20 de Julio de 2018
Máx. Min.
Actualidad 02 de Febrero de 2015

Reaccionar ante los cambios

Juan I Peyrou: Parece terminar la década del dinamismo económico de los países emergentes y del mediocre comportamiento de las economías desarrolladas, y su consecuente fortalecimiento de las materias primas y el debilitamiento del dólar.

Actualidad 02 de Febrero de 2015

Reaccionar ante los cambios

Juan I Peyrou: Parece terminar la década del dinamismo económico de los países emergentes y del mediocre comportamiento de las economías desarrolladas, y su consecuente fortalecimiento de las materias primas y el debilitamiento del dólar.

Juan Ignacio Peyrou/TodoElCampo – El mundo procesa por estos tiempos, un cambio de escenario. Parece terminarse una década caracterizada por un fuerte dinamismo de las economías de países de menor desarrollo (llamados “emergentes”),  y un mediocre a pobre comportamiento de las economías de los países desarrollados, y con su consecuencia fortalecimiento de los precios de las materias primas y el debilitamiento del dólar.

Se estaría iniciando otra, donde ese dinamismo de los países “emergentes”, será menor o mucho menor (según el caso), y en los países desarrollados, sólo Estados Unidos da señales claras de recuperación, lenta pero aparentemente sólida. Esta nueva situación trae de la mano un fortalecimiento del dólar, y un debilitamiento en la demanda –y en consecuencia en los precios- de las materias primas. El debilitamiento de los precios tiene entonces, dos fuentes principales: el debilitamiento de la demanda y el fortalecimiento del dólar.

¿Qué significa el fortalecimiento del dólar? Muy esquemáticamente significa que con un dólar se puede comprar más que antes; o visto desde otro punto de vista, los precios de todos los bienes en general, bajarán en dólares, pero no en todas las demás monedas. Incluso –también esquemáticamente- puede suponerse que las relaciones de precios entre los distintos bienes, no cambie.

Podría llegar a darse el caso de esta forma,  que la ecuación económica no se viera afectada, ya que ingresos y egresos se “devaluarían” en la misma forma respecto al dólar. Solamente las deudas nominadas en esa moneda, resultarían más costosas en unidades de producto, que antes. Para quién no las tenga (las deudas en dólares) la situación no debería cambiar, por este efecto de apreciación del dólar.

SITUACIÓN DE LA COMPETITIVIDAD.

El otro aspecto que caracteriza esta nueva situación para el Uruguay, es el problema de la competitividad.

Más allá de que éste es un problema complejo, multicausal, se usan frecuentemente algunos indicadores que resumen o pretenden sintetizar, una medida de este fenómeno. Uno de esos indicadores es el Índice de Tipo de Cambio Real Efectivo, variable que el Banco Central del Uruguay, publica periódica y rigurosamente como indicador de competitividad en su página web.

Es un indicador que relaciona la inflación en dólares de la economía uruguaya respecto a la de sus socios comerciales más relevantes. Cuando el indicador sube, la competitividad aumenta y cuando baja, la competitividad se reduce.

El valor de esa variable para el Uruguay, en diciembre de 2014 (promedios de doce meses), alcanzó su mínimo valor histórico, inferior incluso al registrado en 1982, que había sido hasta el momento, el peor registro de la historia, y que fue seguido de la profunda crisis a fines de ese año. Ya hace tiempo que se dejó atrás el nivel ostentado previo a la crisis del 2002, que había sido hasta ahora el segundo “pico de mínima”.

Es decir, que desde el punto de vista de ese enfoque de la competitividad del país, se enfrenta el peor escenario de la  historia de la que se dispone de información. El sector de bienes transables en Uruguay, atraviesa un período de extrema gravedad, de acuerdo a estas cifras del BCU.

 Hasta el presente, esta situación de deterioro de la capacidad de competencia de la economía uruguaya se vio mitigada, y por momentos y para algunos rubros, revertida, por el comportamiento de los precios de los principales productos de exportación de nuestra economía. No es necesario listar lo que aumentaron en dólares los precios de la soja, la leche, la carne vacuna y ovina, la celulosa, etc.

Ese factor mitigante, permitió que el beneficio de esa mejora de los precios fuera transferido a otros sectores de la sociedad, algunos vinculados a la producción de esos bienes, pero la mayoría desvinculados de ella. Fue así que la economía uruguaya creció muy significativamente, y las ramas más beneficiadas, fueran las comunicaciones, transporte y almacenamiento, comercio restoranes y hoteles, servicios financieros, etc., mientras que el sector de más pobre crecimiento en volumen físico haya sido el sector agropecuario.

Pero todo indica que ese elemento –el fortalecimiento permanente de los precios de los productos de exportación uruguayos- ya no estará más, lamentablemente.

¿QUÉ HACER ENTONCES?

Si el efecto del fortalecimiento del dólar, implica un descenso de todos los precios, habrá que –al menos- procurar que ese proceso se registre en toda la economía. Es decir, que si los precios de los productos bajan, que también bajen los precios de los insumos, servicios, y bienes de capital. Lo que los economistas llaman “internalizar” la deflación.

El caso de los productos de exportación, es de un ajuste automático, porque el ajuste se hace “afuera” de la economía; es un proceso exógeno, y que el país no puede alterar. El exportador de lácteos va a enfrentar una demanda que le dice que ese producto vale la mitad que hace un año, y no tiene por qué pagarle más; lo mismo sucede con el exportador de soja, trigo, etc. Tal vez solo la carne se exceptúe, por ahora de ese fenómeno.

Pero en el caso de los insumos, servicios, etc, el gobierno puede alterar, modificar o incluso revertir esa caída de los precios. ¿Cómo? mediante las barreras comerciales, arancelarias o no, mediante los precios administrados, mediante la política salarial independizándola de la realidad mundial, etc. Es decir, impedir que ese descenso de los precios “entre” al país, al menos parcialmente.

Si no se quiere afectar la competitividad, debe internalizarse al extremo, este fortalecimiento del dólar, que implica una reducción de todos los precios en esa moneda. Cualquier medida “en defensa” de la producción nacional en el mercado interno, hoy significa más que nunca, complicar la situación de los bienes de exportación (que en el país, son esencialmente agropecuarios)

Los bienes comercializables internacionalmente, se solucionaría mediante la permeabilidad de las fronteras. Pero los bienes no transables, los servicios, los impuestos, los bienes de monopolios estatales para que sus precios se reduzcan deben ser objeto de políticas expresas del gobierno

Y es allí donde radica el centro de la preocupación.

Siempre es políticamente complejo llevar adelante este proceso. Pero preocupa que no se perciba de parte de las autoridades vigentes, ni de las electas, ninguna señal al respecto. El caso más elocuente ha sido el del precio de los combustibles. Cuando debió recogerse la caída del precio internacional en su totalidad, se optó por defender las ineficiencias e inconductas de Ancap, las desprolijidades en el manejo de las variable macroeconómicas que registran un déficit fiscal inusitado para coronar un proceso de auge económico como el que se vivió, en lugar de sostener o fortalecer la capacidad de competencia de la economía.

En estos días se han anunciado una serie de ajustes de precios, de tarifas, de salarios, que parecen ignorar la magnitud del problema.

No se trata de reducir el poder de compra de la retribución del trabajo uruguayo, sino que la misma evolucione, como mucho, igual que los demás precios del mundo. Si se sigue independizando el valor del trabajo uruguayo de lo que se paga por ese mismo trabajo en el mundo, vamos a agravar el problema.

 Pero si estos problemas no se resuelven, más tarde o más temprano lo paga toda la sociedad. La historia es elocuente e implacable.

Compartir en: