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Actualidad 13 de Octubre de 2015

Devaluación vs inflación: falso dilema

Es imperativo eliminar lo más rápido que se pueda todas, absolutamente todas las regulaciones que no tengan un retorno, un agregado de valor evidente y demostrable

Actualidad 13 de Octubre de 2015

Devaluación vs inflación: falso dilema

Es imperativo eliminar lo más rápido que se pueda todas, absolutamente todas las regulaciones que no tengan un retorno, un agregado de valor evidente y demostrable

Montevideo-Juan Ignacio Peyrou/TodoElCampo – El comportamiento del dólar aquí, en el mundo y especialmente en la región, ha puesto sobre el tapete una discusión sobre los caminos a tomar para encarar el problema, que evidenció –entendemos- un gran desconcierto en general. En resumidas cuentas, el dólar en Uruguay registra un sorprendente incremento, si se lo compara con lo que ha sido su desempeño en los últimos diez años, pero que ha sido bastante menor de lo que sucede con la mayoría de los socios y competidores más relevantes del país.

El fortalecimiento de la moneda estadounidense, significa que –a nivel global- los todos precios son menores que en el pasado; el mundo entero muestra una deflación, y Uruguay no solo debe recorrer ese camino, sino que deber registrar de las mayores deflaciones en dólares en relación al mundo para poder recupera total o parcialmente la competitividad perdida en los últimos años. Uruguay debe abaratarse en dólares más que todos sus socios y competidores.

La discusión parece centrarse en si se debe priorizar la inflación o la devaluación. Por un lado el gobierno, y el Banco Central, pretenden “pilotear” los movimientos del dólar sin afectar la inflación, y por otro lado, desde muchos sectores y observadores se propone “resignar” el objetivo de la inflación, a favor de una devaluación que compense, aunque sea parcialmente la debacle competitiva en que ha sido sumergida nuestra economía en la última década.

Se equivocan todos, quienes piden resignar el objetivo de la inflación a favor de la devaluación, y se equivocan el BCU y el gobierno. Se está perdiendo de vista que esta es una carrera contra nuestros competidores. Y en ese sentido lo relevante es la “inflación en dólares” y ésta debe ser menor que la que los competidores muestran. Durante diez años hemos asistido a un desbocado encarecimiento en dólares, es decir, hemos tenido una inflación en dólares mayor que el resto del mundo.

¿Qué es la inflación en dólares? Es el cociente entre la devaluación y la inflación. Cuanto mayor sea ese cociente seremos menos caros en dólares. La devaluación va a favor, y la inflación en contra. Si aumenta la inflación, aumenta denominador y perdemos las eventuales ganancias derivadas de la devaluación. Entonces no se puede “resignar el objetivo de la inflación”. Yo diría más, hay que reforzarlo.

En primer lugar, para ello se debe internalizar la baja de precios del mundo, dentro de la economía uruguaya. Hacer permeables las fronteras. Si bien pretender que se bajen aranceles rápidamente puede parecer un poco ambicioso, para un país parsimonioso como el nuestro, por lo menos hacer funcionar a pleno acuerdos comerciales vigentes. El papelón de todo el despliegue que se está haciendo con respecto al ingreso de mercaderías desde Brasil, con quien supuestamente tenemos arancel cero, es una muestra del no cumplimiento de las obligaciones, de nuestros gobiernos. Que el país se ponga en pie de guerra por el comercio con un socio, es extremadamente ridículo. Debería investigarse seriamente, qué está impidiendo que los precios de Uruguay y Brasil no sean iguales, como corresponde a una zona de libre comercio. Para eso se hacen este tipo de acuerdos, para que no haya diferencia de precios entre los países firmantes. ¿Por qué no se cumple en este caso? Ese es el problema.

Pero además, en algunos rubros relevantes, la baja de precios es cuestión de decisión política y ejecución y efectos inmediatos. Tal es el caso de los combustibles: permitir la importación libre de combustibles refinados por parte de privados, es decir, terminar con el monopolio de Amcap, es factible, y de resultados inmediatos. Baja los costos de producción, obliga a “eficientizarse” a la empresa pública y afecta marcadamente la inflación y el IGPC.

Es imperativo eliminar lo más rápido que se pueda todas, absolutamente todas las regulaciones que no tengan un retorno, un agregado de valor evidente y demostrable (la política azucarera, la automotriz, el manejo impresentable de los permisos sanitarios, etc)

En segundo lugar, el BCU se equivoca y feo. Sale a vender dólares, con el argumento de defender la moneda, su mandato original. Esa estrategia perjudica la competitividad, porque eso afecta el numerador del cociente, la devaluación, e impide la mejora. La inflación tiene sus causas y allí hay que buscar la solución. La inflación es un problema esencialmente monetario, y como tal debe ser atacado. Este fenómeno es consecuencia del aumento del gasto público, que se ha desbocado en la última década, y de un manejo expansivo de la base monetaria.

Allí está el problema y allí hay que encontrar la solución, por eso también lo preocupante es que el gobierno presente un proyecto de ley presupuestal que supone una aumento del gasto público del 3.2% anual en términos reales! En una economía que muestra un crecimiento cada vez más débil.

Que ajustar el gasto es difícil? Nadie lo niega. Es fácil gobernar con el viento de cola; con el viento de frente todo es más difícil. La principal dificultad es la política, pero no se han visto ni conocido iniciativas que permitan acumular mayorías políticas para caminar en esta dirección. Por el contrario, se ha optado por “aflojar el cuerpo” ante las presiones corporativas, en detrimento de los más débiles, y lo que es más grave, en detrimento del futuro del país, sabiendo que es un camino insostenible.

El agro, principal sector exportador, muestra un problema específico, dado que la cartera que regula la política del sector, no muestra ninguna capacidad de incidir en las decisiones relevantes para el sector. Por el contrario, ha aceptado pasiva o activamente, un conjunto de medidas, tributarias, cambiarias, regulatorias, de la política comercial, de la política salarial, de políticas de inversiones, o propuesto expresamente regulaciones y trabas al funcionamiento de las empresas, sin agregar valor a ningún proceso, que dan como resultado un relegamiento, una discriminación del sector agropecuario, afectando gravemente su competitividad.

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