29 de abril de 2017
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Javier García 09 de agosto de 2016

¡Es cultura, animal!

El revuelo de estos días al conocerse la iniciativa de la diputada Gelman (foto), que ratificó todo el FA, de quitar la posibilidad de exoneraciones tributarias a las empresas que donen a universidades privadas, revela un pensamiento contrario a la cultura y por ello a la liberta

Javier García-Montevideo/TodoElCampo – El sinónimo de libertad es educación. Cuanto más conocimiento, más libres, como individuos y como pueblo. Por eso los autoritarios persiguen la educación.

El revuelo de estos días al conocerse la iniciativa de la diputada Gelman (foto), que ratificó todo el Frente Amplio, de quitar la posibilidad de exoneraciones tributarias a las empresas que donen a universidades privadas, revela un pensamiento contrario a la cultura y por ello a la libertad.

Es incluso más profundo, es la confirmación de una ideología para la cual es legítima una sola educación, la que se controla desde el poder del Estado y en la cual la libertad de cátedra siempre tiene el límite de no burlar el pensamiento oficial.

Los grupos que impulsaron esto, que son los que mandan en el FA, tienen antecedentes muy coherentes en la materia. Torpedean toda iniciativa de la sociedad civil que demuestre eficacia en áreas donde el Estado no la tiene y la gente la reclama a gritos. No importa que las iniciativas de personas u organizaciones le hagan bien a la sociedad, si están fuera del control estatal son sospechosas. No se sabe de qué, pero el oficialismo ideológico las persigue.

Una ley frenteamplista obligó a que las adopciones de niños solo puedan hacerse a través del INAU, en insólito monopolio, dejando de lado la larguísima experiencia de organizaciones como el Movimiento Familiar Cristiano que con enorme eficacia y cariño posibilitaron que muchos niños sin hogar encontraran uno. Solo recibían elogios pero no eran “estatales”, y eso en esta ideología es pecado.

Como lo es que una organización como Teletón sea quien rehabilite a miles de niños que sufren discapacidades y no encontraban quién los ayudara con tanta dedicación, con equidad y sobre todo sin depender del bolsillo de sus familias. Fue así que el año pasado el diputado Sánchez del MPP dijo que la Teletón construye una imagen “muy perversa”, por la sencilla razón que depende de la solidaridad social y es una institución privada. No se puede decir que a pesar de lo reaccionario de ese pensamiento, no sean coherentes. Les preocupa la pureza de la ideología, no que los gurises tengan oportunidades. Es mejor para estos soldados ideológicos que el Estado se encargue de ellos aunque nunca llegue esa ayuda. Es mejor nada, pero eso sí estatal.

Y por si fuera poco, el líder de esta medianía intelectual, principal achatador de oportunidades y maestro de la igualdad hacia abajo, Mujica, confesó siendo presidente que le “tiene miedo a los bachilleres” y que el país estaba “infestado” de profesionales. Es mejor estar incontaminado de eso tan peligroso que es la cultura y la educación. Solo así puede perpetuarse el poder de aquellos que no resisten un pueblo que crece.

Por eso el título de esta nota que recuerda la obra de Alberto Restuccia. La propuesta de impedir las exoneraciones fiscales es hija de una ideología mediocre que es incapaz de mejorar la educación pública y desagota su rabia así. La persecución ideológica a las privadas no va a mejorar la pública. Lo mismo contra la Teletón aunque no tengan alternativas y los niños más pobres no puedan rehabilitarse; y años con padres sin hijos e hijos sin padres pero monopolio estatal para adoptar. Mañana será el Jubilar o la Fundación Peluffo-Giguens, no importa porque al final lo que les pesa es la igualdad de oportunidades y la cultura, ¡que animalada!

(Foto de El Espectador).

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