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Actualidad 20 de Junio de 2016

La resistencia al cambio

Guillermo Sicardi: El cambio genera temores en las personas, no solo por el cambio mismo, sino porque las personas no quieren cambiar.

Actualidad 20 de Junio de 2016

La resistencia al cambio

Guillermo Sicardi: El cambio genera temores en las personas, no solo por el cambio mismo, sino porque las personas no quieren cambiar.

Montevideo. Guillermo Sicardi | Semanario Búsqueda | Empresas & Negocios | TodoElCampo- “No hay nada más difícil de hacer, más peligroso de llevar a cabo, o más incierto en cuanto al éxito, que introducir cambios en una organización”.
Tiene razón John Maxwell. El cambio genera temores en las personas, no solo por el cambio mismo, sino porque las personas no quieren cambiar.
Aun cuando estemos viviendo una situación incómoda (un mal relacionamiento con el jefe, con la pareja o con el entorno), es —al menos— una situación conocida. Nos acostumbramos a esa dinámica y nos cuesta salir de ahí. Es más: como “somos lo que repetidamente hacemos”, nuestras conductas van forjando nuestros pensamientos y nuestros pensamientos forjan nuestras creencias y valores dominantes. Al aceptar este set de creencias, las mismas nos limitan y el cambio no sucede.
Tan es así que unos recientes estudios demuestran que las personas somos capaces de alterar la realidad para adaptarla a nuestras creencias. Queremos negar los hechos cuando estos no se ajustan a nuestros paradigmas. Lo hemos visto en casos donde una madre no quiere aceptar que su hijo es drogadicto o ludópata y prefiere vivir en un mundo de fantasía negando esa realidad.
Lo mismo sucede cuando las personas se aferran a una creencia mística y esta se diluye por la evidencia de la ciencia. Es lo que pasó con Galileo Galilei cuando desafió dos creencias milenarias: una sostenida por Aristóteles (considerado el hombre más sabio de la Tierra), que sostenía que cuanto más pesado fuera un objeto, más rápido caería desde una altura determinada. Cuando Galileo subió a la torre de Pisa y arrojó dos objetos, uno de 5 kilos y otro de 500 gramos, ambos tocaron el suelo en forma simultánea. Sin embargo, los “sabios” de la época, aferrados a sus viejas convicciones, siguieron sosteniendo que Aristóteles tenía razón, a pesar de haber presenciado el experimento de Galileo.
Lo mismo le sucedió cuando desafió las creencias dominantes de la Iglesia católica en cuanto a que la Tierra era el centro del universo. Con su telescopio demostró que Copérnico tenía razón y que era la Tierra la que giraba en torno al sol. Sin embargo, al dejar en evidencia las creencias erróneas a las que se aferraban los poderosos y la plebe, fue más fácil enviarlo a un arresto domiciliario cuando le hicieron confesar a la fuerza su supuesto error que terminó con su famosa frase: “Eppur si muove”.
Hoy vemos este comportamiento en quienes defienden lo indefendible: la dictadura de Nicolás Maduro y el chavismo en Venezuela, la asociación para delinquir en que se transformó el kirchnerismo robando millones de dólares a la vista de todo un país, pero muchos quieren seguir creyendo que la doctora (trucha como nuestro vicepresidente) es honesta y que todos los fracasos de los gobiernos socialistas, creando déficit, fundiendo monopolios y aumentando impuestos son por culpa ajena.
Para que el cambio sea aceptado, hay que transmitir una clara imagen del futuro al que se quiere llegar. Si se trata de una empresa, comunicar la visión a futuro, sus ventajas y explicar los motivos que llevan a cambiar. Si se trata de una nación, mirarnos en el espejo de quienes ya hicieron el cambio con éxito y hacia allí navegar.
Pero para desafiar las ideas dominantes hay que navegar contra la corriente. ¿Tenemos líderes políticos, académicos y empresariales dispuestos a hacerlo? Si cree que no los hay, depende de nosotros que los haya.
 

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