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Actualidad 18 de Marzo de 2016

El que calla, otorga

Columna de opinión de Juan Ignacio Peyrou publicada en el suplemento Campo del Semanario Búsqueda.

Actualidad 18 de Marzo de 2016

El que calla, otorga

Columna de opinión de Juan Ignacio Peyrou publicada en el suplemento Campo del Semanario Búsqueda.

Montevideo. Semanario Búsqueda / Juan Ignacio Peyrou / TodoelCampo- El sector agropecuario enfrenta un escenario muy complejo y lo enfrenta en dos flancos: por un lado, los mercados han mostrado transformaciones difíciles de abordar, con apreciación del dólar y su consecuente caída de los precios en esa moneda de todos los productos de exportación, debilidad de la demanda con el enlentecimiento en las tasas de crecimiento de los países emergentes principales compradores de nuestras materias primas, cambio en las condiciones de financiamiento a raíz de la política monetaria norteamericana, y para completar, en algunos mercados se registran aumentos de la oferta como ha pasado con los granos, y tal vez con los lácteos.

Pero este problema lo enfrentan todos los competidores del mundo, de prácticamente todas las materias primas, de todos los continentes. El otro flanco es el que diferencia la situación de nuestro sector agroexportador de lo que sucede con sus competidores, y el caso de las políticas públicas que rigen para la economía y en especial para el sector en cuestión.

Porque en Uruguay se vive una situación de crisis de dirección en políticas agropecuarias desde hace tiempo. Se han recorrido ya once años, en que el MGAP ha sido conducido por figuras de gran peso político y otras carentes en absoluto del mismo, pero en todos los casos ha sido igual: una dirección sin ninguna gravitación en el gobierno y en su equipo económico, y una gestión hacia “adentro” del sector caracterizada por una permanente tendencia hacia la burocratización improductiva de la actividad y a la ineficiencia de su gestión.

Hoy describiremos algunos aspectos de esa gestión vinculados al gobierno en general y la actitud del Ministerio, y en el futuro se ampliará el análisis en la esfera específicamente agropecuaria.

En el primer caso, el de la gravitación en el seno del gobierno y en el equipo económico, el MGAP ha acompañado en sistemático silencio todos los lineamientos de política que agravian la actividad exportadora, y que terminan afectando su rentabilidad relativa, direccionando la inversión hacia sectores de baja o nula competitividad y postergando la agropecuaria.

Es así que una política salarial absolutamente desvinculada de la productividad, un aumento de la burocracia pública que se tradujo en un aumento de la presión tributaria, un “encerramiento” de la economía, descartando cualquier iniciativa integradora de nuestro país a la economía mundial, mantenimiento, e incluso profundización de los monopolios estatales de energía y combustibles, aumento del déficit fiscal en épocas de bonanza de precios, lo que algún economista ha definido como “acelerar en la bajada”, etc. Todas estas medidas, y otras, que son verdaderos lastres para el exportador, fueron acompañadas en forma explícita por el MGAP, o bien fueron apoyadas mediante un obsecuente silencio. El resultado no podía ser otro: si la cartera que trata los problemas del sector exportador baja la cabeza y asiente, seguimos adelante con nuestro programa de “beneficios”.

En materia salarial, no se ha conocido ningún aviso de alerta procedente de esta cartera, ante las consecuencias que una política salarial como la diseñada por el gobierno tiene sobre la competitividad. Por el contrario, se respaldaba, y los representantes del MGAP en algunos grupos de los Consejos de Salarios, que los había, fueron entusiastas defensores de la profundización de ese lineamiento. Hoy el costo de un salario en términos de producto agropecuario es entre dos veces y media y tres veces más caro.

En materia tributaria se apoyaron todos los avances, en especial los “desvíos” hacia impuestos sobre la tierra, que se sabían de efectos regresivos sobre la economía, y se acompañaron igual. Hubo un caso, el del ICIR, que en forma excepcional no contó con el apoyo del MGAP, e incluso se hizo conocer públicamente su opinión contraria; fue la única vez, pero terminó con el envío del proyecto de ley (luego declarado inconstitucional) firmado, entre otros, por el ministro del ramo, que continúa en su cargo hasta nuestros días.

En materia de inserción internacional, nunca se conoció un lineamiento, una propuesta, una insinuación por parte de esta Secretaría, que alentara avances. Y cuando desde el Poder Ejecutivo, como sucedió a partir de marzo pasado, se anuncia un cambio de política tendiente a promover el establecimiento de acuerdos de libre comercio con varios países o regiones, el Ministerio, a través de su director de Asuntos Internacionales y en estas mismas páginas, salió rápida y decididamente a decir que ese no era el camino del MGAP, y que la vía sería acuerdos de trueques con países como Venezuela, Kazajistán, Georgia, Azerbaiyán y otros, etc. La mejor iniciativa del gobierno en los últimos diez años fue “enfrentada” con una decisión y fortaleza dignas de mejor causa.

La infraestructura vial y portuaria que enfrenta la producción agropecuaria ha ido erosionándose, perdiendo capacidad de servicio, encareciendo la actividad, y “alejando” las distancias. Ante este escenario —incomprensible si se tiene en cuenta el dinamismo de la economía en el período reciente, el crecimiento de los ingresos y el gasto público y la inversión—, no se oyó la voz del Ministerio alertando tan siquiera del efecto perverso que esta situación tiene sobre el sector, pero también sobre el país. Como en otros aspectos, el silencio fue su respuesta.

Esta lista de aceptaciones tácitas puede agrandarse si se incorpora el silencio ante el inexplicable crecimiento del déficit fiscal, el crecimiento del gasto público, el aumento de funcionarios estatales, los salarios de las empresas públicas monopólicas, que también son ejemplos de la ausencia de protagonismo y de docilidad política.

Toda esta situación, que gravitó negativamente en el desarrollo agropecuario en épocas de bonanza de precios, cuando el viento cambia de sentido y se produce un viraje de 180 grados, se transforma en un peso demasiado grande. De ahí que hayan empezado las protestas que en forma espontánea y sin la participación de las instituciones gremiales empiezan a gestarse en el ámbito rural.

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