21 de Agosto de 2018
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Actualidad 10 de Junio de 2015

El desaliento de las señales

Montevideo. Los productos agropecuarios, constituyen prácticamente la única forma que se puede vender el trabajo uruguayo en el mercado internacional, por lo que este escenario es una amenaza muy fuerte.

Actualidad 10 de Junio de 2015

El desaliento de las señales

Montevideo. Los productos agropecuarios, constituyen prácticamente la única forma que se puede vender el trabajo uruguayo en el mercado internacional, por lo que este escenario es una amenaza muy fuerte.

Montevideo-Juan Ignacio Peyrou/TodoElCampo – La realidad actual en materia de mercados de productos agropecuarios y de los precios, se ha visto agravada en estos días, por la confirmación de la continuación de la caída de los precios de los lácteos, la publicación del índice de precios de los alimentos de FAO, y versiones que anticipan que las proyecciones para la próxima década de los organismos internacionales, que anualmente se actualizan, y que están cerca de publicarse, pronosticarían una situación muy difícil para los exportadores de alimentos en el mundo, más allá de la coyuntura.

Los productos agropecuarios, constituyen prácticamente la única forma que se puede vender el trabajo uruguayo en el mercado internacional, por lo que este escenario es una amenaza muy fuerte. Esta situación grave merece que se la afronte con una sociedad en la que el debate sea civilizado y profundo, amplio y tolerante.

El cambio de gobierno de marzo, parece favorecer las condiciones para ese debate. Ojalá se pueda concretar, porque las declaraciones de las principales autoridades en materia de economía y de la planificación, parecen mostrar una comprensión muy escasa de la gravedad de la situación, y es necesario confrontar visiones para adoptar los mejores caminos para enfrentar esta difícil encrucijada.

Las declaraciones del Ministro de Economía, Cr. Danilo Astori y del Director de la OPP, Ec. Álvaro García, muestran inconsistencias y titubeos que preocupan.

EL DÉFICIT FISCAL

El Ministro Astori, luego de reconocer que el déficit fiscal existe y es grave, marca un cambio sustancial respecto a la situación previa a marzo, que se caracterizó por negar el problema o restarle importancia. Pero propone llegar a 2019, con un déficit de 2.5%. Parece un programa realmente poco ambicioso para enfrentar este momento; un plan que no valora correctamente la situación que estamos atravesando y que muy probablemente –desgraciadamente- se agrave en el futuro.

Pero lo más preocupante de la propuesta del ministro, es que esa escasa “corrección” del déficit, la piensa lograr con los aportes de las empresas públicas al fisco. Visto de otra manera, lo que planea economía, es aumentar la presión fiscal, sobre el sector privado, generando o ampliando impuestos implícitos en las tarifas (1). Esta estrategia desnuda una falta de comprensión para identificar el mayor problema que enfrenta la economía uruguaya: la ausencia de competitividad. Pretender resolver la situación aumentando la presión fiscal sobre las empresas, es desconocer el problema, y por tanto asegurar su agravamiento.

Si las mejoras en los resultados de las EEPP, se realizaran en competencia, sería una hipótesis aceptable en principio, pero en régimen de monopolio es absolutamente rechazable.

LA COMPETITIVIDAD

Casi todos los ministros de economía, han negado problemas de competitividad, aun en los extremos de todos los indicadores, y éste no es la excepción. El Director de la OPP Ec. Álvaro García, en línea con lo que declarara el ex ministro de economía y actual Presidente del BCU, Ec. Mario Bergara, han salido a negar que existan problemas en la competitividad. Sorprende por muchas causas, pero tal vez la más llamativa, es que esa afirmación coincide con la creación del Sistema Nacional de Competitividad, que creara este gobierno y que anunciara el propio García.

Los factores que determinan la competitividad son múltiples. La bibliografía destaca una serie que se pueden agrupar en dos categorías: las que dependen de las empresas (capacitación de gestión, calidad de los recursos humanos, innovación, financiamiento, etc.), y las sistémicas que constituyen externalidades para la empresa y, por tanto, la posibilidad de intervenir individualmente sobre ellos es escasa o casi que ninguna.

En los factores que dependen de la empresa, el papel del gobierno es indirecto y en algunos casos, su participación es nula e incluso, inconveniente.

Los factores sistémicos, según destaca la bibliografía, son externos a la empresa y son entre otros: el tipo de cambio, la política tributaria, la calidad de la infraestructura, la política salarial, la participación del estado en la economía, la apertura de la economía, la calidad del capital humano, la calidad de los mercados, la protección de la propiedad, la calidad institucional, etc.

Si se analiza punto a punto, es muy difícil entender las posiciones asumidas por los mencionados jerarcas.

EL TIPO DE CAMBIO, aparece encabezando casi todas las listas que enumeran los factores de competitividad, y en el Uruguay asistimos al momento más crítico de la historia económica en este aspecto. En febrero de este año, publicamos en TodoElCampo, una gráfica que mostraba que la situación del Tipo de Cambio Efectivo Real (TCR), de BCU, se ubicaba en los mismos niveles de 1982 (crisis de la tablita en el gobierno militar) y muy por debajo de los niveles de 2002 (crisis bancaria). Las cifras actuales, muestran un empeoramiento de esta situación. García dice que el gobierno no tiene responsabilidad sobre el problema, porque el dólar está libre. No es aceptable que un ministro de economía haga esa afirmación. El déficit fiscal, solamente, ya explica bastante de ese problema.

Cuando un gobierno tiene un déficit fiscal, puede financiarlo a través de dos caminos: a) toma deuda en dólares, cambia los dólares por pesos para atender sus compromisos y por lo tanto aumenta la oferta de dólares en el mercado deprimiendo su cotización; b) toma deuda en moneda nacional, y para ello emite bonos,  a una tasa de interés que resulte atractiva, lo que induce al mercado a vender los dólares para adquirir pesos; de esta forma se fortalece el peso y se debilita el dólar, acentuando la caída del TCR.

El déficit fiscal es responsable de una gran parte del problema, aunque no la única. Si repasamos la elemental lista de factores sistémicos de competitividad, queda en evidencia la responsabilidad del gobierno en el problema.

LA POLÍTICA FISCAL es determinante, porque un aumento en la presión fiscal, como la que ha registrado la economía uruguaya en los últimos años, si no se corresponde con un aumento en la calidad de bienes y servicios que brinda el estado, es un poderoso lastre en la competitividad de las empresas. Hoy es una realidad ampliamente reconocida.

LA INFRAESTRUCTURA, que debería ser la contrapartida de ese aumento de la presión fiscal, hoy en día también es reconocida por el propio gobierno como uno de los déficits mayores. A confesión de parte, relevo de pruebas.

La política salarial que se ha implementado estos años, se caracteriza por la absoluta desvinculación de la productividad de la mano de obra, y se hizo dependiente fundamentalmente del peso relativo de las corporaciones y de la participación del estado en la fijación de salarios. Este cuadro ha generado un aumento de costos de la mano de obra que no guarda ninguna relación con la productividad, atentando directamente sobre la competitividad del país.

LA PARTICIPACIÓN DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA no solo ha consolidado cotos monopólicos históricos y de efecto perverso sobre la competitividad, sino que ha ido y pretende seguir, aumentando la presencia del estado en la economía y en los mercados. Los monopolios estatales,  se han convertido en bandera de casi todo el arco político del país. No es bien visto cuestionar el monopolio de los combustibles, la energía, las comunicaciones, etc. Nadie propone desmonopolizar; todos a lo sumo, proponen regular el monopolio.

En este capítulo hay que mencionar la regulación innecesaria, certificados, registros, autorizaciones previas, autorizaciones, etc, área en la cual se ha destacado con creces el MGAP, que ha transformado la actividad productiva en un calvario de estaciones burocráticas irritantes.

LA APERTURA DE LA ECONOMÍA, significa que las empresas se aprovisionen de sus insumos y bienes de capital, a precios internacionales, no alterados por aranceles a la importación, y además sus productos puedan ser vendidos sin tener que pagar gravámenes de acceso a los mercados finales. Desde hace 13 años, el país no ha logrado bajar un solo arancel. Es más grave, no lo ha logrado ni lo ha intentado. La apertura de la economía ha sido un objetivo explícitamente descartado. Han retornado las vetustas estrategias de sustitución de importaciones a ganar protagonismo. Se ha retrocedido muchas décadas en este aspecto. Hoy, con las posturas del nuevo gobierno, se abrigan algunas esperanzas; cabe también recordar que a confesión de parte, relevo de pruebas. El gobierno ha definido como imperioso avanzar en acuerdos de libre comercio. Bienvenido, pero eso llevará algún tiempo. El daño hoy está hecho y lastima a las empresas.

LA CALIDAD DEL CAPITAL HUMANO. Este es el punto donde existe mayor coincidencia de los déficits de los sucesivos gobiernos: la educación. No ocuparemos este ya extenso artículo en reiterar cosas probadas y admitidas por todos. Simplemente haremos énfasis en el deterioro de la “ética del trabajo”, hoy también reconocida implícitamente por las nuevas autoridades, y que es consecuencia de muchos factores, entre los que se encuentra un conjunto de “beneficios sociales” que se han aprobado en estos años, y que han conducido a una pérdida de responsabilidad del trabajador con su trabajo. Incluso hay un notorio desinterés del trabajador por el resultado. La retribución del esfuerzo es independiente de la calidad del producto obtenido. Eso se ha desarrollado desde el poder. Ese deterioro es el más difícil de corregir.

La lista podría seguir, pero para lo que se quiere destacar, ya es suficiente.

El problema es el siguiente: el gobierno parece pretender que la competitividad sea buscada en el ámbito de las empresas, que arriesguen, innoven, capaciten, se financien, inventen, etc, mientras el gobierno gasta “a piacere”. No parece un juego muy aceptable ni atractivo para la inversión. El gobierno no solo no admite responsabilidad sino que parecería querer continuar en la línea que nos trajo a esta situación.

Señalar que no existen problemas de competitividad o que el gobierno no tiene responsabilidad sobre lo que está pasando, no solo es equivocado, sino es una dolorosa señal que los problemas continuarán existiendo y el daño va a recaer sobre toda la economía, en especial sobre aquellos sectores que se dice, se pretende priorizar su situación: los más vulnerables.

Nota: (1) También se puede pensar que el plan incluye una mejora en la eficiencia de esas empresas; no hay lugar para muchas expectativas, dada su situación legal y su trayectoria de ineficiencia, incompetencia, y en muchos casos irresponsabilidad en su conducción, que no son patrimonio de los últimos gobiernos, sino que está en su propio ADN.

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