28 de abril de 2017
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Sergio Abreu 18 de noviembre de 2015

Basta de cinismo

Montevideo. Los presos políticos se suman mientras que el fiscal que pidió el procesamiento de López terminó exiliándose y pidiendo perdón por inventar los cargos imputados al líder opositor.

Sergio Abreu-Montevideo/TodoElCampo – Las etiquetas encasillan las ideas. Con ellas se dividen las aguas fácilmente sin brindar una explicación racional.

La clasificación entre derecha e izquierda es la más efectiva. Y es así, que muchos se dicen de izquierda pero no tanto, otros son demócratas pero con limitaciones, y en general, a la derecha se la quiere definir como intérprete de ideas liberales, una enemiga del Estado y de la justicia social.

Pues bien, esto no existe más, salvo los que todavía piensan que Stalin no murió, o los que creen que la democracia y la libertad son respetadas en países con gobiernos que se definen de “izquierda” y no son otra cosa que modernos regímenes fascistas.

El Brasil tiene una gran responsabilidad debido a la paralización de su diplomacia por el “lulopetismo” alineado con el proyecto bolivariano impulsado por Chávez. Para llevarlo en palabras del ex presidente Fernando Henrique Cardoso en su libro “La Miseria de la Política”: la Política Exterior del Brasil muestra como balance una “diplomacia y gobierno sin voluntad clara de poder regional, funcionarios atolondrados y papelones por todos lados”.

A su iniciativa e indiferencia crecieron los entrometidos políticos brasileños como Marco Aurelio García y otros más que intervinieron en cada país donde el modelo bolivariano podía perder aliados. Y a ellos se sumaron varios gobiernos, incluso el nuestro, que no tiene la valentía de enfrentar a los que con resentimiento de “clase” abren los caminos de la intolerancia y la soberbia olvidando que siempre serán los responsables de reacciones de igual signo.

La cercana experiencia en el Paraguay se transformó en una nueva Triple Alianza con aportes tropicales donde el inefable Sr. Maduro intentó presionar a las Fuerzas Armadas de Paraguay para desacatar el resultado de un juicio político al ex presidente Lugo de acuerdo a la Constitución. Esta desembozada injerencia en los asuntos internos del Paraguay terminó con su suspensión como miembro del Mercosur y con la entrada de Venezuela por la ventana del edificio institucional en ruinas de la frustrada integración.

Chávez muere en Cuba, y a su lado, toda la “nomenclatura cubana” y por supuesto, Marco Aurelio García, que trabajaron, armaron y diseñaron la continuidad del chavismo en Venezuela haciendo un chicle de su Constitución para forzar el continuismo de Maduro.

Los resultados están a la vista: los derechos humanos no existen para el adversario, el despilfarro y la corrupción debilitaron la imagen del gobierno chavista que buscó despertar un nacionalismo xenófobo expulsando colombianos de la región de Táchira con el pretexto de combatir el contrabando e imaginarias conspiraciones fronterizas.

El gobierno de Maduro profundiza un estilo fascista orientado a la concentración de poder y a la eliminación de toda competencia electoral. Los presos políticos se suman mientras que el fiscal que pidió el procesamiento de López terminó exiliándose y pidiendo perdón por haber inventado bajo presión los cargos imputados al joven líder opositor.

La Organización de Estados Americanos, Mercosur, Unasur y todos los organismos internacionales con cláusulas democráticas han sido vetados como observadores por el gobierno venezolano y hasta el enviado del Brasil, el Dr. Nelson Jobim fue rechazado.

Maduro interpreta la enfermedad de los “ismos” depredadores: el nacionalismo oportunista, el populismo clientelista, el estructuralismo inflacionario, el estatismo intervencionista, el proteccionismo ineficiente y el autoritarismo anti democrático.

Todos sabemos que estos regímenes terminan en despotismo y pobreza, mientras la corrupción se practica como forma natural de administrar los dineros públicos.

La respuesta de Maduro y el general Diosdado Cabello siempre es el insulto y la descalificación. La vulgaridad es la expresión del poder mientras que la bacanal roussoniana los emborracha con el ordinario caldo del marxismo.

El pueblo debe tener las garantías para pronunciarse, porque la soberanía popular puede equivocarse pero siempre tiene razón. Cuando la verdad la quiere tener uno sólo, el pueblo pierde la libertad y los gobiernos quedan en manos de individuos inferiores, mediocres y corruptos.

El ex ministro Almagro, ahora Secretario General de OEA postulado por el gobierno de Mujica advirtió sobre el avance de un fascismo intolerante. Sus compañeros de partido en el Uruguay tratan de tapar el cielo con un harnero. Siguen siendo los mismos. Para muchos de ellos -demasiados- los Derechos Humanos no amparan a los que quieren la libertad y la posibilidad de expresarse en una elección sin limitaciones, amenazas o resignarse al fraude electoral.

El cinismo y la cobardía han ganado a quienes en nombre de una “ izquierda” maquillada no quieren reconocer que una dictadura siempre se refleja en muertos, perseguidos, presos, libertades conculcadas, medios de prensa clausurados y las armas del Estado prontas a enfrentar a un pueblo indefenso que quiere vivir en libertad.

No da para más. No se trata de intervenir pero sí de que todos los gobiernos democráticos de la región hagan sentir su voz antes de que sea tarde. El gobierno de Vázquez y el Frente Amplio no pueden ni deben disimular su doble discurso.

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