19 de Julio de 2018
Máx. Min.
Actualidad 12 de Mayo de 2014

Hablando de equidad y de justicia

Juan Peyrou: "El precio internacional de los productos lácteos ha registrado una fuerte caída en las últimas semanas. De valores de la leche en polvo encima de los cinco mil dólares, hoy cotiza algo debajo de los cuatro mil".

Actualidad 12 de Mayo de 2014

Hablando de equidad y de justicia

Juan Peyrou: "El precio internacional de los productos lácteos ha registrado una fuerte caída en las últimas semanas. De valores de la leche en polvo encima de los cinco mil dólares, hoy cotiza algo debajo de los cuatro mil".

Juan Ignacio Peyrou/TodoElCampo – El precio internacional de los productos lácteos ha registrado una fuerte caída en las últimas semanas. De valores de la leche en polvo encima de los cinco mil dólares, hoy cotiza algo debajo de los cuatro mil.

4 mil dólares no es un mal precio si se lo compara con la historia; hace unos años no más, se cotizaba en el entorno de los 1.5 mil (2002-2004). Sin embargo, esta noticia ha generado una profunda preocupación no solo en el sector lechero, sino en todo el pequeño universo de productores de bienes exportables. Pero también debe preocupar al resto de la sociedad.

¿Cuál es el motivo de la preocupación? Básicamente los productores sienten que si bien hace apenas una década eran capaces de producir a niveles de precios cercanos a un tercio y seguir creciendo. En el año 2004, el precio promedio era de 16 cents de dólares y la producción creció 11.5% respecto al año anterior. Hoy con precios del orden de los 45-47 cents, cualquier anuncio de debilitamiento, hace temblar toda la cadena, que crece al 5-6%.

El sector primario de la cadena láctea, fue durante muchos años, el más comeptitivo del mundo; logró crecer sistemáticamente durante cuatro décadas recibiendo los precios más bajos del mundo. Más bajos que en Nueva Zelandia, y con una producción más estable, menos zafral que en esa isla. 

Hoy, cuando se vive la época de mejores precios de la historia, y de mejores condiciones de comercio internacional de la historia, la lechería vive con preocupación.

Pero no solo la lechería; el sector arrocero, otro sector que ha demostrado en las últimas cuatro décadas una competitividad llamativa, y una eficiencia productiva destacada, hoy vive una período de retroceso sostenido.

Y se puede decir lo mismo de los demás sectores de exportación; la carne vacuna reduce su faena por octavo año consecutivo, y caen las exportaciones consecuentemente, ni que hablar de la lana. Solamente la soja parece resistir este marco de políticas.

Ante estos problemas, el presidente de la Cámara Uruguaya de Productores de Leche, Ing. Agr. Horacio Leaniz, comentaba en la prensa que este escenario preocupa por varios motivos y destacaba uno que normalmente, en la discusión nacional de la opinión pública e incluso los especialistas, olvidan o al menos, no le asignan la importancia que tiene. 

Leaniz reportaba que si bien Brasil y Venezuela muestran una demanda dinámica de nuestros productos (agregamos nosotros, y en condiciones preferenciales por el arancel externo del MERCOSUR), el sitio donde el mercado más se ha dinamizado y la demanda se muestra más activa y tiene un panorama más provisorio, es en el Asia, liderada por China. Cuando los productos uruguayos arriban a esos destinos, se encuentran que deben pagar aranceles de ingreso, mientras que los principales competidores, bajo acuerdos de libre comercio, tienen arancel cero o significativa preferencia.

Algo similar manifestaron los exportadores de carne vacuna hace un tiempo cuando se “abrió” (¿?) el mercado coreano. Los competidores estaban exentos de un arancel del 40%, y Uruguay quedó afuera del mercado que paga los precios más altos del mundo, junto a Japón.

Y esto pone de manifiesto la absoluta prescindencia que las dos últimas administraciones del país han hecho de la política de apertura comercial. Desde el Tratado de Libre Comercio con México, Uruguay no ha logrado bajar un solo arancel en todo el mundo, cuando el resto del mundo, o casi todo, ha progresado sistemáticamente en ese sentido. Los TLC proliferan por todo el mundo, los aranceles bajan, el comercio se agilita, y nosotros “con la ñata contra el vidrio”.

Pero Leaniz abordó solamente el tema por el lado de acceso de nuestros productos y fue claro, pero también hay que analizar el problema desde la dificultad que enfrenta el sector productivo de acceder a productos importados en condiciones competitivas.

Pero el más importante aporte que una política de apertura comercial con el mundo, y especialmente con potencias económicas (Unión Europea, Estados Unidos, por ejemplo) tienen el beneficio de disciplinar nuestras políticas. Es muy probable que en acuerdos de ese tipo pierdan sustento las políticas proteccionistas y monopólicas en materia de comestibles, energía, comunicaciones, automotriz, etc que rigen en el país de hace años, y significan una pesada carga para el sector exportador.

Si Uruguay pretende exportar sus productos en mejores condiciones a países desarrollados, es razonable esperar que esos socios comerciales exijan reciprocidad en esos campos. Que puedan competir en igualdad de condiciones con Ancap, Antel, Ute, Alug, en la rama automotriz, etc.

El problema está en el costo político que tienen estos procesos liberadores. Siempre hay perdedores, y en este caso serían aquellos sectores que son objeto de privilegios en relación al resto de la sociedad, que los sostiene con su esfuerzo y sacrificio.

Uruguay avanzó mucho en su apertura comercial en los noventa, y los sectores afectados por ese saludable proceso (que es el que ha permitido el crecimiento de la economía uruguaya en los últimos treinta años), desataron una lucha que hasta hoy persiste contra los gobiernos que la llevaron a cabo.

Ese es el desafío para el gobierno: o se avanza en este proceso y se enfrentan las presiones corporativas, o se opta por el camino fácil de navegar en este océano de buenos precios, deteriorando sistemáticamente la competitividad de la economía. Estas administraciones han optado por el segundo camino.

Todo esto evidencia el grado de prioridad que para estas administraciones ha tenido el tema de la competitividad: ha sido relegada a un segundo o tercer plano.

Y por eso, cuando se insinúan debilidades en los precios, por mínimas que sean, los productores de bienes exportables empiezan a ver un panorama crecientemente sombrío.

(Foto de www.iesweb.org).

Compartir en: