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Actualidad 30 de Junio de 2014

Primero lo primero

Montevideo. Pedro Bordaberry: "El no empezar por lo primero es, quizás, uno de los problemas que tenemos en el Uruguay: muchas veces empezamos por el final. Primero proponemos y después vemos si se puede hacer".

Actualidad 30 de Junio de 2014

Primero lo primero

Montevideo. Pedro Bordaberry: "El no empezar por lo primero es, quizás, uno de los problemas que tenemos en el Uruguay: muchas veces empezamos por el final. Primero proponemos y después vemos si se puede hacer".

Montevideo-Pedro Bordaberry/TodoElCampo – En 1963 cerca de 400 profesionales del diseño y  la comunicación publicaron en Gran Bretaña un manifiesto que se llamó “Primero lo Primero” (The First Things Manifiesto). En el mismo se atacaba la cultura consumista que sólo se interesaba por comprar y vender cosas y no tenía una dimensión humanista.

El manifiesto se popularizó luego en el dicho “lo primero es lo primero” que no por ser sencillo es falto de profundidad.

El no empezar por lo primero es, quizás, uno de los problemas que tenemos en el Uruguay: muchas veces empezamos por el final. Primero proponemos y después averiguamos si se puede hacer.

Dejamos de lado el proceso natural que se requiere para tener éxito: recopilación de información, análisis, diagnóstico y propuesta para finalmente llegar al resultado.

Tomamos por el atajo de proponer algo y si, por azar del destino, intuición o suerte logramos el resultado, nos envalentonamos y volvemos a hacerlo. 

Eso lleva a correr riesgos, a sufrir desgastes, pérdida de tiempo y muchas veces a tratar de maquillar los resultados que no se lograron por la imprevisión.

Hay muchos ejemplos recientes de esto.

Se propuso y aceptó traer presos de Guantánamo a nuestro país, sujeto a que no puedan abandonar el Uruguay por dos años. Se fundamentó esto en que Uruguay es un país con una larga tradición en materia de asilo y refugio político.

El presidente y el ministro lo anunciaron y después se enteraron que en realidad, para que haya asilo y refugio político, es el propio asilado o refugiado quien lo tiene que pedir y no el país que lo tiene privado de libertad.

No hay problemas, dijeron, el país que lo pide se encargará que los presos “voluntariamente” lo soliciten. Una vuelta de carnero difícil de comprender.

Salvada esa objeción, que debió ser analizada en forma previa, surgió otra. El país que los tiene presos y sin juicio hace trece años exige que no puedan abandonar nuestro territorio por dos años.

Nuevo problema: si alguien pide refugio o asilo puede dejar sin efecto ese pedido cuando quiera, por lo que la exigencia de que permanezcan en el Uruguay por dos años no puede aplicarse.

Los únicos que pueden disponer de limitaciones de este tipo, en el Uruguay, son los jueces y para ello se necesita una ley que los habilite a hacerlo.

Frente a esta nueva objeción el presidente, visiblemente enojado, expresó que si querían se irían cuando quisieran. 

¿Entonces? ¿Dónde quedó su propuesta inicial de que venían como refugiados por pedido del gobierno de otro país y no podrían abandonar el Uruguay por dos años?

Dejemos atrás el análisis de esta nueva desprolijidad presidencial que muestra que primero debieron él y el ministro consultar y analizar antes de proponer y prometer.

Analicemos más ejemplos.

La ley de la marihuana es otro.

“Vamos a liberar la producción de la marihuana y el Estado la va a producir y vender” dijeron en una inefable conferencia de prensa cuatro ministros y el secretario de la Presidencia. La misma se realizaba pocos días después del asesinato de un trabajador por parte de un menor de edad.

La noticia de la liberación de la marihuana distrajo la indignación popular por el homicidio que fue filmado por las cámaras de seguridad e informado en los noticieros.

Una vez más presentaron una propuesta sin analizarla e iniciaron un cantinflesco periplo. 

Ese día anunciaron que el Estado compraría la droga y la distribuiría. Ante la pregunta de si lo compraría a los narcotraficantes se dieron cuenta que estaban en problemas y respondieron que la plantaría el Ejercito, para luego cambiar a que se darían licencias para plantar. 

¡No se habían preguntado quien sería el que produciría la droga!

Por otro lado, fundamentaron la liberación del mercado de la marihuana en que se le sacaba el mismo a los narcos que dejarían de ganar mucho dinero. La pregunta siguiente que se les hizo fue si eso aplicaría a otras drogas como la cocaína o la pasta base.

El razonamiento era sencillo: si la forma de combatir la droga era legalizando la misma, ¿por qué no legalizar también otras?

El candidato Tabaré Vázquez expresó que ese razonamiento era correcto y que debía seguirse ahora con la cocaína. Un legislador departamental de Florida sugirió también ¡seguir con la pasta base!

Cuando se preguntó cómo se asegurarían que se plantara en los hogares sólo para autoconsumo y no para vender, se expresó que se limitaría el número de plantas autorizado por casa. La pregunta evidente fue entonces ¿cómo se asegurarán que no se plante para vender en las casas de aquellos que no consumen?

El mayor dislate fue cuando se preguntó al propio presidente acerca de ¿cómo se controlaría que aquellos que compran en las farmacias lo consuman ellos y no se lo den a menores o lo vendan a terceros? ¡Pediremos que se devuelvan las colillas! fue la respuesta.

La última justificación, anunciada junto a Soros y Rockefeller también desde Estados Unidos (en una rara coincidencia con lo de Guantánamo y la financiación de la campaña contra la Reforma por la Baja de Edad) fue que se trataba de un experimento y si no funcionaba se dejaría sin efecto.

Durante tres o cuatro años le darán al que quiera 40 cigarrillos de marihuana por mes a 20 pesos, autorizarán plantar en las casas o tener clubes de consumo, y después un día dirán: el experimento no funcionó por lo que ¡no les vamos a dar más!

Lo peor es el ambiente festivo que rodeó toda esta desprolijidad.

El compartible objetivo de buscar caminos para que se consuma menos droga terminó, en el trazo grueso de la comunicación, en una defensa del consumo.

Días pasados estuve en el Sindicato Médico del Uruguay y pregunté sobre el tema. Si bien no hay unanimidad, varios médicos manifestaron su preocupación e incluso citaron a la Sociedad de Medicina y Psiquiatría con su análisis contrario a la propuesta del gobierno.

Quizás el presidente tendría que haber empezado preguntándole a los expertos antes de lanzar esa idea.

No dudamos de su buena intención inicial. Pero ese objetivo debió ser precedido de análisis, estudios, opiniones de expertos y parece haberse perdido en la defensa de una idea no estudiada debidamente.

Enceguecido por los flashes de los noticieros internacionales que se interesaron por un experimento que se lleva a cabo con los uruguayos, perdió de vista la visión humanista.

Él, que tanto habla contra la sociedad del consumo, se extravió entre los expertos del comprar y vender. Entre los Soros y los Rockefeller, entre los dicen que abrir el mercado y la competencia, es lo mejor.

Olvidó, que lo primero es lo primero.

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