26 de marzo de 2017
Máx. Min.
Juan Ignacio Peyrou 04 de diciembre de 2015

Uruguay país caro

Las medidas para enfrentar esta dificultad son básicamente dos: eliminar todos los monopolios estatales, de modo de llevar la competencia hasta donde sea posible y abrir la economía, integrarla al mundo, para hacerla parte de la economía global.

Juan Peyrou / Montevideo / TodoElCampo- Recientemente nos enteramos por la prensa de la realización de una mesa redonda sobre el tema “Por qué somos tan caros?”, en la Casa del Partido Nacional, con la participación de los Ec. Azucena Arbeleche, y Gabriel Oddone, la Gerente Gral. de la Unión de Exportadores y el dirigente gremial Richard Read.

La prensa desarrolló algo más la exposición de Oddone. Este economista, de extremo talento y honestidad intelectual, estudioso de la historia económica del Uruguay, señaló que Uruguay es caro ahora, pero lo fue siempre. E indicó las posibles causas de esa situación: el  tamaño de la economía, lo que conduce a un bajo nivel de competencia. Y parece lógico: en un país de nuestras dimensiones, y el desarrollo tecnológico global, que determina tamaños óptimos de las empresas cada vez más grandes, hace que pocas empresas grandes “quepan “ en nuestra economía, y nos encontremos frecuentemente con mercados poco o nada competitivos. A ello hay que agregarle la monopolización de áreas importantísimas de la economía en manos del estado.

Las medidas para enfrentar esta dificultad son básicamente de dos tipos: eliminar todos los monopolios estatales, de modo de llevar la competencia hasta donde sea posible y abrir la economía, integrarla al mundo, para hacerla parte de la economía global, mitigando así los problemas de nuestro tamaño.

Nada de eso se hace, sino todo lo contrario. Diariamente presenciamos campañas de “defensa de las empresas públicas” o “de la soberanía nacional” (¡?), para evitar el análisis objetivo y racional de este problema. La ideología para impedir el razonamiento. Y por las mismas causas 

y con los mismos instrumentos, no solo se ha impedido avanzar en el proceso de integración al mundo, sino que lo poco que se había alcanzado, se ha hecho retroceder (véase el Mercosur).

Pero más allá de eso, ¿qué implica “ser caros”? ¿Respecto a qué “somos caros? Y la respuesta es solo una: respecto al mundo; a otros países. Este encarecimiento significa que las retribuciones del trabajo uruguayo, son mayores que lo que lo hacen otros países. No que las retribuciones sean altas en términos absolutos, sino que son altas en relación a su productividad. Todo es caro, pero todos ganamos por encima de lo que nuestro trabajo se paga en el mundo. Una fiesta de suma cero.

Pero ¿quién paga esta fiesta? Mientras hay quienes  teniendo costos altos, venden su producción dentro de “la fiesta”, o sea a precios mayores que en el resto del mundo, hay otros que pagando  el mismo costo interno alto, no tienen los “beneficios” a la hora de vender sus productos; por qué? Porque son exportadores y venden fuera del país; no participan de “la fiesta”; participan sí, pero nada más que para financiarla.

Es decir, que además de dar cumplimiento a la tributación que explícitamente establece el gobierno, el sector exportador, “banca” un impuesto implícito, oculto; un “cuasi tributo”.  Es el que genera las divisas para el país, soportando el “castigo” de hacerlo en un país caro; compite con otros que viven en países más baratos y concurren al mismo mercado internacional.

Y quiénes son estos “paganinis”? obviamente son los exportadores y en el Uruguay los exportadores son en un 80% del sector agropecuario. Ellos son, y han sido siempre, como bien lo señala Oddone, los que corren con los gastos; y los demás con “la fiesta”.

En esos mismos días, oímos al Presidente de la República, decir que si bien en la campaña había prometido no poner nuevos impuestos, había dos excepciones a esa promesa; dos motivos por los cuales no iba a honrar el compromiso: el tabaco (e iba aumentar la carga tributaria sobre los cigarrillos) y eliminar “la injusticia” que implicaba que el sector agropecuario no contribuyera con el Impuesto a Primaria, “como lo hace toda la sociedad”; es decir, combatir una “flagrante inequidad”.

Nos interesa referirnos a la segunda excepción, y recordar el sector agropecuario ha sido y es el que soporta una mayor presión fiscal, antes y después del Impuesto a Primaria. Además este mismo gobierno eliminó la exoneración parcial de la Contribución Inmobiliaria, y antes de finalizar el anterior gobierno, se estableció el Impuesto al Patrimonio, también “por razones de equidad”.

Es muy irritante y doloroso comprobar, que la sociedad uruguaya, no tiene en cuenta estas características de su economía y su funcionamiento; que sigue siendo políticamente muy rentable, aplicar impuestos sobre el sector exportador; que es un asunto de “justicia”. Hay que bajar la presión fiscal sobre la agropecuaria, no por problemas climáticos, sino por estricta justicia, y por sobre todas las cosas, porque es la forma de mejorar la condición económica y social del país.

Durante seis décadas, tuvimos un sector agropecuario estancado como consecuencia de esta concepción, que le arrebató sus beneficios, para redistribuirlos en función de objetivos superiores, pero relegó al sector exportador al estancamiento y con ello a toda la economía, con las consecuencias sociales y políticas que todos conocemos.

Ahora hemos vuelto a esa situación; el sector agropecuario, en el auge de la demanda por sus productos, es el sector de la economía que menos crece. Esperemos que sepamos evitar las consecuencias a que nos llevó en el pasado, esa visión.

Desgraciadamente, no hay muchas opciones para ser optimistas.

Compartir en: