en ocupar más.
LA CRÍA ES EL MOTOR DEL SISTEMA.
Con alrededor de 4,2 millones de vacas de cría y una marcación nacional cercana al 65%, Uruguay tiene un techo técnico claro. Subir a 75 % o más no es utopía: muchos predios ya lo logran, combinando buen estado corporal al entore, diagnóstico temprano de gestación, descarte oportuno de vacas vacías y entores bien planificados.
Más terneros por vaca significa más carne sin más vacas, y mayor productividad del rodeo. Pero para sostener esa eficiencia, todo el sistema debe estar alineado: nutrición, sanidad, manejo reproductivo e infraestructura.
RECRÍA: LO MÁS IMPORTANTE ES LA EFICIENCIA, NO LA DURACIÓN.
Una recría bien manejada es tan importante como una buena preñez. La pérdida de animales o el atraso tras el destete son puntos críticos. Es posible -y necesario- acortar la recría sin perder kilos ni terminación, usando pasturas de calidad, suplementos estratégicos y seguimiento de la ganancia diaria.
Un novillo faenado a los 24-26 meses convierte mejor el alimento y libera rotación. No es engordar menos, sino antes y mejor, con menor costo forrajero por kilo.
¿QUÉ SE GANA?
• Más kilos de carne por hectárea y por año
• Mejor uso del forraje disponible, incluso en climas variables
• Menor huella ambiental (menos emisiones por kilo)
• Mayor flexibilidad comercial ante exigencias de mercados
¿Y POR QUÉ NO SE LOGRA?
El camino técnico está claro. Hoy, además, las señales de mercado son fuertes: un novillo gordo cerca de 5 USD/kg y un ternero en torno a 3 USD/kg premian la eficiencia.
No es un problema de grandes inversiones, sino de mejora de procesos.
LO QUE FRENA EL CAMBIO:
• Inercia productiva: sistemas diseñados para ciclos largos.
• Falta de gestión sistemática: decisiones (descarte, entore, suplementación) tardías o sin datos.
• Visión fragmentada: se evalúa cada categoría por separado, no el rodeo como sistema.
• Falta de decisión empresarial: avanzar exige salir de la zona de confort y pensar el negocio ganadero como un proyecto integral.
En la cría, lo esencial no es gastar más, sino gestionar mejor lo que ya sabemos. Una vaca preñada extra o un ternero recriado con eficiencia tienen un retorno muy alto. La inversión está en proceso, orden y decisiones a tiempo, no en insumos costosos.
¿PODEMOS PRODUCIR 4 MILLONES DE TERNEROS?
Hoy Uruguay produce entre 2,8 y 3 millones al año. Llegar a 4 millones exige agrandar el rodeo de cría, pero también liberar espacio en el stock:
• Reducir novillos de 6 y 8 dientes: liberando forraje e instalaciones.
• Aumentar vacas de cría y sumar reposición de vaquillonas.
• Elevar la marcación nacional al 75 % o más.
• Mejorar la recría y el destete con base forrajera disponible.
Es un desafío de escala y gestión, pero el potencial productivo existe.
DE TERNEROS A FAENA.
Es importante recordar que 4 millones de terneros se traducen en aproximadamente 3 millones de cabezas faenadas en pie.
Ese volumen genera un aumento considerable de trabajo en todas las etapas de la cadena —desde transporte y servicios de campo hasta planta de faena— y un impacto económico muy relevante, tanto para los productores como para la industria frigorífica y la economía nacional.
CONCLUSIÓN.
Uruguay no necesita más vacunos en total, sino más terneros, menos pérdidas, mejores recrías y novillos más jóvenes a faena. Las condiciones están: conocimiento, precios, tecnología y clima institucional.
Lo que falta no es un insumo ni un crédito: lo que falta es decisión.
La ganadería del futuro será más profesional, rápida y precisa. Y definitivamente, con menos dientes en la balanza.