12 de Diciembre de 2018
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Actualidad 05 de Mayo de 2016

Si te interesa tu futuro, preocúpate por crearlo

Anímense a soñar, incluso en medio de la crisis y aunque parezca ilógico, tener un sueño que nos movilice puede ser el salvavidas anímico que necesitamos para seguir dando batalla a las dificultades que nos pone la vida por delante.

Actualidad 05 de Mayo de 2016

Si te interesa tu futuro, preocúpate por crearlo

Anímense a soñar, incluso en medio de la crisis y aunque parezca ilógico, tener un sueño que nos movilice puede ser el salvavidas anímico que necesitamos para seguir dando batalla a las dificultades que nos pone la vida por delante.

Argentina. Ing. Agr. Fernando Ravaglia / TodoElCampoLa frase que dispara el título de esta nota la leí hace muchos años y pertenece a Peter Druker, el padre del management moderno.

Debo decir que desde entonces la tomé como una guía para mi vida, y desde ese punto de vista quiero compartir algunas ideas con ustedes.

En primer lugar nunca me gustó depender de otras personas y organizaciones, lo cual es un desafío en sí mismo ya que la independencia tiene sus gratificaciones cuando uno tiene la libertad de manejar su tiempo y su vida como más le guste, pero tiene el precio de no saber cómo se llega a fin de mes cuando el trabajo no aparece y uno debe mantener a su familia, y sin embargo, cuando uno aprende a administrarse con prudencia y a tener varias fuentes de ingresos, el desafío de ser independiente se puede hacer realidad, no importa a qué actividad uno se dedique.

Algunas pistas entonces, en forma de reflexiones para re pensar la relación con nuestra empresa.

El punto de partida: Tener un sueño que se quiera cumplir fervientemente.

Muchas veces el inicio de un proyecto es un sueño, un deseo ferviente, un objetivo que uno anhela cumplir y que sirve como el principio para empezar a recorrer un camino que movilice nuestras energías, y aunque parezca raro, son poquísimas las ocasiones en las cuales la gente pueda manifestar o simplemente haberse planteado el cumplimiento de un sueño.

Un sueño puede ser un modelo de empresa con una o varias actividades integradas entre sí, sin deudas, con un equipo humano consolidado, con la familia participando activamente en el presente y en el futuro.

Un sueño puede ser alguna actividad familiar importante, integradora, como un viaje con todo el grupo íntimo y cercano (hijos y nietos por ejemplo).

Un sueño puede ser el desarrollo de alguna actividad productiva alternativa que además de generar un nuevo ingreso pueda ser tomada como un hobby o pasatiempo grato para el productor o alguno de sus familiares.

Un sueño puede ser la concreción de un proyecto solidario, en donde uno comparta un poco de su bienestar con otras personas que lo necesitan, y así tantas cosas más.

La gran ventaja es que un sueño verdaderamente deseado se convierte en un imán que atrae nuestra energía y justifica nuestro esfuerzo y sacrificios cuando la situación se pone difícil por el motivo que sea (economía, clima, problemas familiares, etc…).

Segundo: Pasar del sueño a los objetivos.

Los objetivos son la siguiente etapa para empezar a aterrizar ese sueño en las actividades cotidianas, ya que con metas parciales, lo mismo que los escalones de una escalera, nos acercamos al logro de nuestros deseos.

En este punto creo importante mencionar una de las excusas más frecuentes que me presentan cuando planteo el tema de la importancia de definir objetivos.

Muchos me dicen:

"¿Para qué voy a definir objetivos de mediano o largo plazo en este país si te levantás cada día y no sabes con qué desbarajuste económico o político te vas a encontrar?", Y creo justamente que esa es la mejor razón para que cada uno defina sus objetivos, ya que si al desorden general le agregamos nuestra propia cuota de desorden e improvisación, el caos está asegurado y el riesgo de terminar mal aumenta considerablemente.

Volviendo a los ejemplos del pasado vinculados con la navegación, nadie tiraría por la borda de su barco el timón o la brújula si estuviera en medio de una tormenta, y lo mismo pasa con nosotros, cuanto mayor el caos, más nos debemos aferrar a nuestros objetivos, no tozudamente sino como una faro que nos guíe para volver al camino cuando lo peor haya pasado.

Para que los objetivos sirvan mejor a la empresa y a la familia:

- Tratemos de compartir nuestros sueños y objetivos con nuestra familia y empleados y lograr que se sientan involucrados e incluidos en los mismos, eso sirve para que todos se comprometan más con el rumbo de la empresa.

- Poner metas precisas en números, tanto productivos como económicos cuando sea posible, esto ayuda a visualizar mejor lo que se quiere lograr.

- Poner un límite de tiempo para chequear si se concretó o no el proyecto que perseguimos y poder evaluar los avances o desvíos, corregir lo necesario y seguir adelante.

- No esperar que se den las condiciones perfectas para empezar, eso nunca ocurre.

Si estamos realmente convencidos de lo que queremos lograr, definir un punto de partida (la situación actual), una meta (la situación a la que queremos llegar), y empezar con toda nuestra energía puesta en la concreción de nuestro sueño.

- Tomar conciencia de actitudes y hábitos que sabotean la concreción de nuestras metas.

Perder el tiempo, la energía y los recursos con que contamos dispersándonos en actividades menores o dejarnos llevar por el pesimismo, sea nuestro o ajeno a nosotros (impulsado por el pesimismo de terceros), son riesgos que debemos evitar a toda costa.

Tercero. Estar dispuesto a pagar el precio de la concreción de nuestros sueños y objetivos.

Todas las cosas tienen un precio y nuestros sueños no son la excepción.

El precio puede ser en términos económicos, puede ser el sacrificio de postergar otras cosas que nos gusten para dedicar esos recursos al proyecto que nos interesa, puede ser la mayor dedicación de tiempo a nuestro proyecto, y tantas cosas más que conviene tener en cuenta de antemano. Cuanto mayor esfuerzo y tiempo nos tome la concreción de un objetivo, más valor tendrá para nosotros.

Un comentario final. La empresa a nuestro servicio.

En un congreso de productores, propuse definir nuestras metas y ver en qué medida la empresa está en condiciones de cumplirlas y un productor me preguntó si no era al revés y en realidad debíamos ajustar nuestras metas a las posibilidades de la empresa.

La respuesta fue que creo que la empresa es la que de alguna manera debe adaptarse y tratar, por medio de la tecnología, la imaginación y el uso de nuestros recursos, de cumplir con nuestros objetivos.

Obviamente, si nuestros objetivos son demasiado ambiciosos o desmedidos para nuestras posibilidades, el resultado será difícil que se cumpla y deberemos ajustarlos a las verdaderas posibilidades de la empresa, al menos hasta que vayamos modificando su funcionamiento y logrando mayor eficiencia productiva y económica.

Es una especie de situación de mutuo beneficio: yo cuido a la empresa y la empresa me ayuda a cumplir con mis objetivos y necesidades, los abusos o desvíos en uno u otro sentido no van a terminar bien.

Resumiendo entonces, anímense a soñar, incluso en medio de la crisis y aunque parezca ilógico, tener un sueño que nos movilice puede ser el salvavidas anímico que necesitamos para seguir dando batalla a las dificultades que nos pone la vida por delante.

 

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