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Actualidad 14 de Marzo de 2018

Las enseñanzas de la crisis

Las crisis son momentos de prueba, y si nos lo proponemos, es mucho lo que se puede aprender de estas situaciones, veamos algunas ideas.

Actualidad 14 de Marzo de 2018

Las enseñanzas de la crisis

Las crisis son momentos de prueba, y si nos lo proponemos, es mucho lo que se puede aprender de estas situaciones, veamos algunas ideas.

Ing. Agr. Fernando Ravaglia* – TodoElCampo – Tener que pasar una situación difícil es algo malo, pero mucho peor es pasar por dicha situación y no aprender nada de ella. ¿Por qué?, porque lo más probable es que en el futuro las circunstancias se repitan y volvamos a tropezar con los mismos obstáculos.

Las crisis son momentos de prueba, y si nos lo proponemos, es mucho lo que se puede aprender de estas situaciones, veamos algunas ideas.

NUESTRO SISTEMA DE PRODUCCIÓN, ¿qué tan bien soporta los embates de los bajos precios o de las inclemencias climáticas?, ¿se mantiene con un nivel razonable de rentabilidad o “hace agua” y se hunde irremediablemente?, ¿cuáles son las áreas que se manifiestan más críticas o que tienen menor retorno dentro del esquema productivo? ¿Qué tan alto e inflexible es nuestro costo de producción?, ¿Qué tan rígido es nuestro esquema productivo?, ¿Me preparé guardando reservas de forraje o jugué muy al límite?, ¿Seguiré apostando a la agricultura exclusivamente o buscaré también darle un poco más de estabilidad con un planteo mixto? Tener sistemas de producción planteados para situaciones de precios altos no es justamente la forma de asegurarse una empresa que perdure en el tiempo, y muchas veces comprobamos en la práctica que los planteos llamados “de punta” no siempre mantienen su rentabilidad en momentos de precios bajos. Tal vez descubramos que ese modelo de producción que copiamos de algún otro país sin adaptación previa hoy no puede seguir adelante. En vez de verlo como una amenaza veámoslo como la gran oportunidad de hacer ajustes que permitan hacer más eficiente la empresa.

Son muchas las notas en que los productores manifiestan cómo hicieron recortes y ajustes para seguir manteniendo los niveles de producción o absorber las caídas de precios bajando sus costos, la reflexión que uno se plantea es que entonces, cuando los precios eran más altos y nos daban una cierta “comodidad”, nos permitíamos ineficiencias y desperdicios que también estaban disminuyendo nuestros resultados económicos. La oportunidad que se presenta es que cuando los precios suban nuevamente, si no nos “relajamos” demasiado y mantenemos la presión sobre el control de costos al igual que en la crisis, una buena parte del aumento de precios se transformará en utilidad.

Del mismo modo las inclemencias climáticas ya no son más un accidente sino una variable que habrá que incorporar año a año a cada sistema de producción y las reservas forrajeras algo que habrá que presupuestar no como parte de la cadena de alimentación del ejercicio, sino justamente como una reserva, un excedente que me deberá dar aire para un evento negativo, sea sequía o inundación y que me evitará malvender animales cuando ya no tenga forraje para alimentarlos.

LA CRISIS COMO “ARRANQUE” DE TAREAS POSTERGADAS. Lamentablemente y hablando en términos generales todos somos hijos del rigor, y hasta que no tenemos el agua al cuello no empezamos a hacer las cosas que no nos gustan y que son imprescindibles para el manejo de la empresa. Un tema siempre pospuesto es el del control de gestión, o sea, el registro y análisis de la información económica. La necesidad de tener que manejar con el mayor cuidado los recursos escasos con los que contamos nos estimula a empezar los rudimentos de la presupuestación financiera y la organización de la información económica. Desde este punto de vista llegar a saber cuánto y cómo gastamos por mes para vivir y para producir, o cuánto pagamos de intereses de nuestra deuda, cuándo son los próximos vencimientos y cómo ir cubriéndolos, y cuánto pesan en forma relativa los costos de estructura y administración respecto a los de producción entre otras cosas, puede ser la gran oportunidad de aprender para comenzar a transitar el camino de las certezas y no solo el de las sensaciones que vemos a diario en estos aspectos.

Nuevamente, la clave será no abandonar estos hábitos de registro y análisis cuando la situación mejore, sino por el contrario mejorarlos y profundizarlos.

LAS RELACIONES FAMILIARES. La crisis sin duda pone también a prueba el compromiso de nuestros familiares con el proyecto empresario. Ante las situaciones difíciles podemos encontrarnos con diferentes actitudes y respuestas: preocupación, apoyo, estímulo, generosidad, comprensión, austeridad, espíritu de sacrificio, o indiferencia, egoísmo, individualismo, recriminación, reproche, aislamiento y despilfarro entre otras respuestas posibles.

En el fondo, la crisis no hace otra cosa que mostrar al desnudo los valores sobre los cuales estamos construyendo nuestras familias. Cuando los valores apuntan al afecto, a la templanza del espíritu para superar las dificultades de la vida, la crisis no es más que una gran oportunidad de mostrar que tanto nos hemos preparado para sobrellevar el mal momento, y de hecho, las familias sustentables salen de estas situaciones fortalecidas y dispuestas a enfrentar nuevos desafíos. Por el contrario cuando los valores se apoyan en aspectos meramente vinculados con lo material, como “tener”, “aparentar” u “ostentar”, la crisis sin duda se convierte en amenaza, ya que las restricciones económicas generarán fricciones y conflictos entre los miembros de la familia. Si se toma conciencia de esta última situación, la crisis al menos sirve para encender una luz amarilla que nos permita replantearnos la forma de educar a nuestros hijos o cultivar los afectos familiares y dar un golpe de timón al respecto para buscar un rumbo mejor.

EL ROL GERENCIAL. Sería bueno que tanto durante, como una vez pasada la situación crítica, uno se preguntara a sí mismo: “¿Qué tan bien pude pilotear el barco en esta tormenta?”, ¿Qué cosas se me escaparon de las manos?, ¿Por qué?, ¿Cuáles fueron mis puntos más flojos?, ¿Cómo los compensaré y mejoraré?, ¿Cómo me prepararé para la próxima?, ¿Qué precauciones deberé tomar?, ¿Qué señales pasé por alto que me avisaban del peligro?, ¿Cómo mejoraré mi sistema de información para la próxima vez?, ¿Qué otros indicadores deberé tener para saber cómo manejarme y tomar mejores decisiones?

Aprender a tomar conciencia de las propias fallas y proponerse un plan de mejora personal ya de por sí tiene mucho valor si se opera conjuntamente con un cambio de actitud que nos impulse a perfeccionar nuestro trabajo.

Recuerde, en las crisis lo más evidente son las amenazas, pero las oportunidades también están presentes. El aprendizaje es una de esas oportunidades. No la desperdicie.

(*) El autor, Ing. Fernando Ravaglia es consultor en gerenciamiento y capacitación empresaria para el agro.

(Imagen: Internet).

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