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Actualidad 19 de Mayo de 2014

El silencio es salud

Abreu: "El mote de haragán es la forma de reconocer su fracaso, su instinto asesino que no reparaba en personas que terminaban su vida de 'laburantes' en manos de los que desprecian, las libertades burguesas".

Actualidad 19 de Mayo de 2014

El silencio es salud

Abreu: "El mote de haragán es la forma de reconocer su fracaso, su instinto asesino que no reparaba en personas que terminaban su vida de 'laburantes' en manos de los que desprecian, las libertades burguesas".

Montevideo-Sergio Abreu/TodoElCampo – Tengo todavía el sabor amargo de la reiterada frase del Presidente, que elige estar fuera del Uruguay para tratar a sus compatriotas de "atorrantes" y "haraganes".

Flaco favor le hace al país y a su gente con ese desprecio por el esfuerzo ajeno. Imagino a mi padre sobreviviente de una guerra con 22 años, construyendo su futuro desde una pensión montevideana, estudiando fuera de su patria y soñando con trabajar para encaminar a sus hijos con una buena educación preguntándose si esa descalificación lo incluiría.

Lo mismo sucede con los miles de inmigrantes de decenas de países enfrentándose luego de 12 horas de trabajo diario a la calificación de haragán por parte del presidente del Uruguay, sobre todo preguntándose ¿de la va este ñorse?

Su juicio es injusto, agraviante e incierto; sobre todo cuando sale de un guerrillero que quiso imponer su verdad por las armas y que con sus compañeros/as decidieron, robar, asaltar, torturar, secuestrar y matar a todos aquellos que según su criterio eran un obstáculo para su revolución.

Lo peor es que no lo dice desde el humor o de la figura poética. Y si bien ha dejado de lado los anatemas de "oligárquico" e "imperialista" sabe que no alcanzará "la victoria final" y se resigna a aceptar que " el hombre nuevo" sólo se construye día a día desde la libertad y la tolerancia.

El mote de haragán es la forma de reconocer su propio fracaso, su instinto asesino que no reparaba en familia o personas que terminaban su vida de "laburantes" en manos de los que despreciaban, y aún desprecian, las libertades burguesas.

También es una muestra de una creciente decrepitud que por alcanzar un resistente "premio Nobel de Paz" se olvida que su pueblo se dobla el lomo para llegar a fin de mes, antes que la Impositiva le meta la mano en el bolsillo, o los delincuentes de hoy le copen su casa.

Nunca lo hemos escuchado hablar de reconciliación porque sus rencores y sus heridas profundas no han cicatrizado, ni en el, ni en su entorno. Pero mientras siga generalizando calificativos degradantes para el pueblo estará construyendo el desprecio de las laburantes generaciones de hoy y de mañana. Y ese es el peor castigo.

Habría que recordarle la frase popular que ahorra tantos problemas en todos los niveles: “El silencia es salud”.

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