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Actualidad 29 de Diciembre de 2014

No es lo mismo vencer que ganar

Montevideo. La victoria ética se basa en que el fin no justifica los medios; en transmitir que el esfuerzo es una definición personal, y por tanto, capaz de contagiar a quienes se identifican con personas, principios y valores que hacen a lo humano socialmente comprometido.

Actualidad 29 de Diciembre de 2014

No es lo mismo vencer que ganar

Montevideo. La victoria ética se basa en que el fin no justifica los medios; en transmitir que el esfuerzo es una definición personal, y por tanto, capaz de contagiar a quienes se identifican con personas, principios y valores que hacen a lo humano socialmente comprometido.

Montevideo-Sergio Abreu/TodoElCampo – La victoria ética se basa en que el fin no justifica los medios; en transmitir que el esfuerzo es una definición personal, y por tanto, capaz de contagiar a quienes se identifican con personas, principios y valores que hacen a lo humano socialmente comprometido.

Antes del mensaje de fin de año debo hacer un reconocimiento y agradecer a los 50.000 (¡cincuenta mil!) voluntades que votaron con Dignidad Nacional.

Muchos piensan que no alcanzar la banca en el Senado fue una derrota. Otros creen que nos pasaron una factura por nuestra independencia de criterio al recorrer en soledad el tortuoso camino electoral.

Están equivocados. Mi Padre que con 21 años luchó en la Guerra del Chaco (1932-1936) me enseñó que no es lo mismo vencer que ganar; es más, afirmaba que se puede vencer perdiendo y se puede perder ganando.

Vencer tiene que ver con el esfuerzo y la entrega; es como mirarse al espejo y no avergonzarse de uno mismo por no haber hecho todo lo había que hacer en la contienda.

La victoria ética se basa en que el fin no justifica los medios; en transmitir que el esfuerzo es una definición personal, y por tanto, capaz de contagiar a quienes se identifican con personas, principios y valores que hacen a lo humano socialmente comprometido.

Hicimos una campaña con muy pocos recursos, sin secretario de prensa, sin estructura anterior y contra todo y contra todos. Sin tregua, con un grupo de personas que no querían votar por votar, sino que querían ser representados de acuerdo a sus convicciones.

Todos vencimos, aun cuando, las “reglas de juego” nos limitaron y nos enfrentaron al “ninguneo”, mientras el poder y el dinero insertaron, en muchos casos, una idea “mercenaria” de la militancia partidaria.

Estamos orgullosos del resultado; porque no transamos ni con “procesados” por la Justicia ni con el destructor concepto de que el enemigo está adentro y el adversario afuera.

Sin quejas ni rencores, no somos jueces de nadie; aunque para nosotros una sonrisa, un gesto de confianza y la defensa de valores comunes valen más que los enormes recursos y criterios de reparto de cargos que comercializan el voto de la gente.

Todos saben que somos “cristianos y pecadores prácticos” ; que respetamos todas las creencias y a los que no creen, pero que priorizamos el papel central de la familia en la vida diaria y que la fe que profesamos no es un paracaídas que amortigua los golpes de nuestra humana existencia.

Confucio, el líder religioso asiático resumió las grandes “cinco virtudes” que deben orientar a las personas: Bondad, Justicia, Honradez, Sabiduría y Confianza. Y todas ellas miradas como parte de un sentido de humanidad proyectado hacia los demás.

Soy un deudor de por vida de los que nos acompañaron al “descampado” en todo su sentido.

No queremos que Uruguay se entregue a la intolerancia, a la incultura, a la indiferencia y a la resignación de repetir resignadamente: “es lo que hay”.

Tampoco deseamos que al gobierno le vaya mal porque no es de nuestro partido. Cuando Wilson decía: “al país lo que necesite y al gobierno lo que merezca” nos marcó un rumbo de responsabilidad política tan difícil como constructiva.

Les pido disculpas por la extensión. Pero un mensaje “panfletario” no se ajusta a lo que queremos cuando está de por medio la libertad, la justicia y la gobernabilidad.

El Partido Nacional sigue siendo nuestra trinchera, al margen de todos los legítimos liderazgos que el pueblo consagró con sus votos.

Sin embargo, a tantos dirigentes y a las cincuenta mil voluntades que nos acompañaron no los vamos a dejar en el camino; porque somos deudores morales y las deudas se pagan, sobre todo, las de esta naturaleza.

Gracias una vez más; por lo de ayer y lo de mañana.

Somos vencedores y seguiremos en el surco…

¡Adelante con fe!

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