Dic 6, 2025 | Información, Noticias
La estrategia de Ancap se basa en analizar todas las alternativas energéticas que contribuyan a fortalecer la seguridad y la soberanía energética del país, dijo su presidenta.
Montevideo | Todo El Campo | Se realizó en la Universidad Católica del Uruguay (UCU) la conferencia internacional “El Futuro de la Energía: oportunidades de colaboración entre EE.UU. y Uruguay”, una jornada que convocó a autoridades, expertos y referentes del sector para debatir alianzas estratégicas en innovación, transición energética y desarrollo sostenible.
La jornada apuntó a explorar nuevas vías de cooperación, impulsar inversiones, fortalecer el intercambio tecnológico y potenciar la matriz energética uruguaya de cara a los desafíos globales.
La presidenta de Ancap, Cecilia San Román, participó del panel “Oferta energética hacia 2050”, junto con el economista de Energía Senior del Banco Mundial Carlos Costa, el CEO de HIF Uruguay Martin Bremmerman, el director de Aguas Profundas de Apache Hamish Macintyre y el director comercial de Neuman & Esser – Hytron Daniel Lopes.
En su exposición, San Román destacó que la estrategia de la empresa se basa en analizar todas las alternativas energéticas que contribuyan a fortalecer la seguridad y la soberanía energética del país.
Subrayó que la empresa mantiene la obligación de garantizar el abastecimiento de los combustibles tradicionales, pero que, en paralelo, su primera responsabilidad es avanzar en la descarbonización de las actividades actuales y mejorar la eficiencia operativa. Según explicó, estos esfuerzos no solo optimizan la gestión, sino que también reducen el impacto en el cambio climático y en la contaminación ambiental.
Además, señaló que Ancap está realizando un análisis previo para desarrollar un piloto de hidrógeno junto a UTE, incorporando también a la academia, con el objetivo de proyectar su uso en la movilidad pesada.
Asimismo, la jerarca agregó que la empresa también evalúa nuevas líneas de trabajo en la refinería, entre ellas la incorporación de aceites vegetales en la corriente de procesamiento para producir diésel renovable o combustibles sustentables para aviación, iniciativas que actualmente se encuentran en estudio.
“URUGUAY POSEE CONDICIONES NATURALES ESPECIALMENTE FAVORABLES PARA EL DESARROLLO DE BIOCOMBUSTIBLES Y BIOMASA”.
Carlos Costa, economista de Energía Senior del Banco Mundial, sostuvo que Uruguay posee condiciones naturales especialmente favorables para el desarrollo de biocombustibles y biomasa, apoyadas por un marco regulatorio que comenzó en 2002 y se fortaleció en 2021.
Señaló también que Ancap y ALUR cuentan con activos estratégicos para la producción de combustible de aviación mediante tecnología HEFA (Hydrotreated Esters and Fatty Acids, es un proceso para producir combustibles renovables como el diésel verde y combustible de aviación sostenible (SAF) a partir de aceites vegetales).
Asimismo, destacó que Ancap cuenta con recursos humanos de alto nivel técnico que deberían aprovecharse para impulsar el desarrollo energético.
“No hay que olvidar que el llamado de HIF (empresa líder en combustibles sintéticos que se asoció con Ancap para desarrollar hidrógeno verde y e-combustibles en Paysandú) fue una convocatoria que hizo Ancap para buscar socios privados, y eso implica que los propios técnicos de Ancap tuvieron esa visión de largo plazo de ver todas las ventajas que tiene el país. Y lo han vuelto a ver nuevamente ahora con todo lo que están haciendo en el tema del hidrógeno con camiones pesados y con las oportunidades que tiene Uruguay en combustibles sustentables de aviación”, finalizó Costa. Según lo informado por Ancap, la conferencia integró una mirada amplia sobre los desafíos y oportunidades del sector energético, integrando perspectivas técnicas, empresariales y académicas. Además, destacó el rol estratégico de Uruguay en la transición energética y el potencial del país para liderar iniciativas que impulsen un futuro más sostenible y competitivo.
Dic 6, 2025 | Información, Noticias
En el sentido profundo, humano y ético, descarbonizar la energía como la economía de un país no solo es decidir qué hacer con el petróleo, sino sumar todas las fuentes posibles y convenientes de energía para sostener el crecimiento económico que permita alcanzar el desarrollo humano.
Montevideo | Todo El Campo | Hace unos años, el Consejo Mundial de la Energía definió como el trilema energético consistente en a) las sociedades deben buscar simultáneamente en todo momento la seguridad en el abastecimiento de la energía, b) la equidad en el acceso para todos sus integrantes y c) la sostenibilidad ambiental, recuerda el Ing. Alejandro Stipanicic (expresidente de Ancap durante el gobierno de Luis Lacalle) en un editorial publicado por el Centro de Estudio de Políticas Públicas (CEPP), institución de ideas, investigación y debate sobre políticas públicas, que preside.
Es “imperativo” avanzar en la “sustitución de combustibles” fósiles por renovables, al igual que “reciclar los productos de la combustión, capturar y volver a almacenar el carbono en depósitos geológicos y desarrollar todas las tecnologías que permitan ampliar la oferta energética baja o libre de carbono fósil”.
Para eso hay que recordar “tres principios fundamentales”, agrega, el primero, la “neutralidad tecnológica” que consiste en que “toda solución conveniente es bienvenida, no es sano direccionar a nuevas tecnologías costosas o prohibir tecnologías probadas y mejorables”; además de que “! todos los energéticos disponibles aporten y convivan según lo mejor y más conveniente para cada uno en cada lugar del mundo”.
En segundo lugar, menciona el principio de “aditividad”, o sea “sumar fuentes, ampliar la oferta, no sustituir por dogma o imposición”.
Y tercero, la “diversidad de transiciones energéticas” que es que “cada país y región del mundo tiene sus particularidades, sus prioridades y sus recursos; imponer una visión desde una región a otra es establecer una relación de colonialismo energético en el que el beneficio sólo puede ser unidireccional”.
“Estos tres principios suponen sencillamente adoptar una estrategia para la transición energética adaptativa a cada sociedad, sumando nuevas fuentes sin privilegiar (subsidiar) ninguna a priori. Significa ejercer la mayor libertad posible en la elección de la herramienta para contribuir a la descarbonización”.
La carrera hacia la descarbonización “no se trata de petróleo si o petróleo no”, escribió más adelante, sino “de sumar todas las fuentes posibles y convenientes de energía para sostener el crecimiento económico para alcanzar el desarrollo humano. Sin dogmas, sin intereses particulares, atendiendo a una sociedad mundial despareja en recursos, necesidades y posibilidades que necesita de la energía tanto como el aire limpio para vivir”.
El siguiente es el artículo completo del Ing. Stipanicic.
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LA ÉTICA EN LA ERA DE LA DESCARBONIZACIÓN.
Solemos escuchar a mucha gente hablar sobre descarbonizar la industria, el transporte, la generación eléctrica o el consumo en general. Pero ¿qué significa el concepto? Es sencillamente dejar de introducir CO a la atmósfera a partir de cadenas de carbono originadas en el subsuelo (petróleo, gas y carbón) y, en una medida más exigente, empezar a reducir la cantidad de CO2 que ya está circulando en la atmósfera por vía de la captura y el almacenamiento en reservorios geológicos.
Es decir, cuando hablamos de descarbonizar debemos entender que el propósito apunta a mantener y reducir el balance de carbono en la atmósfera. Ese es el objetivo y medios para alcanzarlo hay muchos.
Dejar de quemar combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) es el más conocido, el más difundido y promocionado por algunos, pero en rigor, en el camino a descarbonizar es posible y saludable establecer metas razonables, asequibles y, sobre todo, económicamente viables. Las energías fósiles representan, como hace 20 años, el 80% de la energía primaria que utiliza el mundo. Con un crecimiento de la demanda total de energía del orden del 2% anual, no parece razonable pensar en sustituir toda la energía fósil en pocos años.
Si bien es un imperativo (moral, científico, social, tecnológico, el adjetivo que cada uno prefiera utilizar) seguir avanzando en la sustitución con combustibles renovables, reciclar los productos de la combustión, capturar y volver a almacenar el carbono en depósitos geológicos y desarrollar todas las tecnologías que permitan ampliar la oferta energética baja o libre de carbono fósil, parece necesario recordar tres principios fundamentales:
1. Neutralidad tecnológica: toda solución conveniente es bienvenida, no es sano direccionar a nuevas tecnologías costosas o prohibir tecnologías probadas y mejorables; que todos los energéticos disponibles aporten y convivan según lo mejor y más conveniente para cada uno en cada lugar del mundo.
2. Aditividad: sumar fuentes, ampliar la oferta, no sustituir por dogma o imposición.
3. Diversidad de transiciones energéticas: cada país y región del mundo tiene sus particularidades, sus prioridades y sus recursos; imponer una visión desde una región a otra es establecer una relación de colonialismo energético en el que el beneficio sólo puede ser unidireccional.
Estos tres principios suponen sencillamente adoptar una estrategia para la transición energética adaptativa a cada sociedad, sumando nuevas fuentes sin privilegiar (subsidiar) ninguna a priori. Significa ejercer la mayor libertad posible en la elección de la herramienta para contribuir a la descarbonización.
Pero claro, para ello es imprescindible recordar lo que el World Energy Council (WEC) definió hace algunos años como el Trilema de la Energía: las sociedades deben buscar simultáneamente en todo momento la seguridad en el abastecimiento de la energía, la equidad en el acceso para todos sus integrantes y la sostenibilidad ambiental.
Y este es un punto para nada menor y que refuerza los tres principios antes mencionados: en el mundo hay alrededor de mil millones de personas que no acceden a la energía producida por el mundo moderno. Para ellos, la transición energética no es avanzar a energías más limpias, es sencillamente acceder a la energía. Para las sociedades más desarrolladas, en cambio, donde las necesidades básicas están bien cubiertas para una enorme porción de la población, hablar de mayores precios para asegurar la sostenibilidad ambiental parece ser un problema más romántico.
Pero para esas personas que aún hoy no tienen acceso a energía y que, se manejan con fuentes primitivas y contaminantes, introducir energías más caras solo va a promover acrecentar la brecha y sumir en la pobreza energética a más gente.
En la última década ha habido un empuje notorio en prohibiciones; alianzas internacionales apuntan al cese del uso de la energía fósil y hasta la prohibición de vehículos con motores de combustión interna. La intención declarada podría decirse (con reservas) que es buena, pero el medio es absurdo y contraproducente. Prohibir algo que significa el 80% del soporte actual (y hace 20 años también) de la actividad económica del mundo sin tener resuelto cómo va a ser sustituido, es una locura. Prohibir el uso de motores que consumen combustibles fósiles atenta contra el desarrollo tecnológico de los combustibles sintéticos (moléculas de hidrocarburos que no provienen necesariamente del mundo fósil). Es tan absurdo que da para sospechar que la intención declarada no es la intención implícita.
Si bien los combustibles sintéticos tuvieron su auge e inicial desarrollo en Alemania y Japón en la época de las guerras de la primera mitad del siglo XX, el desarrollo de la electrólisis a gran escala a partir de energía eléctrica de fuente renovable para la producción de hidrógeno y de la tecnología de captura de CO2 del ambiente así como de la segunda generación de combustibles renovables que está pisando fuerte (hidrocarburos que vienen del mundo vegetal -aceites vegetales- o animal -sebo-) abren un escenario sustentable y accesible… ¡para motores de combustión interna!
No se trata de petróleo si o petróleo no: se trata de sumar todas las fuentes posibles y convenientes de energía para sostener el crecimiento económico para alcanzar el desarrollo humano. Sin dogmas, sin intereses particulares, atendiendo a una sociedad mundial despareja en recursos, necesidades y posibilidades que necesita de la energía tanto como el aire limpio para vivir.
Al fin y al cabo, actualmente, el 21% de los coches eléctricos de Alemania y el 16% de Estados Unidos circulan en base a electricidad generada con carbón.
¿Queremos más energía o queremos energías más limpias?
¿Quién define los tipos de energía que vamos a usar en el futuro?
¿Quién pone las metas de la transición para cada país o región?
¿Estamos dispuestos a pagar más?
¿Qué hacemos con la pobreza energética si la energía es cada vez más cara?
¿Estamos dispuestos a cambiar hábitos y rutinas?
¿Vamos a renunciar a nuestro actual confort?
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EL AUTOR. Alejandro Stipanicic es ingeniero industrial opción Mecánica por Udelar. Máster profesional en Dirección y Administración de Empresas por el IEEM, UM. Fue presidente de Ancap entre 2020 y 2024. Sus artículos, entre otros de información y análisis, se pueden leer en CEPP – Centro de Estudios de Políticas Públicas
Jun 14, 2025 | Información, Noticias
El mundo depende del sector naviero para movilizar producciones de todo tipo (tecnología, alimentos, etc.). La descarbonización de esa actividad es fundamental para lograr un mundo más limpio.
Montevideo | Todo El Campo | Si el sector transporte no hace el esfuerzo para convertirse en un sector descarbonizado, de poco servirá lo que se pueda lograr desde la producción. Afortunadamente, los actores de ese sector clave en el comercio mundial han tomado conciencia, y en lo que tiene que ver con el transporte marítimo global, se encamina hacia una transformación en materia de emisiones.
“El sector mundial del transporte marítimo se prepara para una transformación de emisiones netas nulas que tendrá repercusiones en todo el sector, desde las cadenas de suministro y los modelos de negocio hasta los buques, los puertos y la mano de obra marítima”, informó la Organización Marítima Internacional (OMI), un organismo de las Naciones Unidas.
Los llamamientos a invertir en la descarbonización son cada vez más fuertes, por eso, en abril pasado, la OMI aprobó una nueva normativa sobre combustibles y emisiones netas nulas para los buques, cuya adopción está prevista para octubre.
Arsenio Domínguez, secretario general de OMI, dijo que es necesario el “desarrollo tecnológico y combustibles alternativos”, lo cual “sólo puede ocurrir de una manera: con inversión”, en referencia a la importancia de una mayor inversión en combustibles alternativos en cantidades suficientemente grandes como para sustituir los 350 millones de toneladas de fueloil que actualmente queman los buques cada año. Las expresiones de Domínguez fueron el 8 de junio en el Foro de Financiación de la Economía Azul.
También será necesario mejorar las infraestructuras portuarias y las operaciones de toma de combustible para suministrar energía limpia de forma segura a los buques cuando hagan escala en puertos de todo el mundo.
“Es una transformación completa de la navegación comercial. Harán falta ecosistemas para hacerlo juntos”, declaró en el mismo evento Christine Cabau-Woehrel, vicepresidenta ejecutiva de la compañía naviera y logística CMA CGM.
Según el Consejo Mundial del Transporte Marítimo, ya operan al menos 200 transatlánticos (buques portacontenedores) que pueden funcionar con combustibles de emisiones nulas o casi nulas, mientras que cerca del 80% de todos los nuevos pedidos de buques portacontenedores y buques para el transporte de vehículos tendrán la misma capacidad híbrida.
“El sector del transporte marítimo en buques de línea regulares ya ha invertido 150.000 millones de dólares en la descarbonización. Es algo sin precedentes para el sector del transporte», declaró el presidente del Consejo Mundial del Transporte Marítimo, Joe Kramek.
“Pero necesitamos el suministro de combustible (…) es una tremenda oportunidad de inversión”, añadió”.
El nuevo conjunto de normas, conocido como “Marco de emisiones netas nulas de la OMI”, adopta un doble enfoque: una norma mundial sobre combustibles que limita la intensidad de los gases de efecto invernadero (GEI) de los combustibles para uso marítimo, y un mecanismo de fijación de precios de las emisiones de GEI de los buques.
La normativa envía una clara señal de demanda a los productores de combustible, al tiempo que recompensa a los “pioneros”, es decir, a las compañías navieras que asumen el riesgo de adoptar soluciones de bajas y nulas emisiones en una fase temprana, y que luego pueden compartir sus experiencias y conocimientos con los demás.
El “Marco de emisiones netas nulas de la OMI” se suma a las medidas adoptadas anteriormente por la Organización para potenciar el diseño de buques energéticamente eficientes, las mejoras operativas y las clasificaciones de intensidad de carbono. Se revisarán cada cinco años y los límites de emisión se irán endureciendo con el tiempo.
Domínguez destacó que estas normas son obligatorias y deben aplicarse a todos los buques de navegación marítima que comercien internacionalmente, independientemente de su pabellón.
El secretario general de OMI también instó a la comunidad internacional a centrarse en acciones concretas y en la implantación de los diversos compromisos mundiales ya acordados.
“Es hora de que pasemos de las declaraciones y los compromisos a los hechos. Es lo que llevamos haciendo en la OMI desde hace más de una década. Eso es lo que vamos a demostrar de nuevo en octubre, y no nos detendremos ahí”, aseguró.
Y añadió: “La descarbonización tiene un costo. Ya hemos gastado dinero en contaminar el medio ambiente. Es hora de que todos invirtamos en limpiarlo y hacerlo sostenible para las generaciones futuras”.