23 de Junio de 2017
Máx. Min.
Agricultura 08 de Marzo de 2017

El arroz en la historia, 70 años de la ACA

En febrero de 1947 se realizó el primer Congreso Arrocero, y se fundó la Asociación de Cultivadores de Arroz, gremial de carácter nacional que desde entonces nuclea a productores y representa sus intereses. Tres años más tarde se creó la Gremial de Molinos Arroceros.

Agricultura 08 de Marzo de 2017

El arroz en la historia, 70 años de la ACA

En febrero de 1947 se realizó el primer Congreso Arrocero, y se fundó la Asociación de Cultivadores de Arroz, gremial de carácter nacional que desde entonces nuclea a productores y representa sus intereses. Tres años más tarde se creó la Gremial de Molinos Arroceros.

Tomás Laguna (*) – Montevideo – TodoElCampo – El pasado 8 de febrero la Asociación Cultivadores de Arroz cumplió 70 años de fecunda labor acompañando el desarrollo de uno de los cultivos más emblemáticos en la agricultura nacional.

El cultivo del arroz tiene una historia que le es muy  propia y lo identifica de forma diferencial respecto del resto de los rubros agrícolas de nuestro país. Sus inicios como actividad productiva comercial datan de 1919 en Bella Unión. Sobre fines de la década del 20 se inició el desarrollo del cultivo en el este, más precisamente en la región de la Laguna Merin. En la década del treinta ya se realizan las primeras exportaciones a la región y en 1940, durante el gobierno “transición” del Gral. Baldomir se sancionó la ley que reguló las condiciones de trabajo y vida del personal de campo en los arrozales.

Aquella ley, la 9.991, estaba en su totalidad dedicada a regular el trabajo y condiciones de vida en las arroceras. Establecía las condiciones mínimas para la vivienda del personal, dándole potestades al Ministerio de Salud Pública para determinar la habitabilidad de las  construcciones, a la vez este ministerio debía establecer los elementos de primeros auxilios obligatorios en cada establecimiento. Más aún, en su artículo 8º establecía que el horario de trabajo debía ser de 8 horas, dividido en dos jornadas de 4 horas con un tiempo intermedio entre ambas no menor a una hora.

Entre otras condiciones determinando las mejores condiciones de vida, disponía en su artículo 15º que en caso de que la población escolar lo requiriere debía construirse una escuela dentro del establecimiento.

El texto legal no dejaba de lado los aspectos remunerativos del personal estableciendo el valor mínimo del jornal. Del mismo modo determinaba las sanciones por incumplimientos y reiteraciones al incumplimiento a la vez de delegar en el Instituto Nacional del Trabajo y Servicios Anexados las potestades de control y sanción.

Como apreciará el lector el mundo de los derechos en el trabajo rural no se inventó en el 2005 sino mucho antes...

En febrero de 1947 se realizó el primer Congreso Arrocero, y en esa oportunidad se fundó la Asociación de Cultivadores de Arroz, gremial de carácter nacional que desde entonces nuclea a productores y representa sus intereses. Tres años más tarde se creó la Gremial de Molinos Arroceros, y los gobiernos batllistas de la época, en la defensa del productor, asumieron su rol en la fijación del valor del grano cosechado teniendo para ello en cuenta los costos de producción. Fue en 1959 que se dejó de lado la intervención del Estado y se constituyó un ámbito de negociación bipartito  entre productores y molinos dónde se consideran costos, precio interno y de exportación como factores para laudar los precios en cada zafra. Mecanismo que perdura hasta la fecha.

Un hito importante en el desarrollo del cultivo fue la creación de la Estación Experimental del Este en 1968, como brazo tecnológico del viejo CIAAB (Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger) dirigido a atender aquella importante región. Uno de los principales protagonistas de esta historia, el Ing. Agr. Carlos Mas, quien sería director de la EEE durante 14 años, recordaba así los tiempos del Proyecto Laguna Merín: “Se utilizaba un campo experimental cedido por la Intendencia de Treinta y Tres, de unas 4 o 5 hectáreas, pero con muy buena infraestructura de riego. La FAO hacía experimentación con todo tipo de especies, y las regaban en las parcelas. Cada experto hacía sus experimentos, probábamos distintas forrajeras, procedentes de todas partes del mundo. El Ruso (Nicolás) Chebataroff investigaba en arroz. Yo me enfocaba en forrajeras, utilizando muchas veces especies subtropicales con riego, que ahora vuelven al tapete, por el manido tema del calentamiento global”.  Y agrega: “Desfilaron más de 50 expertos extranjeros. Hubo algunos realmente destacados, como el holandés Theodorus De Witt en arroz y Robertson en pasturas.  El proyecto era ambicioso, excedía lo puramente agronómico: apuntaba a la regulación y utilización de las aguas, el manejo de toda la cuenca de la Laguna mediante represas. Nosotros visualizábamos que había un potencial enorme, pero no podía hacerse el riego sin contar con el desarrollo de la investigación que fundamentara esas inversiones. El presidente de la Comisión que dirigía el Proyecto Laguna Merín era don Carlos Manini Ríos. Fue el hombre que entendió nuestras inquietudes antes que nadie. Le explicamos que la función nuestra, de los agrónomos, era diferente: lo que significaba la investigación, la importancia de la continuidad, y entonces él nos  alquiló una casa, la antigua casa de don Ledo Arroyo Torres. Nos separó de la oficina central. El trabajo nuestro tenía sus particularidades: llegábamos del campo y no podíamos entrar en una oficina toda pituquita, todos embarrados arrastrando carretillas…” (tomado de “Memorias de la Estación Experimental del Este” INIA).

Desde ese ámbito técnico y campero se van desarrollando las propuestas técnicas para el cultivo del arroz a la vez de los estudios en pasturas necesarios para la rotación. Tal vez el mayor logro fue la creación de la variedad “El Paso” en 1987 como hito principal en el paquete tecnológico que se le ofrecía a la producción y que se expandió a toda la región. A mediados de los 90 ya era la principal variedad sembrada en América Latina superando las 400 mil hectáreas.

Productores e industriales del arroz fueron, a partir de la creación de la Estación Experimental del Este y más adelante la del Norte, precursores de la integración público privada en lo que muchos años después se procuró para el resto de la producción. Así fue que en 1980 se firmó el Convenio de Cooperación Técnico – Económica entre el MGAP (por entonces el CIAAB era una dependencia de aquel ministerio) por el cual se desarrolló y transfirió tecnología para el cultivo con la cooperación económica del propio sector privado. Desde entonces el desarrollo tecnológico del arroz no se detuvo al punto de constituirse en el cultivo de mayor productividad por ha en Uruguay, compitiendo con los mayores del mundo, pero no solo en cantidad sino en calidad del grano producido.

Hombres como el Ing. Agr. Nicolas Chebataroff en lo tecnológico y don Ricardo Ferrés en lo institucional necesariamente deben ser recordados en estas instancias.

Pero no todas son buenas noticias. En tiempo de gobiernos “progresista” impulsores del “país productivo” el cultivo se encuentra más comprometido que nunca en su viabilidad económica. Con costos crecientes en dólares como consecuencias de aquellos insumos no transables y que dependen del costo país (combustible y energía eléctrica principalmente) y con mercados externos condicionados por producciones en muchos casos subsidiadas, este potente rubro de la agricultura nacional es hoy tal vez el más cuestionado en su viabilidad futura. 

El arroz ha marcado su huella propia marcando taipas y sobreponiéndose a los peores desarreglos de los mercados externos. Llegados los 70 años de la ACA cabe preguntarse ¿logrará sobrevivir este complejo agro industrial exportador a los desquicios de la economía populista?

---

(*) EL AUTOR. Tomás Laguna es especialista en agro y columnista del semanario colorado (de orientación batllista) Correo de los Viernes de donde fue tomado este artículo.

Compartir en: