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Actualidad 20 de Mayo de 2014

El circo y los resultados

Juan Peyrou: "No abrirse también conduce al fracaso, al atraso, a la menor riqueza y al menor bienestar. Y lo que está haciendo el país, es eso: quedarse paralizado mientras otros avanzan a pasos agigantados. "

Actualidad 20 de Mayo de 2014

El circo y los resultados

Juan Peyrou: "No abrirse también conduce al fracaso, al atraso, a la menor riqueza y al menor bienestar. Y lo que está haciendo el país, es eso: quedarse paralizado mientras otros avanzan a pasos agigantados. "

JuanPayrou/TodoElCampo- La semana pasada, en función del comportamiento de los precios de los lácteos, hicimos referencia a las dificultades que los exportadores de carne y leche enfrentan cuando van a ingresar a los mercados más dinámicos en la actualidad.

Horacio Leániz, presidente de la Cámara Uruguaya de Productores de Leche, analizaba el comportamiento del mercado internacional de lácteos, buscando mitigar la incertidumbre planteada en estos días. Y señalaba que si bien Brasil y Venezuela, siguen siendo “buenos clientes”, el centro dinámico de la demanda mundial de lácteos estaba en Asia. Y destacaba que allí es donde Uruguay se encuentra en clara desventaja con sus principales competidores, como Australia, Nueva Zelanda, EEUU, Canadá, etc.

Es desventaja deriva de las condiciones de acceso privilegiado con que cuentan estos países, a gran parte de ese mercado asiático tan dinámico. Esas condiciones de privilegio, son consecuencia de diversos tratados de libre comercios (TLC), que esos países han ido desarrollando con los integrantes de esa zona del mundo.

Uruguay, no tiene ningún acuerdo de ese tipo que le otorgue preferencias arancelarias de acceso que eliminen o al menos mitiguen esa desventaja que deja afuera del negocio a la producción uruguaya de lácteos.

Meses atrás, cuando el MGAP, alcanzó el éxito de obtener el “acceso sanitario” al mercado de Corea, el país sintió que daba un paso diferenciador en el negocio ganadero. 

Corea, junto con Japón, son los mercados que pagan los mayores precios por la carne vacuna, y Uruguay tenía vedado el ingreso a esos dos mercados, por razones sanitarias derivadas de la crisis de aftosa del 2000-01. Pero, obtenida la autorización sanitaria, los exportadores se encontraron que la carne uruguaya debía pagar un arancel del 40%, mientras que los principales competidores no, fruto de los mencionados TLC’s que han venido firmando como parte de una política comercial dinámica y agresiva.

Uruguay hace 12 años que no consigue bajar un arancel; ni de ingreso a mercado de destino, ni a nuestro mercado. 

Sosteníamos entonces, que esto era una evidencia más de la escasa importancia que se le asigna a la competitividad en estas dos administraciones últimas de gobierno.

Esta semana el Presidente de la República, se reunió con el Presidente de los Estados Unidos, allá en Washington. Si bien no era la primera vez que sucedía un hecho así, este tenía características peculiares dada la trayectoria de quienes ostentan la condición de presidentes.

Se hizo una cobertura extraordinaria de cada evento que rodeó esa reunión. El Presidente uruguayo logró –según parece- una inusitada notoriedad y repercusión. Se habló de los presos de Guantánamo, de la marihuana, de levantar algunas restricciones sanitarias a la carne ovina y a los citrus, del intercambio de estudiantes, de la pobreza del presidente uruguayo, de la modestia de su modo de vida, etc etc. Seguramente es un aspecto útil para el país, lo pone en pantalla, puede significar una atracción de la atención para oportunidades futuras.

Pero de comercio, prácticamente nada. Nada relevante. Nada que cambie el futuro, las perspectivas de la economía uruguaya. El Presidente en una de esas conferencias, dijo “no se trata de hacer TLC a troche y moche”. Si bien no es una expresión de mucha precisión, imaginamos a qué refiere. El gobierno del Uruguay, así como el anterior, no está dispuesto a hacer acuerdo de libre comercio. No está en el menú de opciones. 

Pudo pensarse que este escaso espacio para avances económicos y comerciales, en que se desarrolló la visita, fuera consecuencia de la decisión tomada hace más de siete años, por el anterior gobierno, cuando “dejó pasar el tren”, a sabiendas, de un TLC nada menos que con EEUU. Pero no; este gobierno tampoco tiene por objetivo mejorar la inserción externa del país. El gobierno no se plantea avanzar un ápice en la apertura comercial. Lo dijo explícitamente nuestro presidente. 

Si lo que hacen Australia y Nueva Zelanda, o Estados Unidos y Canadá, o Chile, Singapur, es hacer TLC a “troche y moche”, pues, al renunciar a ese camino, definitivamente estamos en una vía muerta.

Imaginamos a los negociadores uruguayos en esta instancia como un nadador olímpico en una bañera, mientras los competidores nadan a mar abierto. El TIFA es un triste premio consuelo, que tiene escaso margen en relación a lo que obtienen quienes tienen la audacia de ir por más.

No hay teorías económicas que no reconozcan el beneficio del comercio. Si en algún momento se dudó, la evidencia es laudatoria, y todas las economías que se cierran, son el ejemplo del desastre; Argentina y Venezuela, son los ejemplos más cercanos. Pero no abrirse también conduce al fracaso, al atraso, a la menor riqueza y al menor bienestar. Y lo que está haciendo el país, es eso: quedarse paralizado mientras otros avanzan a pasos agigantados.

La apertura comercial significa la posibilidad de mayores precios para nuestros productos y menores precios en la interna. Y probablemente que un acuerdo con países desarrollados y de economías importantes, exigirían como contrapartida, su acceso a áreas de la economía uruguaya que continúan cerradas a la competencia como durante casi todo el siglo pasado. La energía, los combustibles, las comunicaciones, etc. Se verían obligadas a competir, con la consecuente reducción de los precios que siempre trae la competencia.

Por eso es que Uruguay no avanza en la apertura. Es el temor a la reacción de esos sectores que se verán indefectiblemente afectados por la pérdida de su situación de privilegio, que no entregarán sus privilegios de buena gana. Y a ese conflicto es que se le teme, y muy especialmente en años electorales.

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