03 de Diciembre de 2020
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Apicultura 20 de Noviembre de 2020

Karl von Frisch y el lenguaje de las abejas

El austríaco Karl von Frisch descubrió la forma en la que las abejas se comunican, y descubrió mucho más de estos fascinantes ejemplares que en su simpleza sorprenden debido a su comportamiento individual y grupal.

Apicultura 20 de Noviembre de 2020

Karl von Frisch y el lenguaje de las abejas

El austríaco Karl von Frisch descubrió la forma en la que las abejas se comunican, y descubrió mucho más de estos fascinantes ejemplares que en su simpleza sorprenden debido a su comportamiento individual y grupal.

Montevideo – TodoElCampo – En el año 1973 tres hombres fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Los tres, sin pretenderlo premeditadamente, habían fundado la Ciencia del Comportamiento Animal, la Etología. O, por lo menos, la habían introducido de lleno en el método científico moderno. El austríaco Konrad Lorenz llegó a convertirse en uno de los pensadores científicos más influyentes del siglo XX, y el neerlandés Nikolaas Tinbergen se hizo célebre por los ingeniosos experimentos con los que estudió el comportamiento de insectos y peces. Pero hubo un "tercer hombre" que siempre fue algo menos "popular" al menos a nivel del gran público aunque en cierto modo fue el maestro de los anteriores.

El austríaco Karl von Frisch descubrió la forma en la que las abejas se comunican, y según el blog Crónicas de Fauna que dedicó uno de sus últimos artículos al asunto, “la vida de las abejas es uno de las obras fundamentales” del referido científico que, dice el autor de la nota, se dedicó a “susurrarle a las abejas”, una figura por demás agradable para los amantes de la apicultura y de tan noble insecto.

El siguiente es resumen del artículo titulado El "tercer hombre". Karl von Frisch y el lenguaje de las abejas que comienza con una reseña biográfica de von Frisch y sigue los pasos de las investigaciones y los fabulosos descubrimientos a los que llegó.

APUNTES SOBRE LA BIOGRAFÍA DE KARL VON FRISCH (1886-1982).

Karl von Frisch nació en Viena en 1886, hijo de un profesor de Cirugía. Siguió los pasos de su padre comenzando los estudios de Medicina pero aquello no era lo suyo y cambió de carrera, estudiando Zoología en Viena y en Múnich. Se doctoró en 1910 en la Universidad de Viena y empezó a trabajar como profesor asistente en el Instituto de Zoología de la Universidad de Múnich.

 

En 1919 obtiene la plaza de profesor y en 1921 inicia un "exilio" por las Universidades de Rostock y Breslau en 1925, regresando ese mismo año a su querido Instituto de Zoología de Múnich donde sucedería definitivamente a su maestro Richard von Hertwig.

En 1941 es apartado de su plaza por los nazis debido a que tenía un abuelo judío, denunciado por un compañero de la Universidad, y tras la guerra ocupó una plaza en la Universidad de Graz (1946) para regresar definitivamente a Múnich en 1950 cuando se terminó de reconstruir el Instituto de Zoología de donde ya no se moverá nunca más.

En 1958 se retira del mundo académico, siendo nombrado Profesor Emérito pero continúa sus investigaciones y finalmente en 1973 es galardonado con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por sus investigaciones sobre el lenguaje de las abejas, que inició en 1919.

Falleció en 1982 en Múnich.

SUS INVESTIGACIONES Y “SUSURROS” CON LAS ABEJAS.

A comienzos del siglo XX no estaba muy aceptada la idea de que los animales tuvieran habilidades cognitivas o que existiera lo que se conoce como inteligencia animal. Parte de la culpa la tenían los espectáculos de animales amaestrados,  que daban la idea de que sólo el entrenamiento por parte del ser humano lograba obtener resultados de un animal. El eminente entomólogo Henri Fabre fue el pionero en los estudios del comportamiento animal en la década de 1850, pero quien aplicó seriamente el método científico en el estudio de la conducta animal fue Frisch que se ocupó del comportamiento de las abejas (observación - hipótesis - experimentación - demostración/refutación). Hasta entonces la Etología se hallaba paralizada entre dos extremos: por un lado, aquellos que creían que todo se reducía a instintos inamovibles, y los que pensaban que todo se debía al aprendizaje.

Von Frisch y sus seguidores (aparte de Lorenz y Tinbergen y los suyos) demostrarían con el tiempo que existe una gama de grises entre estos dos extremos.

EL LENGUAJE DE LAS ABEJAS.

Frisch empezó a trabajar con las abejas en 1914. Por supuesto, trabajó con la abeja melífera occidental (Apis mellifera), más concretamente con la subespecie de Carintia (A. m. carnica). Las abejas melíferas son insectos himenópteros cuyo origen se encuentra en el sureste de Asia, porque de las ocho especies de abejas melíferas que existen en el mundo, siete son de allí (todas del género Apis), y la "nuestra", la occidental, curiosamente se cree tiene su origen el África oriental pero tras su domesticación ha experimentado numerosas variaciones en su genoma fruto de la selección artificial y el cruce con otras especies, y es difícil en realidad seguirle el rastro.

LAS ABEJAS Y LOS COLORES – A von Frisch le interesaba averiguar si las abejas distinguían los colores o no. En sus propias palabras en su conferencia en Estocolmo de 1973: "Hace 60 años muchos biólogos pensaban que las abejas y otros insectos eran ciegos a los colores. Yo no podía creerlo".

Diseñó un famoso experimento en el que situó sobre una mesa diversos papeles de distintos colores y gamas de grises y situó un bol de jarabe azucarado en uno de ellos (de cierto color) para atraer a las abejas. Variando de lugar el bol, tanto lleno como vacío, demostró que las abejas, en efecto, distinguían los colores. Pero este experimento tuvo una inesperada consecuencia. Von Frisch observaba cómo una abeja exploradora encontraba el bol de jarabe y luego volaba hacia la colmena. Poco después, la exploradora regresaba al bol acompañada de más abejas de la colmena. Von Frisch se preguntó entonces si la abeja exploradora habría avisado a las demás de la colmena. Ese fue el punto de comienzo de ulteriores investigaciones.

LA COMUNICACIÓN ENTRE ABEJAS – Von Frisch sospechaba que las abejas compartían algún tipo de sistema de comunicación por el cual las exploradoras informaban a la colmena de que habían encontrado una fuente de comida (néctar en su ambiente natural) y les indicaba dónde estaba. ¿Cómo era este sistema de comunicación y en qué se basaba?

Se ocupó de este problema a partir de 1919. Modificó una colmena cortándola en dos y tapando el hueco con un vidrio de forma que pudiera ver lo que sucedía dentro. Y, con paciencia, marcó a las abejas con colores y números para poder diferenciarlas e identificarlas.

Lo primero que observó fue que las exploradoras, tan pronto llegaban a la colmena (y antes aún de vaciar siquiera sus saquitos de polen) se ponían a "danzar" formando círculos alternativamente en sentido horario y antihorario. Y esa esta danza la que provocaba que otro grupo de abejas fueran tras ella en la siguiente excursión. Un mundo nuevo se acababa de revelar a la atónita mirada del zoólogo austriaco. Esta danza circular, por tanto, parecía decir: "¡Hey chicas!, ¡he encontrado comida, venid conmigo que lo muestro!".

Pero las abejas en su estado natural no se alimentan de boles de sirope, sino que van libando flores divididas normalmente en equipos. Von Frisch repitió el experimento con dos equipos de abejas: uno libaba en flores de tilo, y el otro libaba en flores de robinia. Se dio cuenta que cuando una exploradora de un tilo "avisaba" a la colmena, sólo abejas de "su equipo" de tilos la seguían a la fuente de alimento, y pasaba lo mismo con las abejas del "equipo" de robinias.

Von Frisch dedujo que el aroma de las flores tenía aquí un papel: la abeja exploradora venía impregnada del olor de una determinada flor, y eso ayudaba a las demás abejas a buscar el alimento encontrado en esa flor y no en otra distinta.

LAS ABEJAS Y LOS OLORES – Von Frisch, de una tacada, determinó que las abejas también distinguían los olores y averiguó también qué función tenía la fragancia de las flores: una estrategia para atraer a los polinizadores.

El "lenguaje" de las abejas iba haciéndose más nítido para Frisch: la danza circular avisaba de que se había descubierto una fuente de alimento, y el olor que la flor había transmitido a la abeja servía para "afinar" la búsqueda de ese alimento. Para demostrar esto, realizó experimentos situando diferentes fuentes de alimentos y aromatizándolos con diferentes aceites esenciales. Indefectiblemente, las abejas seguían a la exploradora que se impregnaba del olor correspondiente a la fuente de alimentos que trataba de mostrar.

En 1923 Von Frisch se había dado por satisfecho, pensando que el lenguaje de las abejas ya no tenía secretos para él, y publicó el correspondiente artículo en el Zoologischer Jahrbücher: Über die "Sprache" der Bienen. Eine tierpsychologische Untersuchung, que en español es: Sobre el lenguaje de las abejas. Un examen de psicología animal.

CRASO ERROR. ¿CÓMO SE ORIENTAN LAS ABEJAS?

20 años más tarde von Frisch reanudó sus experimentos y se dio cuenta de que había pasado por alto el aspecto más intrigante del lenguaje de las abejas: ¿cómo se orientaban?. Esto es, ¿cómo encontraban la fuente de alimentos que las abejas exploradoras habían descubierto previamente?

El caso es que von Frisch había situado la colmena a cientos de metros de la fuente de alimentos, en lugar de tenerla al lado de la colmena como hacía antes. Para su asombro, las abejas localizaban la fuente de alimentos a tan gran distancia, tal como hacían antes con la fuente de alimentos situada junto a la colmena. ¿Cómo es que las abejas saben a qué distancia se encuentra el alimento?, se preguntó.

Observó lo siguiente: las abejas exploradoras que encontraban alimento en las cercanías de la colmena avisaban a sus compañeras mediante la consabida danza circular. Pero cuando el alimento se encontraba lejos de la colmena, observó asombrado que la abeja exploradora interpretaba una danza diferente: la danza del abdomen.

Con paciencia, fue variando paso a paso la distancia de situación de la fuente de alimentos, para detectar en qué momento se pasaba de uno al otro tipo de danza. Determinó que esta distancia era aproximadamente de 50 metros. Es decir, que cuando una abeja danzaba circularmente, quería decir: "¡Hey!, he encontrado alimentos, y están a menos de 50 metros de casa". Y cuando la abeja hacía la danza del abdomen quería decir: "¡Hey", he encontrado alimentos, y están a más de 50 metros de casa".

LAS CAPACIDADES DE LAS ABEJAS.

Las abejas son capaz de expresar y comunicar que hay alimento disponible, que se encuentra cerca o lejos de la colmena, que se encuentra en la dirección donde está el sol o en la dirección contraria donde está el sol, que se encuentra a un ángulo determinado con respecto de la recta imaginaria que une la colmena con el sol.

Con estos datos, las abejas encuentran a la perfección la fuente de alimentos indicada, ayudadas además por el olor que lleva la abeja exploradora y que les permite identificar la flor, o macizo de flores, exactas de que se trata. Algo sencillamente maravilloso.

Además, las abejas son sensibles a la luz polarizada procedente del sol y que puede atravesar las nubes, por lo que los días nublados no son problema.

LAS ABEJAS Y LAS ALTURAS – Lo que no saben hacer las abejas es calcular las alturas. El científico encontró fácilmente la explicación: el alimento de las abejas, el polen de las flores, está normalmente situado al nivel del suelo por lo que el cálculo de alturas es un dato que a las abejas no les sirve de nada. Esta deducción tiene una enorme importancia en la fundamentación teórica de la Etología, pues quedaba razonablemente claro que los patrones de comportamiento que se manifiestan en una especie animal tenían valor de supervivencia, esto es, habían sido sometidos a la selección natural.

Artículo original completo: ver aqui

Blog Crónicas de Fauna: ver aqui

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