20 de Octubre de 2020
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Actualidad 05 de Mayo de 2016

Enfriar la cabeza antes de tomar decisiones. Un aspecto clave en las crisis

Fernando Ravaglia: "Lamentarse no sirve de nada, y ahora que lo pensamos, ¡qué bien estábamos cuando nos lamentábamos solo por los precios bajos! ¿No?."

Actualidad 05 de Mayo de 2016

Enfriar la cabeza antes de tomar decisiones. Un aspecto clave en las crisis

Fernando Ravaglia: "Lamentarse no sirve de nada, y ahora que lo pensamos, ¡qué bien estábamos cuando nos lamentábamos solo por los precios bajos! ¿No?."

Argentina. Ing. Agr. Fernando Ravaglia / TodoElCampoLas consecuencias para la empresa del caos o la confusión provocada por las situaciones de crisis son muy variadas: desconcierto, malas decisiones tomadas de apuro, desperdicio de insumos y de tiempo, pérdidas económicas, conflictos con los empleados, reproches de los familiares, angustia, etc…

De hecho comprobamos que la crisis se convierte en una gran prueba a superar, una prueba para nuestro ánimo, una prueba para el equipo humano para ver si está comprometido y capacitado, una prueba para nuestra organización y capacidad de prever problemas, una prueba para la cohesión de nuestra familia y una gran prueba para los que estamos a cargo de liderar la empresa, dar el ejemplo y mantener el mayor control posible de la situación.

Voy a tratar entonces de aportar algunas ideas de lo que hago cuando tengo que enfrentar situaciones complicadas, a sabiendas de que estas no son recetas, son ideas que a algunos les podrán servir y a otros no, cada uno tome aquellas que siente que mejor se adaptan a su situación.

Cuando los efectos de un desastre se empiezan a acumular, y en este aspecto una inundación pega mucho más rápido que la progresividad de una sequía, es muy fácil sentir que las cosas nos pasan por arriba y se nos van de las manos.

EL PRIMER DESAFÍO: ENFRIAR LA CABEZA Y ENFOCARSE 

Me tiran cinco penales a la vez, ¿Cuál atajaré primero?, ¿Qué gol me dolerá menos?, porque algún gol me van a hacer, y entonces se escucha decir como justificándose "Y viste… en la desesperación uno hace cualquier cosa", y cualquier cosa es justamente lo peor que se puede hacer en una crisis, de ahí la gran importancia de enfocarse para evitar la confusión cuando empiezo a sentir que las cosas me superan y no sé para donde disparar.

Entonces ¿Cómo enfocarme?, debo tener todas las dificultades a la vista y tratar de priorizar su solución en función de la gravedad de cada uno. Para ello, una buena alternativa es escribir en una hoja de papel cada problema, uno abajo del otro y analizarlos uno por uno con un criterio diferente al que usaba antes.

El nuevo criterio pasa por pensar cómo mantengo mi capital hacienda y alimento lo más seguro posible, porque es "la máquina" que me permitirá recuperarme cuando el agua pase, obviamente será importante poder seguir entregando la leche para tener un flujo de fondos que me dé aire, pero si me quedo sin hacienda se me acabó este negocio.

Si antes todo estaba pensado, alimentación, suplementación, manejo, para una meta de, por decir, 25 litros por vaca / por día, ahora la meta es hacer durar el alimento y que los animales no se me mueran hasta que el desastre pase, o sea, a toda costa cuidar mi capital de trabajo.

Si antes daba de comer sobre los bolsones de silo con orificios laterales con autoconsumo y ahora el agua entra por los orificios laterales de los bolsones y me hace correr el riesgo de que se me pudra todo, veo cómo cambio la estrategia para cuidar el alimento que se hizo crítico en la nueva situación.

Las crisis me enseñan además la importancia de pensar con flexibilidad, se acabaron las recetas, ahora debo improvisar lo mejor posible con lo que me queda y pensar en salvar lo más que pueda.

EL SEGUNDO DESAFÍO: ORDENAR MIS SENTIMIENTOS

Si ordenar las ideas es importante, ordenar los sentimientos lo es más aún, ya que en los momentos complicados lo más probable es que a la angustia de la confusión se sume el hartazgo, el cansancio, la desesperanza, la bronca, impotencia y un montón de sentimientos más que lo que hacen es hacerme perder objetividad y querer mandar todo al demonio.

El problema de esto, es que decisiones tomadas "en caliente" generalmente no son objetivas y pueden hacer que después me arrepienta de lo que hice.

Un ejemplo es querer liquidar el tambo sin darse cuenta de que deshacerse de bienes en un momento de crisis equivale a quemarlos ya que mucha gente está ofreciendo lo mismo (hacienda, máquinas, equipos, etc…) a un mercado deprimido, mientras que si somos capaces de superar el cansancio y pasar el mal momento haciendo el esfuerzo de meter el corazón en una cajita y pensar solo con la cabeza, lo más frecuente es que una vez pasada la situación problema el mercado se recomponga y el precio de la hacienda y la leche suba nuevamente ante la caída de oferta previa, y los que aprovechen la situación sean los que hayan podido aguantar.

Una ventaja, al menos, que tienen las crisis climáticas es que en el fondo no tenemos un cargo de culpa adicional, ya que el evento climático no depende de nosotros, como podría pasar con una situación de endeudamiento, salvo que hayamos insistido con sembrar en lotes bajos a pesar de todos los pronósticos, y ahí si tendremos que replantear nuestras decisiones en el futuro.

TERCER DESAFÍO, ORDENAR MIS MALTRECHAS CUENTAS

En este punto, el objetivo es tratar de tener un flujo de fondos, que por limitado que sea permita seguir cubriendo las necesidades más imprescindibles, de la empresa, nuestra familia y de nuestra gente.

Es muy importante entonces empezar por hablar con todas las personas que dependen de nosotros y hacerles comprender la gravedad de la situación, tanto si son familiares como empleados como para que cuiden al máximo sus gastos, los recursos de la empresa y se predispongan a hacer algún sacrificio en aras de estirar el dinero todo lo posible hasta que pase el mal momento.

Los presupuestos tienen la ventaja de que nos permiten dimensionar en términos económicos el esfuerzo que habrá que hacer y contraponerlo contra los ingresos que será factible lograr y los recursos que nos quedan, en este caso será un presupuesto de mantenimiento, una especie de presupuesto de supervivencia.

Vayan contestando entonces estas preguntas y usando las respuestas para ir completando su presupuesto de emergencia.

¿Cuáles son los costos mínimos imprescindibles que la empresa debe cubrir para poder seguir funcionando?.

¿Qué gastos se pueden diferir o postergar para más adelante?

¿Qué gastos que no estaban previstos habrá que hacer para evitar mayores pérdidas?, por ejemplo gastos de alimentación o de sanidad adicionales para evitar mortandades.

¿Cuánto dinero se requiere para cubrir las necesidades imprescindibles de nuestra familia – vivienda, alimentación, salud, etc…-?, ¿ y las de nuestros empleados?.

¿Qué ingresos es previsible tener producto de la producción o las reservas que se puedan vender?, en este aspecto siempre conviene ser pesimista en cuanto a rendimientos y precios y no pecar de un exceso de optimismo que después nos haga quedarnos cortos a la hora de cubrir gastos.

Mantener la energía anímica y aprender todo lo posible de la situación crítica es otro punto fundamental, pero lo desarrollaré en una próxima nota, por lo pronto recuerden que lamentarse no sirve de nada, y ahora que lo pensamos, ¡qué bien estábamos cuando nos lamentábamos solo por los precios bajos! ¿No?.

A mantener el ánimo entonces y seguir peleando aunque la situación sea muy difícil, que lo que no nos mate, nos fortalecerá.

 

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