23 de Julio de 2018
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Actualidad 14 de Diciembre de 2017

No hay nada antinatural en los Organismos Genéticamente Modificados (OGM)

“Crear cultivos transgénicos es un proceso perfectamente natural, porque las técnicas para mover genes entre especies imitan el comportamiento de organismos como las bacterias”.

Actualidad 14 de Diciembre de 2017

No hay nada antinatural en los Organismos Genéticamente Modificados (OGM)

“Crear cultivos transgénicos es un proceso perfectamente natural, porque las técnicas para mover genes entre especies imitan el comportamiento de organismos como las bacterias”.

Cameron English* – Revista Real Clare Science – TodoElCampo – Los activistas anti biotecnología han argumentado durante mucho tiempo que los alimentos genéticamente modificados son “antinaturales”. El proyecto Non-GMO, por ejemplo, afirma que manipular el ADN de los organismos vivos “... crea combinaciones de... genes que no ocurren en la naturaleza...”. Ese miedo a lo antinatural es la base de cada argumento anti-GMO que encontrarás en línea.

Sin embargo, los activistas han enmarcado la discusión de forma incorrecta. Crear cultivos transgénicos es un proceso perfectamente natural, porque las técnicas para mover genes entre especies imitan el comportamiento de organismos como las bacterias.

Ciertas bacterias y virus están siempre en guerra. De hecho, hay virus llamados fagos que infectan a las bacterias y las utilizan para replicarse. Los virus aterrizan en la superficie de las células bacterianas e inyectan su ADN en las células, convirtiendo esencialmente las bacterias en fábricas de virus. Pero las bacterias no están indefensas frente a estos ataques. Utilizan proteínas llamadas enzimas de restricción para cortar el ADN de los virus invasores antes de que puedan infectar las células bacterianas.

Inteligentemente, los fagos desarrollaron un método para evitar ser pirateados: editan su propio ADN para que las bacterias no puedan reconocerlos como invasores.

Werner Arber y varios otros científicos que descubrieron este mecanismo de restricción del virus finalmente fueron galardonados con el Premio Nobel, porque su investigación sentó las bases para la biotecnología moderna.

Partiendo del trabajo de Arber, así como de los experimentos realizados por Paul Berg y Hamilton Smith, los bioquímicos Herbert Boyer y Stanley Cohen demostraron en 1973 que una enzima de restricción recién aislada podría usarse para cortar una cadena de ADN en secuencias de nucleótidos específicas. El par de científicos también descubrió que otra enzima llamada ADN ligasa podría usarse para unir esta cadena de ADN escindida al genoma de otro organismo.

Boyer y Cohen demostraron esta técnica en el laboratorio al tomar los genes de resistencia a los antibióticos de dos cepas de bacterias y transferirlas a una cepa bacteriana que naturalmente carece de resistencia a los antibióticos. Luego expusieron esta cepa de bacterias modificada a ambos tipos de antibióticos y descubrieron que ninguno de los fármacos podía matar a la bacteria.

Esta historia ofrece un fascinante ejemplo de cómo la investigación básica puede conducir a descubrimientos revolucionarios. Pero más allá de eso, hay algunos puntos importantes que extraer de esta lección de historia de la ciencia que se aplican directamente al debate actual en torno a la biotecnología.

La capacidad de cortar y volver a unir ADN es un rasgo evolucionado que las bacterias y otros procariotas usan para combatir las infecciones. Los científicos descubrieron este mecanismo de modificación del genoma y lo pusieron a trabajar para producir nuevos alimentos y medicamentos, no lo crearon artificialmente. Los genes, las enzimas y los organismos que nos permiten recombinar el ADN existen en la naturaleza.

Para ir un paso más allá, este tipo de modificación genética es posible porque todos los organismos vivos comparten el mismo código genético, el ADN. Con algunas excepciones, cada especie replica su ADN y sintetiza proteínas de la misma manera. Esta es la razón por la que, por ejemplo, podemos tomar el gen humano que controla la producción de insulina, agregarlo a una célula bacteriana y obtener la mayor cantidad de hormona que necesitamos para tratar a los diabéticos.

Los defensores de la biotecnología señalan acertadamente que todos los alimentos están genéticamente modificados de alguna manera, incluso la col rizada orgánica de la que los hipsters hablan maravillas. El mecanismo de alteración genética descrito aquí ilustra un hecho similar: los elementos más controvertidos de la biotecnología son el resultado de experimentos básicos sobre algunas de las formas de vida más simples que existen.

Entonces, cuando vea cruzados anti biotecnológicos preocupados por los tomates modificados genéticamente para saborear mejor o los cultivos diseñados para resistir el glifosato, recuerde que los científicos que “crearon” estas plantas transgénicas comenzaron con herramientas genéticas completamente naturales que se han utilizado durante millones de años.

(*) EL AUTOR. Artículo del periodista Cameron English publicado en la revista científica www.realclearscience.com. Cámeron es escritor independiente de ciencia y presentador de podcasts. Sus artículos se pueden leer en la web www.cameronjenglish.net  y sus comentarios en Twitter @CamWritesSoGood).

(Foto de foodsafetybrazil.wordpress.com).

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