27 de Junio de 2017
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Lechería 01 de Julio de 2015

Lo peor todavía no llegó. Columna de opinión de Horacio Leániz Carrau.

"Con casi cincuenta años de vivencia y experiencia directa en el ambiente lechero, creo no haber estado nunca tan desorientado como en esta oportunidad."

Lechería 01 de Julio de 2015

Lo peor todavía no llegó. Columna de opinión de Horacio Leániz Carrau.

"Con casi cincuenta años de vivencia y experiencia directa en el ambiente lechero, creo no haber estado nunca tan desorientado como en esta oportunidad."

Montevideo. TodoElCampo/Horacio Leániz Carrau- Muy apreciados amigos:

Es muy difícil articular un comentario constructivo en momentos tan
ingratos; el complejo lechero uruguayo, de la mano de una serie
particularmente alarmante de malas noticias, ha entrado en lo que puedo
imaginar como una espiral de pérdida de nuestros más apreciados valores:
responsabilidad, eficiencia, complementación, seriedad empresarial,
solidaridad, y tantos otros que hemos desarrollado a lo largo de un
siglo de crecimiento y desarrollo.

Conocidos los espantosos resultados del evento 143 de Fonterra cumplido
hoy miércoles 1 de julio (baja de casi 6% general y más de 10% la leche
en polvo entera), y con la enorme exposición que nuestro sector tiene
hacia el mercado de exportación (más del 70% de nuestra producción), no
cabe más que ser muy cautos en los adjetivos a usar en el tránsito de
esta coyuntura.

Con casi cincuenta años de vivencia y experiencia directa en el ambiente
lechero, creo no haber estado nunca tan desorientado como en esta
oportunidad; se han caído todas las precauciones que se toman en todo
emprendimiento humano: los supuestos para presupuestar un proyecto a
corto y a largo plazo se han hecho añicos.

Sin mercados, con costos absolutamente fuera de control, sin certezas en
la forma de "armar" cualquier precio, con industrias que se refugan
para no seguir perdiendo más de lo tolerable, con un Estado desquiciado
en sus tarifas (a su vez desfinanciándose aceleradamente), con un clima
insólitamente agresivo, sin referencias firmes en ningún agente, sólo
cabe encomendarse a la Providencia.

Durante ya varios años, de la mano de las sucesivas informaciones de los
remates de Fonterra, hemos venido comentando periódicamente la marcha de nuestro sector; hemos insistido en tareas nunca resueltas y muchas ni
siquiera encaradas, tales como: cuidar los menguados estándares de
nuestra sanidad animal, mejorar costos internos, lograr acuerdos
comerciales externos abundantes y satisfactorios, mejorar seriamente el
ambiente laboral intra-sector, y algunas más que todos tenemos claro lo
poco que se logró avanzar.

No debería haber muchos astros más para quedar descoordinados, pero somos
conscientes que aún no llegó lo peor; hasta un mes atrás, muchos
estimaban un escenario desfinanciado, con una seca imprevista,
complicado con Venezuela, granos a precios accesibles, y el fin de un
ejercicio fiscal con números bien inferiores a los conocidos en los
últimos tres o cuatro años.

Discusiones casi baladíes entre productores fueron postergando la
definición de un nuevo Fondo financiero; hablábamos de una "coyuntura
menos grave" que otras de recuerdo infeliz. Hoy vemos que el Diablo ha
metido la cola, y entramos en zona de tinieblas.

Hemos tomado conciencia de una pésima condición en la industria, con
conductas empresariales que salen de las pautas conocidas; el clima ha
venido destruyendo nuestros empeños en implantar pasturas y se está
comprometiendo la propia supervivencia de más de un rodeo lechero.

Las familias, los pueblos en la cuenca, los propios gobiernos locales
empiezan a mostrar signos de desesperanza, de agotamiento físico y
mental, de alarma social. No es cuento: las localidades y sus
poblaciones donde están cerrando las plantas lecheras (muy cerca de mi
casa) han comenzado a sufrir efectos desastrosos. Hasta hoy sólo queda
en pie la lechería orientada al mercado doméstico (quesos, dulces
artesanales).

Todo lo referido a la exportación, está sufriendo un cambio muy triste;
sin eufemismos, debemos admitir que, de no mediar un giro radical que no
sé prever, el complejo lácteo uruguayo en pocas semanas puede entrar en
una fase de colapso que seguramente nadie quiere transitar.

La relación de deuda/inventarios a nivel industrial, la relación
insumo/producto a nivel primario, la precariedad de las soluciones
planteadas por el Gobierno, la impotencia manifiesta de financiar las
necesidades básicas mensuales de cualquier tambo y familia, la
precariedad forrajera disponible, la agresividad del clima, están
conduciendo a una sensación de ahogo productivo nunca visto en nuestro
ambiente.

Me siento desorientado y cansado; pero conociendo confesiones de colegas
y previendo situaciones crecientemente complicadas en todos los
eslabones de la cadena, empiezo a considerar y a aconsejar una actitud
no sólo de prudencia y compromiso, sino una conducta de supervivencia
ante un naufragio inminente.

Más de una vez he aplicado la figura del naufragio: digo que la condición
de náufrago, por definición es transitoria; de un náufrago resulta un
sobreviviente o un desaparecido. Poder imaginar un escenario de esta
magnitud, exige a la vez una actitud de respuesta, de acción.

Ignorar o marginar la imaginación de un escenario así, seguramente es
predisponente de conductas displicentes que sólo conducen a resultados
lamentables.

Espero que entre todos los uruguayos podamos evitar este naufragio; no
puedo dejar de tener presente lo que representó la destrucción del
sector lanero/textil en el Uruguay de fines del siglo XX; no quiero
repetir errores y omisiones que a eso condujeron.

Nuestro sector lechero no se merece semejante sensación; en todos está
sacar adelante este momento; el Gobierno debe sincerar y comprometer su
discurso y sus recursos (humanos, políticos, tributarios, comerciales);
los industriales deberán bancar tanta incertidumbre sin desfallecer o
cerrar; los tamberos debemos seguir atendiendo nuestras vacas lo mejor
posible; los sindicatos y gremiales apostar a mantener la serenidad y
buen juicio; quienes creemos en Dios... rezar.

Un abrazo cordial.

Horacio Leániz Carrau
Presidente de la Cámara Uruguaya de Productores de Leche

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