14 de Diciembre de 2018
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Actualidad 30 de Junio de 2014

Desde el andén

J. Peyrou: Para Uruguay "esta situación implica la amenaza de la devaluación del peso argentino, que hará mucho más competitiva la producción de ese país. Y eso va a pegar en el desempeño de nuestra economía".

Actualidad 30 de Junio de 2014

Desde el andén

J. Peyrou: Para Uruguay "esta situación implica la amenaza de la devaluación del peso argentino, que hará mucho más competitiva la producción de ese país. Y eso va a pegar en el desempeño de nuestra economía".

Montevideo-Juan Peyrou/TodoElCampo – Son días muy difíciles para la Argentina. Tiene muchos problemas, pero sin duda el más inquietante es el de la deuda, con el contencioso con los holdouts, o los llamados “fondos buitres”. Más allá de cualquier disquisición, lo que queda en evidencia es que la sociedad argentina, vive –desde hace mucho tiempo- muy por encima de sus posibilidades desde hace muchos años. Vive con ingresos que no provienen en su totalidad del fruto de su trabajo. Y eso a la larga se paga.

Todo este entrevero, vuelve a la luz el hecho que en los canjes de  2005 y 2010, Argentina se quedó con el 67 % de lo que debía. Pidió cien y pagó un tercio, el resto, quedó en Argentina, y se pensaba que ese 8 % que no canjeó, nunca más se iba a pagar.

Es decir, Argentina vivió la década más gloriosa en términos del entorno económico que rodeó a los países en desarrollo y en especial a los productores de alimentos, pero además se “comió” casi toda la plata que debía, y hoy está al borde del precipicio.

Lo dicho: no se puede vivir por encima de las posibilidades eternamente. Tal vez, esta factura, la pague un gobierno que nada tuvo que ver, pero sí la sociedad argentina. Es bueno que todos los países sepan leer esta situación y saquen los apuntes correspondientes. Si bien ningún país en América Latina (excepto Venezuela) ha ido tan lejos en ese error, muchos han caído en él (incluso el nuestro), y los riesgos siempre están.

Esto traerá sin duda mucho dolor; ese sinceramiento que debe hacer el país hermano, implica perder calidad de vida, y eso generalmente es más doloroso para los más pobres.

A Uruguay esta situación implica la amenaza de la devaluación -casi inevitable- del peso argentino, que hará mucho más competitiva la producción de ese país, y seguramente desviará una parte importante del consumo hacia ese país. Y eso va a pegar en el desempeño de nuestra economía.

EFECTOS DIRECTOS SOBRE LA AGROPECUARIA.

En el sector agropecuario, los efectos serán indirectos. Argentina no es relevante como destinatario de nuestras exportaciones agropecuarias, y como competidor en otros mercados, si bien es un potente productor de los mismos productos que exporta Uruguay, y ahora sería más competitivo, esa es la realidad estructural del país, con la que ha vivido toda su historia. Pero además, la producción argentina, en muchos rubros, (excepto la soja), tiene escaso volumen para exportar. En el caso de la carne, por ejemplo, es el último exportador del Mercosur.

Pero esta situación compleja en el barrio, parece no ser representativa de lo que pasa en el mundo. Las últimas noticias respecto al desempeño de la economía mundial, sin ser muy brillantes, muestra a los países desarrollados, en especial UE y EEUU, saliendo trabajosa y lentamente de la crisis, pero saliendo al fin. Siempre existen dudas y posibilidades de reversión, pero en general se considera que –a tasas bajas- seguirán creciendo en los próximos años. Estados Unidos ya no a tan bajas tasas, ya que para este año, el FMI, estima un crecimiento del 2.8% y para 2015 un 3%.

China ha visto moderar su tasa de crecimiento, ya que el 7.7% que mostró en 2013, sería de 7.5 y 7.3% en los dos años subsiguientes. Pero no se puede hablar de situación crítica. Por otra parte, es razonable esperar, que el restablecimiento de las economías desarrolladas, tengan también un efecto benéfico sobre las economías en desarrollo, en tanto demandarán seguramente más importaciones de esos orígenes, con el efecto dinamizador subsiguiente. China puede ver mejorada la demanda por sus productos de exportación y de allí se beneficiarían los proveedores de China, entre los que se encuentra el país.

La situación de los mercados agropecuarios, es consecuencia de ese escenario. Hoy los precios parecen debilitarse, fundamentalmente en lo que refiere a los lácteos y la agricultura. No son precios ruinosos; es más, hace pocos años, estos precios eran soñados. Lo cierto es que para nuestra economía, de costos inflacionados, no le sirve cualquier precio. Esto llevará, está llevando, a una reducción de la producción. 

Uruguay ha perdido su capital en información estadística -ante el silencio de todo el mundo y la inacción de las autoridades-, y por ello no sabemos cuánto se plantó de soja, maíz y otros cultivos de verano, como tampoco sabemos cuál era la intención de siembra de cultivos de invierno, ni sabremos cuál será la siembra efectiva de esos rubros.

Lo concreto es que habrá menos soja que la cosecha anterior, y lo mismo sucederá con los cultivos de invierno amenazados por el clima y la mencionada ecuación económica que se espera entre precios y costos.

La lechería, ha demostrado una gran “resiliencia”, concepto que gustan de usar actualmente, superando las etapas de precios increíblemente bajos, respondiendo con cambio tecnológico, aumento de producción y sacrificio. Tal vez pueda responder de esa manera ante esta situación adversa.

Por ahora, la única que muestra un sostenimiento en niveles extraordinariamente altos de precio, es la carne vacuna. Y cuál es el problema? Que no tenemos producción para aprovechar esta circunstancia. La faena es la menor en 11 años y los volúmenes disponibles para exportar siguen la misma tendencia.

Mirando hacia Argentina, y mirando nuestro país, uno se pregunta, qué se ha hecho para –en el marco de una coyuntura tan favorable como la de esta década- tener un país más competitivo, que nos garantice el éxito aun en escenarios menos favorables, y nos permita sostener el avance en los progresos que sin duda ha registrado la población.

Todo parece indicar que las condiciones para desarrollar la producción que disponemos en la actualidad, no son alentadoras: crisis de infraestructura, salarios altos en relación a la producción, atraso cambiario, congelación de los procesos de apertura comercial, regulaciones ociosas y arbitrarias, controles y registros inoperantes, ambiente de políticas económicas y sectoriales inamistoso y cambiante, corporativización de las relaciones laborales al extremo, etc.

Nuevamente constatamos que miramos desde el andén, cómo pasan los trenes de las oportunidades y optamos por no subir y aprovecharlos a pleno.

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