26 de Junio de 2017
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Actualidad 05 de Julio de 2016

"A Dios rogando y con el mazo dando"

La inversión extranjera es vista como una necesidad para lograr un desarrollo sostenido de la economía, pero en muchas ocasiones las restricciones internas parecen querer decir todo lo contrario y terminan desalentando la inversión que se dice promover.

Actualidad 05 de Julio de 2016

"A Dios rogando y con el mazo dando"

La inversión extranjera es vista como una necesidad para lograr un desarrollo sostenido de la economía, pero en muchas ocasiones las restricciones internas parecen querer decir todo lo contrario y terminan desalentando la inversión que se dice promover.

Horacio Jaume - Montevideo / TodoElCampo- No hace tanto tiempo el Poder Legislativo de Uruguay “estiraba” una sesión para poder votar el ingreso de Venezuela al Mercosur. El presidente de dicho país, Hugo Chávez, se paseaba en su avión por toda América y era capaz de remontar vuelo sólo para almorzar un asado en la chacra del entonces presidente José Mujica. El petróleo valía y las posibilidades eran muchas; si Chávez era desprolijo, el problema era suyo. El peligro era contagiarse.

Uruguay exportó mucho a Venezuela, sabiendo que pagaba por encima de los valores internacionales. Pero, ¿cómo no tentarse si Chávez era amigo de Uruguay y avalaba la compra?

El tiempo pasó, hoy Venezuela paga tributo a esa actitud y Uruguay no logró desprenderse de esas desprolijidades. El problema es que se involucró al actual presidente de la República, Tabaré Vázquez, que por más que tuviese buenas intenciones, terminó por ser engañado y aseguró cosas de las cuales tuvo que retractarse.

El petróleo bajó, Chávez murió, pero Venezuela necesitaba que los países que le vendían estuvieran tranquilos de que iba a honrar sus deudas; esas fueron las palabras de Vázquez. De esta manera, la industria avícola, quesera y agricultora lograrían recibir un pago por sus exportaciones.

Por otro lado, la ausencia de inversión preocupa en el país y todos desean que las industrias permanezcan y que se concreten otras tantas. Sin embargo, hay suficientes pruebas y testimonios de que muchas de estas no son bien tratadas.

Una de ellas, según pudimos averiguar a través de fuentes muy bien informadas, es Granja Tres Arroyos, procesadora y exportadora de pollos.

Esta empresa de capitales argentinos ha sumado un problema tras otro desde su instalación en el país, pero más recientemente las complicaciones se profundizaron al punto de impedirles el cumplimiento de metas trazadas, en un  semestre que consideran “perdido”.

De las partidas de dinero que llegaron de Venezuela para abonar las deudas por productos exportados en el negocio de canje por la deuda de petróleo armado por el gobierno, Tres Arroyos no cobró ni un peso, como sí lo hicieron las industrias que vendieron quesos y lácteos. Y no solo eso sino que además fueron invitados a formar parte de una comisión para continuar colocando productos en la nación caribeña. No parece ni muy serio ni muy tentador seguir dando crédito a un cliente que ya demostró que paga muy mal, o que directamente no paga.

Más allá de Venezuela, que puede considerarse un factor coyuntural sobre un negocio puntual, la empresa aspira a continuar desarrollándose en el terreno de la exportación hacia otros mercados y mejorando la eficiencia de su planta. Sin embargo, tampoco en este terreno las cosas le han resultado fáciles, aunque mantienen ahora un relativo optimismo basado en un mejor relacionamiento y una mayor atención a sus problemas de parte del ministro Tabaré Aguerre.

EL IVA ES DESEQUILIBRANTE

La industria avícola instalada se siente discriminada por la forma en que se les aplica el Impuesto al Valor Agregado (IVA), al tener una forma de cálculo diferente al que se aplica para el resto de las carnes. Para el pollo se aplica un ficto por kilogramo comercializado elaborado en base a una supuesta paramétrica que las avícolas no conocen. Y no la conocen, según dicen, porque nadie ni en DGI ni en Economía les da una explicación razonable, o directamente ni siquiera son recibidos. Recientemente ese ficto fue aumentado de $ 6,92 a $ 7,05 por unidad, y nadie les ha explicado ni porqué, ni en base a qué. En el mejor de los casos, dicen que reciben respuestas “absurdas”.

EL SINDICATO Y LAS HABILITACIONES

En el caso puntual de Tres Arroyos, hoy las relaciones con el sindicato de trabajadores están en un ´período de mayor calma. Pero supieron vivir extremos como el incendio intencional  de la planta por parte de integrantes del gremio, que pudieron ser identificados en el momento preciso en que perpetraban el atentado. Los obreros, con una antorcha,  encendieron el fuego en el depósito de envases y envoltorios.  Terminaron presos y el “cabecilla” finalmente despedido. A partir de ahí se estableció un relacionamiento normal, pero la empresa ya no pudo volver a trabajar a su plena capacidad.

Otra de las trabas que particularmente Tres Arroyos viene padeciendo desde hace meses, sin una explicación lógica aparente, es la relativa a las gestiones de habilitación de la planta para exportar “restos” del proceso industrial hacia Argentina. Estos subproductos, para cuya industrialización requieren de equipamientos disponibles en la vecina orilla y no en Uruguay, tendrían como destino final el mercado de alimento de mascotas. La habilitación Argentina ya esta concedida, pero para la uruguaya, han comenzado hace seis meses con un periplo interminable de trámites, que hasta ahora tienen el peor final: En el MGAP perdieron todo el expediente, y deben comenzar todos los trámites nuevamente.

Y me quedo pensando…queremos más inversión, pero no debería extrañar a nadie si un día los inversores de Tres Arroyos, o de muchas otras empresas de capitales nacionales o extranjeros, levantan campamento y se mandan mudar.

(Foto: archivo)

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