26 de marzo de 2017
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Pedro Bordaberry 29 de setiembre de 2014

Se gobierna razonando

"El día después a la elección, cuando se apaga la música, se bajan los carteles, y se terminan los avisos en la televisión. Cuando se llega al gobierno no hay photoshop que ayude. La educación no se arregla con un jingle".

Buenos Aires-Pedro Bordaberry/TodoElCampo – Faltan menos de treinta días para la elección.

El 26 de octubre, haciendo uso de nuestro derecho al voto, los uruguayos tomaremos una decisión trascendente: elegiremos a los dos candidatos que competirán por la Presidencia de la República y los senadores y diputados que, desde el Parlamento, controlarán al gobierno y construirán las leyes que posibilitarán la mejora que todos queremos.

La pasión que aflora por estas horas, acelerada por la comunicación masiva en televisión, radio y redes sociales, parece ganarle de a ratos a la razón.

Los jingles, los sloganes, las frases ingeniosas que pretender reducir los conceptos a una, dos o tres palabras y que se repiten una y otra vez, invaden nuestras vidas.

Parece que nos trasladamos a ese mundo orwelliano de la novela 1984, donde todo se repite muchas veces en avisos, para así tratar de imponerse por reiteración y no por razón.

Vivimos en el “torbellino de la reducción” dice Milan Kundera en “El arte de la novela”.

Reducimos todo a una frase, un concepto, una “idea fuerza”, como le llaman hoy. Las termitas de la reducción nos carcomen afirma Kundera.

Es más sencillo repetir un slogan, prestarse a los dictados del photoshop o cantar un jingle que trabajar durante un año en el análisis de los problemas del país, hacer un diagnóstico, evaluar caminos y proponerlos.

Vivimos en un tiempo en el que los 40 segundos en el noticiero de la noche valen más que una conferencia de una hora en una Universidad. Esos tiempos solo permiten un concepto, una idea fuerza y no el fundamento que es el cimiento de una propuesta seria y posible.

La llegada de las redes sociales aceleró este proceso de reducción. Las termitas que denuncia Kundera se encuentran a sus anchas reduciendo el análisis a 140 caracteres o a seis segundos en Vine.

Como los fuegos artificiales es un instante de atracción, de asombro, que nos arranca un aplauso ante el fuego de colores que ilumina la oscuridad del cielo y, termina en un estruendo que nos fascina.

El problema es el día después a la elección, cuando se apaga la música, se bajan los carteles, y se terminan los avisos en la televisión.

Porque cuando se llega al gobierno no hay photoshop que ayude. La educación no se arregla con un jingle ni la inseguridad que nos trajo el Frente Amplio con un slogan.

En estos treinta días que faltan para la elección seguiremos insistiendo con las propuestas, con lo profundo. Trabajamos durante un año en un programa serio, cumplible, fundamentado, con el que se podrá coincidir o no, pero que va a lo profundo de las causas para proponer el camino a seguir.

Todos, propios y extraños, han coincidido en que el nuestro, es el programa más serio, mas fundamentado. Algunos incluso, han incorporado a los suyos, propuestas contenidas en el nuestro, llegando quizás a las mismas conclusiones cuando realizaron sus análisis.

Hasta un connotado asesor del oficialismo aceptó públicamente que se trataba de un trabajo serio y profundo, aunque no lo compartiera.

En la reciente gira que realizamos por las 19 capitales del Uruguay señalé las diferencias entre nuestro Partido, el Colorado, con los otros. Para mí, los otros Partidos son o más pasionales o más organizados que el nuestro. Dicho esto con todo respeto y, hasta con admiración.

Nuestros votantes son distintos, menos organizados, menos de exteriorizar sus sentimientos. Ese es parte de nuestro ser. De ahí que durante mucho tiempo se habló de lo que se llama el voto silencioso, ese que se manifiesta con fuerza el día de la elección pero poco en las semanas previas.

Hasta una prestigiosa analista política se quejó esta semana de lo difícil que le resultaba medir nuestra intención de voto por ello.

Es que siempre hemos apostado a convencer con el argumento, conscientes de que la razón no grita, sino que convence.

Por ello rechazamos reducir todo a un slogan o jingle. Porque es con la razón que se gobierna.

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